19 de marzo de 2015

Volviendo a casa... ¿de la Navidad?

Ha llegado la hora de marchar.
Desayunamos con el primer turno a las 7:30 a.m. A las 8 nos recogen en la puerta del hotel con el equipaje ya cargado en el minibus de Santa Claus y nos acercan al aeropuerto de Rovaniemi donde comenzaremos el viaje de regreso.


Un tímido sol nos despide mientras los renos corren por la nieve.


Con el bus de Santa Claus a las puertas de la terminal.


Tras pasar los controles de seguridad y realizar el check-in, tenemos tiempo para ver unos dibujos animados en la tele.


No tardamos en meternos en el avión.
El primer viaje es corto.


Con mami.


Con Mami (II).


Despegamos despidiéndonos de los lagos helados.


¿Unas patatitas?


Al precio que cuestan, como si las acabasen de traer de la luna.


Haciendo tiempo antes de llegar a Helsinki.


Antes de las 11 a.m. estamos en la capital finesa con mucho tiempo por delante.


Nos desplazamos directamente hacia la habitación infantil donde plantaremos el campo base.


De paseo por la terminal.


Decoración infantil.


La verdad es que el lugar nos arregla un montón la jornada, ya que no hay que preocuparse de estar en medio del aeropuerto con los críos.
Allí ellos se divierten y nosotros podemos relajarnos un poco.


Laberintos.


Coches.


Caballos.


Dibujos.


Los peques aprovechan para esconderse en el baño a preparar una sorpresa.


¡Feliz día del padre!


¿Qué será?


Una cajita llena de besitos y abrazos para papá.
¡Me encanta!


Las horas pasan y el aburrimiento empieza a notarse.


Las maletas aguardan su turno.


Finalmente, pasadas las 17:30h nos metemos en el segundo avión que nos llevará a casa en unas horas.


Sobrevolando las zonas heladas de las proximidades de Helsinki.


Papi, ¿qué hace un doctor a tu lado?- me decía Iván con su inocencia.


Las horas pasan y el sol se despide de nosotros al sobrevolar los Alpes.


Pronto llegaremos a destino.
Abróchate el cinturón.


Barcelona desde las alturas.


Por fin descendemos del avión y nos paseamos por la terminal del Prat.
Sólo nos queda coger algo para cenar de camino a casa y recoger el coche que nos aguarda en el parking del aeropuerto.


Llegaremos tarde a casa, con los peques dormidos y con ganas de descansar.
Menos mal que nos quedan unos días de vacaciones para recuperarnos de las vacaciones.

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Querría tener un recuerdo para las víctimas del desastre aéreo que ha sacudido el mundo el pasado día 24.03.15 en el cual han perdido la vida 150 personas y que viendo las imágenes que acabo de publicar todavía me encoge más el alma y el corazón pensando que pocos días antes éramos nosotros los que estábamos en el aire. Es estremecedor pensar hasta dónde puede llegar la barbarie que puede generar el ser humano.
Nuestro más sincero pésame.
D.E.P.

18 de marzo de 2015

Rompehielos Sampo: crucero por el Báltico

El barco rompehielos Sampo es un navío construido en 1960 en Helsinki y atracado en la actualidad en el puerto de Ajos, cerca de la localidad de Kemi al suroeste de Rovaniemi, en las aguas (hielos) del Mar Báltico. Construido para resistir las extremas condiciones árticas, prestó servicio en la parte norte del Golfo de Bothnia durante casi treinta años abriendo rutas para los navíos mercantes hasta que quedó obsoleto por sus medidas inferiores a los barcos modernos. Desde 1987, cuando el pueblo de Kemi se hizo con la propiedad del barco; éste ha sido preparado para realizar cruceros turísticos siendo el único barco de estas características que ofrece este servicio en el mundo entero.
El primer crucero turístico se hizo de 14.4.1988 y desde entonces unas 10000 personas de más de 50 países distintos surcan los hielos del Golfo de Bothnia cada año.



Salimos de Rovaniemi pasadas las 9 a.m. dirección a la población costera de Kemi siguiendo la E75. Un par de horas de conducción tranquila nos acercan al lugar de reunión.



Una vez en Kemi, no es difícil encontrar el camino correcto hacia el puerto de Ajos y el Sampo.


Hoy ha amanecido un día cubierto por la niebla y no vemos el barco hasta que llegamos al mismo puerto.


Dejamos el coche aparcado en el parking y damos los últimos bocados antes de embarcar.


Tenemos tiempo pero no es cuestión de demorarse, que hay mucho por ver.


La proa del rompehielos desde el muelle.


Cuidado hasta donde te acercas que los hielos son frágiles... o no.


Cruzando la pasarela para embarcar.
Allí nos recibe la tripulación que, una vez comprobada la reserva, nos indica quien será nuestra guía a bordo: María, una española que trabaja desde hace años en Finlandia.


Los primeros minutos nos sirven para situarnos dentro del barco y empezar a conocer sus estancias.


En el interior: un bar/restaurante, una tienda con recuerdos y un montón de estancias para acomodarse.


Réplicas del Sampo.


Animales árticos.


Con los animales.


En el exterior: el frío mar helado.
El Báltico, dada su baja salinidad se hiela mucho antes que otros mares, a -0.2ºC.


La niebla se confunde con el hielo dando el aspecto de estar penetrando en la nada.



Las chicas con el mar de hielo a sus espaldas.


A popa todavía vemos las estructuras del muelle.


Mástiles y traveseros.


Parece que hayan borrado el mundo más allá de la tierra firme.



Estaremos un buen rato antes de zarpar descubriendo las diferentes secciones de cubierta.



Bandera finlandesa.


A punto para la travesía.


La puerta de acceso al puente de mando está cerrada a causa de las condiciones meteorológicas que aconsejan prudencia a la hora de navegar.


Ascender y descender por la empinadas escaleras de todo el barco suponen un extra de atención para niños y embarazadas.


Ancla.


Maroma.


Eslabones.


Puente de mando visto desde proa.


Bote salvavidas.
¿Hay capacidad para las 150 personas que puede llevar el Sampo? Supongo que sí, pero en el mar helado, casi que puedes salir a pie sin mojarte.


Chimenea.


La campana original del Sampo a punto de dar la señal de zarpar.


Es mediodía y es hora de abandonar el puerto.
Han retirado la pasarela de embarque.


Soltando amarres.


No tardamos en empezar a surcar el hielo cuando el Sampo se detiene.


Es hora de recoger a quienes han llegado por el mar helado a bordo de motos de nieve.


Cuando entras en el barco, aparte de asignarte guía, te dan un horario de tu visita a bordo en el cual se detalla cuándo vas a realizar la visita guiada al barco, la hora de comer y tu turno para la atracción estrella de la jornada: el baño en aguas heladas.
Somos el primer turno para la visita a las entrañas del barco. nos acompaña María, que nos hace de perfecta anfitriona contándonos las mil y una anécdotas.



Lo más impresionante es la sala de máquinas.


Todo funciona como el primer día.


Iván disfruta de lo lindo con el ruido ensordecedor de los motores funcionando.


Irene se lo toma con más calma.


Un museo a pleno rendimiento.


De película.


El cansancio/hambre empieza a notarse y los peques reclaman un poco de calma.


María nos consigue un alojamiento de lujo en un camarote privado cerca de las dependencias privadas del capitán para que podamos descansar un rato y no estar mezclados con el bullicio.


Mientras Irene toma un tentempié, me salgo a cubierta a disfrutar del espectáculo.
Con la campana de proa.


Vistas al mar helado que estamos surcando.
Es impresionante el sonido del hielo resquebrajándose bajo el peso del navío.



A popa vamos dejando una estela de témpanos de hielo.


A ambos lados hay un mundo helado.


¿Qué hay detrás del manto helado?
¿Y debajo?


En el interior, la gente duerme plácidamente en los butacones mientras voy a buscar a mi grumete preferida.


Con la panza llena, estamos más dispuestos a afrontar los rigores árticos.


La nada lo cubre todo.


Nos comentan que este año hay más focas de lo normal.



Tendremos que estar atentos al hielo quebrado para ver si aparece alguna.


Quizás debajo de algún témpano...


Nos situamos en proa para disfrutar del espectáculo.


De repente, un río se abre en el hielo a nuestro paso.


Es realmente impresionante ver cómo el hielo se separa para dejar salir el agua.


Subimos a la primera cubierta para poder disfrutar de lo que se ve desde allí.


El mar helado a nuestra proa.


Es complicado no encontrar a nadie en el exterior porque muchos somos los que hemos venido a disfrutar de la cubierta.


Un video para mostrar un poco al Sampo en acción.
                      

Placas de hielo cubren el mar.


Papi, ¿dónde están las focas?
...


Quizás debajo de alguna de esas placas de hielo veamos aparecer alguna... 
habrá que abrir bien los ojos.


Papi, ¿vamos a buscar a Iván y a mami?
Sí, es hora de ver si el peque se ha despertado porque empieza a acercarse la hora de comer.


De camino al camarote nos encontramos de nuevo con María a quien desde aquí queremos agradecerle todo lo que hizo por nosotros durante todo el crucero a bordo del rompehielos. A nuestro entender nos ofreció mucho más de lo que necesitábamos.
Muchas gracias.


Una vez despierto, Iván también quería subir a cubierta y ver el espectáculo a pesar del frío.


Disfrutando del crucero.


Todos en proa, aunque por poco rato que hay que ir a comer.


Ha llegado nuestro turno en el restaurante. Aparte del propio viaje a bordo, el billete incluye la comida a bordo consistente en sopas y caldos calientes. 


Hemos pedido dos sopas vegetales para los peques.



Una sopa de reno para mí.


Y una sopa de pescado para Carmina, aunque terminamos probando todos de todo.


De postre para los peques... un helado de chocolate que reciben con gran alegría y jolgorio.


Han dado en el clavo.


El asunto nos viene ideal para poder dar el siguiente paso en nuestra visita: 
quien NO tiene helado SÍ se baña.


Con la panza caliente nos dirigimos a las entrañas del barco en busca de la zona de vestuario donde nos equiparán con un traje de supervivencia especial que mantiene estanco nuestro cuerpo a una temperatura constante de 18ºC y con el cual podríamos sobrevivir varios días a flote.



Por si acaso, tened a mano un salvavidas, please.


Puesto que no sabemos la reacción que tendrán los pequeños, decidimos que sea Carmina la primera de los dos en realizar el baño. Nosotros la esperaremos en una de las escaleras de acceso a la cubierta inferior.


Mami aparece disfrazada con un traje de gran tallaje de color rojo y con unos guantes de color naranja.


Se despide de nosotros para bajar del barco.


Allí, en una zona controlada y vallada, la espera el personal del Sampo para ayudarla a bajar a las frías aguas del Báltico para bañarse un rato.


Saludando desde el hielo.



Tenemos la suerte de que es María la que está controlando el baño, así que ella misma ayuda a Carmina a meterse en el agua, nada sencillo con el traje de supervivencia.


Flotando mientras nosotros observamos sus evoluciones desde cubierta.



Mami nos saluda desde el agua.


Puesto que Iván no acaba de sentirse a gusto viendo a mamá desde cubierta, María nos invita a descender al hielo para poderla ver desde cerca.


Carmina junto al Sampo vista desde el hielo ártico.


Es realmente impresionante ver cómo se baña allí donde el barco ha abierto brecha en el hielo.


Antes de terminar el baño, María viene a buscar la cámara de fotos y le saca un plano más cercano a Carmina desde su posición privilegiada.


Es hora de salir del agua, para ello la ayuda del personal de a bordo es inestimable.


Con mami fuera del agua todo es más sencillo. 
Haremos el cambio de roles rápidamente y bajo a los vestuarios para ponerme el traje de baño.


Las risas de ver a aparecer a papi con su disfraz son sonoras.


Hasta luego.


Me voy a compartir la piscina con un grupo de asiáticos con cámaras go-pro en su cabeza para inmortalizar el baño.


Saludando desde las frías aguas.


Me dedico a ponerme agua helada en la cara para comprobar la temperatura, ya que el traje no me deja sentir frío.


-¿Te saco ya?- me dice María
-NOOO, saca a alguno de estos que llevan mucho rato.
-La verdad es que no sé quien lleva más y quien menos, tienen todos la misma cara.


Carmina y los peques han descendido al hielo y María me saca un par de fotos de cerca mientras me dispongo a "medir" el grosor del hielo. Habrá a ojo unos 40-50 cm de grosor.


Salgo del agua por mis propios medios.
El traje es de neopreno y aisla perfectamente, pero las manos sí las noto un tanto entumecidas porque el plástico no es de iguales prestaciones que el resto.


Retrato familiar.


Es hora de regresar a bordo.


Qué tranquilo me he quedado con todos fuera del agua...


Mientras los últimos terminan su baño, nos volvemos a pasear por el barco.


Abandonamos la zona de baño retirando las pasarelas.


Pasos en el hielo.


Reanudamos la marcha hacia el puerto.


El Sampo sigue su viaje.


Vistas a popa desde babor.


Vistas a proa.


En camino hacia el puerto de Ajos.


Placas de hielo.


Al final no ha hecho falta.


Carmina, en cubierta antes de llegar a puerto.



¡¡¡Tierra a la vista!!!


A la hora del desembarque, la tripulación del Sampo nos hace entrega de un diploma por persona acreditando nuestra presencia a bordo en la jornada de hoy.


Marchamos contentos y felices por todo lo vivido hoy, aunque un tanto apenados por haber perdido un gorro (el de papi que ha llevado Irene casi todo el viaje), por no haber visto focas y por no habernos podido despedir de María a pesar de haberla estado buscando al llegar a puerto.
HASTA LA PRÓXIMA.



Nos organizamos con calma en el aparcamiento y dejamos nuestro testigo al próximo pasaje que tendrá el placer de vivir lo que acabamos de disfrutar.


De regreso haremos una entrada relámpago en la ciudad de Kemi para ver el famoso castillo de hielo que cada año se construye al llegar el frío.



Castillo de hielo a orillas del mar.



Junto al castillo.


Es austero a la vista, pero seguro que es una ardua tarea construirlo cada año.
Me despido de él sin entrar en su interior, donde alberga una exposición de hielo, toboganes y demás; quizás para otra ocasión.


¿Alguien se anima a echar un partidito sobre el Báltico?


Iglesia presbiteriana de Kemi.



Edificaciones a pie de costa.


Cabañas.


De nuevo en la carretera.


Paisajes nevados y austeros de camino a Rovaniemi.


Monotonía blanca únicamente rota por alguna construcción simple.


Llegaremos al hotel para devolver el coche a tiempo. Se está acabando nuestra aventura lapona muy a nuestro pesar. Es hora de hacer las maletas que mañana temprano nos vienen a recoger para devolvernos a casa.
Un mapa de la zona con el recorrido de hoy.