martes, abril 07, 2009

Una cabra en Les Baumes

El domingo por la mañana, tras una intensa semana laboral y con los nervios a flor de piel, nos plantamos en Centelles a eso de las 9. Un desayuno rápido y nos encaminamos a la base del Puigsagordi. Dejamos dos coches en la cima para recogerlos al finalizar la vía ferrata y regresamos para empezar a equiparnos y revisar el material de cada uno antes de meternos en la pared. Mucha gente por delante, así que nos tomamos en calma el asunto para evitar aglomeraciones en sitios clave.

Tras dar las últimas explicaciones y aclarar las penúltimas dudas, empezamos nuestra marcha por la pared a paso lento pero seguro. Para muchos era la primera vez que se metían en una aventura de ese calibre. En este caso, Isa en los primeros metros del primer tramo tras superar el primero de los deplomes de la vía.

La primera parte fue clave para definir un poco el grupo. Hubo quien decidió apearse de la vía y seguir monte arriba por el camino mientras el resto seguíamos hacia el segundo tramo, donde empiezan las emociones más fuertes de todo el recorrido. Marta en un cambio de pared antes del tramo más fotogénico del día.

Carmina colgada literalmente de su material.

El puente tibetano de 68 metros es una atracción que por si sola ya vale el esfuerzo de acercarse a la vía ferrata de Les Baumes Corcades. Primero pasé yo para indicar un poco el modo de hacerlo. Tras mis pasos, Marta.

Robert visto desde abajo parece suspenderse en el aire.

Jorge probando el puente visto desde el inicio del tramo.

Carmina saludando a su llegada.

Tras el subidón de adrenalina, una zona más amable recorriendo horizontalmente los entrantes de la montaña.

Un corto tramo descendente antes de la sorpresa del día.

Una cabra embarazada descansaba junto al cable de vida en la zona de los entrantes. Había que pasar forzosamente por su lado. El animal estaba descansando tranquilamente y se dejó fotografiar.


Incluso se animó a acompañarnos un tramo del camino hasta que finalmente consiguió que le diésemos unos pistachos.


Un último tramo vertical de la segunda parte de la vía, nos alejó definitivamente de nuestra nueva amiga. Tras el merecido descanso, afrontamos la corta y atlética tercera parte de la vía que comienza con una pared ligeramente desplomada que nos deja sobre una antiestética escalera colgada.

Después de la escalera, el más complicado de los desplomes, ya que hay que realizar un esfuerzo tras varias horas de vía y no siempre las fuerzas acompañan. Es por ello que montamos la cuerda y ayudamos a subir a quien no podía por sus propios medios.

Al final, ya en la cumbre, nos reunimos todos para bajar al pueblo a celebrar la hazaña.

lunes, febrero 23, 2009

Alpinismo en el Montseny

Tras varias semanas de espera, ayer por fin pudimos acercarnos al Montseny a subir a Les Agudes por una vía desconocida para nosotros: una canal que se inicia en la cara NE de la montaña, a pie de carretera, bajo un puente en el km 24 de la carretera de Santa Fe. Desde casa la nieve ha disminuido bastante en la cara sur del Turó de l'Home en los últimos días, de ahí que no fuésemos demasiado optimistas pese a saber el estado del monte a principios de febrero.
Allí estábamos a las 10 a.m. y la montaña presentaba nieve en la canal desde más abajo de donde íbamos a empezar.

Antes de descender hasta la canal bajo el puente, nos calzamos los crampones y cogimos los piolets. El frío no era excesivo, el sol brillaba y tenemos muchas ganas de picar hielo.

Una treintena de metros nos separa de la canal que discurre por uno de los barrancos de la cara NE de la montaña.

Dejamos atrás el curioso puente y empezamos a pisar una excelente nieve en ocasiones cubierta por un fino manto de hojas del hayedo traídas por el viento.

Al principio la inclinación es bastante suave, pero poco a poco se va poniendo cada vez más interesante a cada paso que damos.

Aludes en el Montseny: para muestra un botón. Se trata de una pequeña purga, pero no quiero pensar qué sucedería en alguna otra zona menos encajonada y con más nieve acumulada. El alud tuvo lugar hace días, quizás semanas.

Más o menos a mitad de canal encontramos una zona donde la canal se encajona mucho más y forma un pequeño resalte de unos 3 metros donde el hielo se muestra descarnado.

Un video de cómo sorteamos el resalte.



El día, las condiciones y el monte nos permiten una buena sesión fotográfica. No tenemos prisa.

Seguimos monte arriba con intención de acceder a la parte alta del cordal más o menos en la mitad de la ruta de los Castellets. Ya falta poco.

Alcanzamos los Castellets y nos animamos a intentar subir el último tramo por la arista de la cual nos separa una endurecida pala de nieve.

Unos 50 metros por encima de la foto anterior, tras valorar el estado de las trepadas y el hielo acumulado en las zonas más expuestas, decidimos descender y ladear la cara norte de la montaña para atacar la cumbre por la vertiente NO. Habíamos empleado más de una hora en trepar y destrepar esa cincuentena de metros. ¡Cuidado!...¡Cuidado!...

El tiempo se nos empieza a echar encima, ya que las nubes empiezan a cubrir el cielo y nos queda un buen trecho hasta la cima.

Finalmente, tras ladear la montaña y subir por una canal accesoria que nos deja en la antecima, hollamos la cumbre sobre las 15 h. El tramo final presenta una nieve muy poco compactada y con poco grosor.

El descenso lo hacemos dirección a la Font de Passavets, pero por la vertiente más cercana a Les Agudes, con intención de acercarnos lo máximo posible al coche. Pudimos observar el gran destrozo ocasionado por los fuertes vientos del mes pasado en el bosque.

MAPA CON ITINERARIO APROXIMADO DE SUBIDA PINTADO EN AZUL


Rupit

El pueblo de Rupit, situado a caballo entre las provincias de Barcelona y Girona, ofrece al visitante una de las más acogedorars estampas rurales de toda Catalunya.

Por sus alrededores estuvimos paseando durante horas, admirando las vertiginosas vistas que ofrecen sus barrancos.

Los magníficos saltos de agua del río invitan al baño... pero tendremos que esperar a que las temperaturas acompañen.

Fin de semana rural

Tras varias semanas de preparación, por fin, a finales de enero conseguimos reunirnos un grupo bastante grande de gente para llenar una casa rural perdida en medio de la montaña del Bages, muy cerca del municipio de Callús. Nosotros llegamos a altas horas de la madrugada mientras que muchos ya estaban allí desde hacía horas.

El sábado estuvimos disfrutando de una lluviosa mañana en Cardona, donde aprovechamos para visitar el castillo y hacer una pasada rápida por las minas de sal.


Ya en la casa, al mediodía, empezamos a preparar la comida: calçots, carne a la brasa y all i oli; en definitiva un manjar que empezamos a degustar a las 3 de la tarde y que no terminamos hasta bastantes horas después... y hubo quien todavía tuvo fuerzas para cenar algo. Brutal.



El domingo, más de lo mismo: paseito bajo la lluvia por la mañana y copiosa comida al mediodía. Lástima del tiempo porque la compañía fue inmejorable. Esperemos que se repita pronto.

Taga. 2040

Este año 2009, está siendo un año de copiosas nevadas, frío durante días y posibilidad de grandes rutas; aunque tal cantidad de nieve acumulada nos hace ser cada vez más prudentes a la hora de elegir las rutas según la meteorología y las condiciones de innivación del monte.

A principios de enero, tras las primeras nevadas en condiciones, fuimos hasta Ribes de Freser para ascender una de las clásicas pendientes: el Taga.

Cargamos con las raquetas en la espalda toda la jornada y hasta los espantapájaros parecían reirse de nosotros y nuestra tradición de cargar material que al final resulta innecesario totalmente.

No nos dejaban ni elegir camino...

Al poco de caminar, las vistas hacia el cercano Puigmal se muestran así de grandiosas.

¿Por donde era?

Fuimos ascendiendo por suaves pendientes, siempre on nuestro objetivo al frente.

Y con medio Pirineo a nuestras espaldas.

Un inmenso mar de nubes cubre las zonas más cercanas a la costa.

Mientrastanto, una última pala de nieve nos acercará hacia la parte alta del cordal.

Cumbre conseguida y magníficas imágenes de nieve y nubes.

Al regresar, el Taga muestra su más bella estampa, como si de un merengue se tratase.



lunes, diciembre 15, 2008

Raquetas en el Puigmal

El domingo día 7 de diciembre, con Íñigo e Itxaso, nos trasladamos desde casa hasta Queralbs para poder coger el primer tren Cremallera que nos llevaría a través de un angosto valle hasta los aledaños del Santuario de Núria. La espera se vio recompensada a eso de las 8:45 h, cuando el tren alcanzó la estación del pueblo.

En poco menos de 30 minutos de tren llegamos al impresionante Santuario, hay quien dice que es bello y hay quien opina que no es lo más bonito de las montañas... para gustos los colores y no entraremos en discusión por una edificación-negocio que dejaremos atrás en pocos minutos.

Nos pusimos en marcha siguiendo el trazado de una de las pistas de sky que se adentra dirección a la Coma de l'Embut. Allí dejamos de ver gente rápidamente y pudimos disfrutar de una nieve ideal para raquetas. Un alivio pensar que no las tendríamos que cargar a la espalda todo el día y un acierto no haberlas abandonado en el maletero del coche, abajo en el pueblo.

Nos fuimos acomodando al nuevo calzado y fuimos dejando atrás el bullicio de la estación de sky de Nuria.

Mucha nieve se acumula en las laderas de la montaña cuando pasamos por el tramo de la Coma de L'Embut. Riesgo 2 de alud según el parte de la mañana. Imprescindibles las raquetas para evitar hundirse hasta más allá de las rodillas.

Una vez fuera de la parte más encajonada del trayecto, echamos vista hacia nuestro objetivo: el Puigmal, 2913 m.

Al sol disfrutamos de un desayuno antes de continuar la ascensión.

Una foto de rigor antes de proseguir el camino.

El estado de la nieve en esta zona nos obliga a quitar las raquetas y cambiarlas por los crampones, que alivian bastante el pesado caminar.

Las últimas rampas son las más pronunciadas, nos quedan apenas 300 metros de desnivel de los aproximadamente 1000 que ascenderemos en total.

Finalmente alcanzamos la cumbre a eso de las 14h.

Sólo nos queda la bajada, allí dejamos sitio para que la gente pudiese permanecer en la concurrida cumbre.

lunes, noviembre 17, 2008

Torb en Ulldeter

Tras dos meses alejados de la montaña en cualquiera de sus múltiples facetas, hemos podido, por fin, este fin de semana acercarnos de nuevo a pisar los caminos que, tras las copiosas nevadas de octubre, se encuentran cubiertos por el manto blanco clásico de la temporada invernal. Las previsiones definían la jornada dominical como ESPLÉNDIDA, y así lo fue... Pese a la buena previsión meteorológica para el domingo, comentaban que en la zona del Cap de Creus soplarían para el domingo rachas de Tramuntana de hasta 70 km/h, hecho que nos hizo sospechar que quizás nos encontraríamos con viento en las cimas pese a no haber ningún tipo de alerta.
Cuando ese viento es lo suficientemente potente, puede generar un fenómeno conocido como TORB, hace un par de años lo había visto en Vallter; ese día, no pude ni bajarme del coche. El domingo lo pudimos sentir de cerca...


El TORB (Ventisca en Catalunya) es una de las situaciones meteorológicas más peligrosas con que se puede encontrar una persona. Se trata de un viento fuerte que arrastra nieve en suspensión, que además de la sensación de frío hace que disminuya la visibilidad que puede alcanzar varios metros de espesor. La nieve acumulada en las cimas se va desplazando como olas de nieve a sotavento de la montaña generando remolinos nevosos.

Se da en invierno y en zonas de montaña donde haya nieve y su peligrosidad se subestima ya que puede presentarse en un dia soleado y radiante. Suele presentarse con la llegada de frentes fríos de norte y noroeste, con tiempo despejado, cuando el anticiclón de las Azores desplaza la borrasca hacia el golfo de León y se incremente el gradiente bárico sobre los Pirineos.

El viento, la nieve y las temperaturas bajas son un cóctel explosivo para el mantenimiento de la temperatura corporal del ser humano. Hay que prestar especial atención a las alertas que los servicios meteorológicos dan en relación al viento en montaña y ser muy prudentes.


Fuente del texto: Manual de Meteorología de Carles Garcia Sellés y Francesc Vilar Bonet.

Llegamos al aparcamiento de la estación de Vallter2000 sobre las 9:30h y decidimos cargar con todo el material ya que desconocíamos el estado en el que íbamos a encontrar la nieve. Nuestro objetivo: el Grà de Fajol, un elegante monte que se yergue orgulloso en uno de los extremos del Circo de Ulldeter. Lo teníamos pendiente de subir en condiciones invernales y no nos decepcionó en absoluto.

Enseguida la nieve empezó a cubrir los senderos y una amplia traza helada recorría la montaña. Pronto decidimos calzarnos los crampones y evitar resbalones innecesarios aun en zonas poco expuestas. Las raquetas quedarían para otra ocasión. A decir verdad he cargado a la espalda las raquetas en más ocasiones que las que las he podido llevar puestas... en fin, otra vez será.

En poco más de 20 minutos alcanzamos el refugio de Ulldeter, donde varios grupos de montañeros iban y venía en busca de aventuras. Muchos seguían la misma ruta que nosotros en dirección al Bastiments mientras otros jugaban con la nieve o incluso practicaban paradas de seguridad en la nieve. Es ésta una buena zona para disfrutar de la nieve en familia.

Dejamos atrás el refugio y, con las montañas del Ripollés como telón de fondo, encaminamos nuestros pasos por una nieve transformada hacia los llanos de Ulldeter, allí donde el río de la capital gironina tiene su nacimiento.

Buena zona para raquetear con el inconfundible Bastiments presidiendo el circo desde la lejanía. A decir verdad, disfrutamos de la zona de un modo inusual, ya que en pleno invierno, cuando las instalaciones de la estación de sky están a pleno rendimiento, la tranquilidad no está tan garantizada, al menos en las cotas bajas.

Poco a poco nos fuimos acercando al Coll de la Marrana, donde cruzamos saludos con gran numero de montañeros que, curiosamente, iban y venían del Bastiments. Poca gente al Grà de Fajol.

Una vez en la parte alta del collado, la sensación térmica cambió bruscamente. Un fuerte viento del norte nos dio la bienvenida. Eran las 12 del mediodía de un día radiante, pero la sensación de frío sólo desaparecía estando en movimiento, así que seguimos adelante por las empinadas rampas que acceden al Gra de Fajol.

A medida que ascendíamos, el viento iba arreciando y levantaba tímidamente la nieve poco cohesionada. Lo peor estaba aún por llegar.

Una vez en la antecima descubrimos que allí el viento no había empezado a soplar, como nos habían indicado varios montañeros que descendían de la cima cuando nosotros estábamos en mitad de la ladera, por lo que decidimos coronar la montaña.

Insólita imagen de noviembre en un Pirineu tristemente azotado por las poco frecuentes precipitaciones de nieve de los últimos años, esperemos que haya cambiado la racha para este invierno. Desde la arista se puede ver el Torreneules y al fondo el Puigmal.

En la cima , sin nada de viento a las 13 h.

Nos permitimos el lujo de tomarnos un té calentito disfrutando de la soleada y solitaria cima mientras decenas de montañeros preferían el gigante vecino, Bastiments.

Al descender, el viento volvió a tomar protagonismo hasta tal punto que, a unos 50 metros del Coll de la Marrana, las rachas superaban con creces la fuerza del viento que habíamos tenido durante toda la mañana. Grandes olas de nieve flotaban en el ambiente golpeando nuestros rostros. La dificultad de mantenerse en pie era notable, hasta el punto de tener que agacharnos, clavar el piolet y las puntas de los crampones en la nieve y esperar una tregua por parte de ese viento helador. Poco a poco iba creciendo de intensidad por lo que urgía salir de allí rápidamente.

Finalmente, no sin poco esfuerzo, alcanzamos la parte baja del collado y allí el viento cesó. Decenas de montañeros nos reunimos allí para descansar de tan intensos momentos. Un vistazo hacia arriba nos permitía observar los efectos del viento sobre la nieve en el collado.

Si la nieve no hubiese tenido la consistencia que presentaba y hubiese habido nieve no cohesionada caída las últimas horas o días, quizás hubiéramos tenido mayores problemas de visibilidad. Fue una suerte, ya que no esperábamos algo tan repentino y peligroso a la vez. Por ello hay que tener cuidado y aprender de las señales que la montaña nos da, aunque a veces, el mal no avisa. Tened cuidado, que el invierno ha vuelto, disfrutémoslo todos y, sobretodo, regresemos a casa.

lunes, septiembre 08, 2008

El Elefante de Piedra

El domingo partimos de la estación inferior del Aeri de Montserrat (135 m) atravesando el río Llobregat con espléndidas vistas a la canal que asciende al monasterio. Son las 9 de la mañana.


Caminamos un poco al borde de la carretera hasta llegar a la colonia Gomis, de donde parte el Camí de l'aigua que asciende por la montaña hasta el monasterio.


El camino está muy señalizado con pinturas verdi-blancas y amarillas.


Sin tregua ascendemos en solitario mientras el calor empieza a apretar.


La primera parte del camino, la más interesante, termina enlazando con el GR que viene de Monistrol.


La segunda parte del camino es menos interesante, ya que un sinfín de escaleras suben siguiendo las tuberías del agua que bajan del monte.


En la parte alta enlazamos con el asfaltado camino que viene de la Santa Cova.


Estamos en la zona cercana al monasterio y eso se nota: gente, bullicio, música, el insufrible repicar de campanas del monasterio llamando a los fieles, asfalto, escaleras, coches...


Enlazamos con las escaleras del Pas dels Francesos, vía de acceso más cómoda al Pic de Sant Jeroni (1236 m).


Vistas espléndidas hacia la zona de Gorros.


En las cercanías de la Panxa del Bisbe abandonamos el camino a Sant Jeroni.


Ya empezamos a verle la trompa al Elefante.


Panorámica del camino que abarca desde Gorros hasta la Momia pasando por la Preñada, la Panxa del Bisbe y l'Elefant.


Un alto en el camino antes de proseguir hacia Sant Salvador.


Ermita de Sant Salvador, detrás está la Momia.


Situados en este punto, llegamos al collado entre la Preñada y l'Elefant y seguiremos el camino marcado con hitos hasta alcanzar las trepadas y la chimenea hasta la cima (foto sacada desde la zona de Gorros en otra ocasión).


La primera parte discurre por la roca madre hasta llegar a la zona boscosa superior.



Una vez arriba enlazamos con la última trepada.


Progresamos por una estrecha chimenea de unos 5 metros verticales y muy estrechos hasta llegar al collado de la antecima a unos 10 metros de la cumbre.


hemos tardado 3 horas en cubrir los más de mil metros de desnivel desde el punto de partida. Estamos a 1156 m en la solitaria cumbre de l'Elefant.

miércoles, septiembre 03, 2008

Vivac en el Posets

El pasado fin de semana aceptamos la proposición de Joseba y Bea para ir hasta Biadós para atacar la segunda cumbre más alta del Pirineo: el Posets de 3369 m. Nos encontramos cerca de Plan y recorrimos juntos la pista que nos llevaba hasta el refugio de Biadós. Desde allí comenzamos a caminar, siempre con nuestro objetivo del fin de semana delante. Teníamos que ascender unos 1400 metros de desnivel positivo el primer día, ya que el recorrido escogido partía del refugio y pasaba por el collado de Eriste, junto a los picos de las Forquetas. Desde allí descenderíamos al ibón de Llardaneta donde vivaquearíamos. Para el domingo el plan era ascender temprano al Posets y descender hasta el refugio por la otra vertiente de la montaña.
Partimos no demasiado temprano hacia nuestro objetivo del día.

La primera parte del recorrido cruza en diversas ocasiones el río por curiosos puentes de madera.


Pronto nos adentramos de lleno en el bosque. No lo abandonamos hasta unas horas después cuando sobrepasamos la cota 2000 m.


Poco a poco ascendemos rodeados de grandes moles de roca.

Los llanos nos dan una corta tregua antes de acometer las siguientes cuestas.

Los últimos metros antes del collado de eriste son especialmente incómodos.

Finalmente alcanzamos dicho collado. Decidimos atacar la cima de las Forquetas tras esconder las mochilas un poco, lejos de las miradas curiosas...

Una sucesión de cortas trepadas por una sencilla arista nos conducen hacia la primera de las Forquetas, la más alta.


Cumbre de la Forqueta, 3007 m. Al fondo se ve el Posets con su característico color rojizo y a su izquierda la afilada cresta que lo separa de su vecino el pico Espadas.

Diez minutos y un par de trepadas sencillas nos separan de la vecina Forqueta S.E.

Cima de la Forqueta S.E, 3004 m.

Nos entretenemos poco ya que todavía debemos descender unos 200 metros y rodear el ibón de Llardaneta a los pies de las Forquetas.

Allí pudimos escoger vivac entre los muchos que hay preparados.

Cenamos algo caliente gracias a Joseba y su hornillo.

Sobre las 21 h nos metíamos en el saco y, a pesar de que no fue una noche desapacible, sí resultó un tanto extraña: sin llegar a escuchar truenos ni ver una sola nube en el cielo tapando los miles de estrellas pudimos ver el resplandor de los relámpagos que azotaban la parte norte de la cordillera. Pude dormir seguidas 4 horas hasta la 1 a.m. Después me fui despertando en numerosas ocasiones hasta que a las 6 a.m. decidimos levantar el campamento. Partimos cuando el sol todavía no había hecho más que empezar a colorear el cielo.

Descendimos medio centenar de metros hasta localizar el camino correcto para encarar la Canal Fonda.

Entre las nubes el sol intenta pintar de malva las rocas de las montañas. Hace frío y amenazadoras nubes nos rondarán todo el día sin llegar a descargar sus aguas.

La Canal Fonda se presenta practicamente libre de nieve. Es cierto que hay un par de neveros: el más bajo es hielo horizontal y el superior es evitable por las rocas de la derecha, aunque yo decidí cramponar ya que había cargado con el peso todo el fin de semana.


Desde el collado se obtiene una magnífica vista del Diente de Llardana. Nos quedan apenas 300 metros antes de llegar a la cima del Posets.

A medio camino nos desviamos unos metros para visitar el Balcón de Niebla para rendir homenaje a Roberto e Ibán que se quedaron en la montaña, el primero hace ya tres años y el segundo hace apenas un mes. Un recuerdo para ellos y el deseo de que hagan lo posible por cuidar de todos los montañeros.


Tras el recogimiento seguimos hacia arriba buscando nuestro objetivo. Estábamos solos en el monte. Sólo vimos una pareja en toda la mañana.

Encaramos la cresta que nos ha de llevar directamente a la cima del Posets.


Posets, 3369 m (según las actualizadas mediciones que se han hecho recientemente del Pirineo por las cuales ha variado alguna que otra cota famosa, entre ellas el mismo Posets o el Monte Perdido).

A partir de aquí nos toca descender los 1800 metros de desnivel que nos separan del refugio de Biadós. Primero encaramos la entretenida arista del Posets.

Para quien no está habituado a este tipo de terreno puede hacerse un poco demasiado larga la arista, pero gracias a los consejos de Joseba pudimos recorrerla sin ningún tipo de problema.
El pasito más delicado se encuentra por debajo de la arista ya casi al final: unas lajas de piedras sueltas con un poco de patio a la izquierda.

Una vez superado este paso nos esperan las piedras, un montón de ellas.

Rodeamos el Posets y nos encontramos de frente con el corredor Jean Arlaud, un clásico de la invernales del Pirineo.

El descenso se hace muy pesado para las rodillas a pesar de que va variando el terreno que pisamos de pedregal a piedra suelta, luego sendero por bosque,luego campa y finalmente pista hasta llegar a las bordas de Biadós.

Alcanzamos el coche a las 15h con las rodillas castigadas, pero contentos por el recorrido, una circular de enmarcar.

La meteoreología se complicó a partir de ese momento pero nosotros ya estábamos lejos de las altas cimas del macizo del Posets.

martes, agosto 26, 2008

La leyenda de los Encantats

Si hay una montaña, en este caso dos, que puedan representar la imagen del Parc Nacional d'Aigüestortes i estany de Sant Maurici; éstas son los Encantats. Dos cimas que superan los 2700 metros. Cuenta la leyenda que dos cazadores del lugar fueron castigados y convertidos en piedra por ir a cazar isards (rebecos) cuando el resto el pueblo estaba en el oficio dominical. En definitiva y huyendo de historias para no dormir, dos montes preciosos que hemos querido visitar, aunque no haya sido fácil.

Nuestra historia comienza de madrugada el sábado 16 de agosto. Habiendo pasado una incómoda noche en el parking más cercano al parque saliendo del pueblo de Espot, vimos como las nubes cubrían el cielo de forma amenazadora. Había lluvias anunciadas para la tarde, pero estas nubes se mantenían lejos de las cimas, de momento.

Comenzamos a caminar por las pasarelas acondicionadas para minusválidos que hay a la salida del aparcamiento. Aún los rayos de sol no iluminan el bosque.

Superado el primer tramo equipado, llegamos a unas anchas campas por donde discurre una ancha pista. Echamos ojo al Encantat Xic, que se alza a nuestra izquierda desafiante mil metros por encima de nuestras cabezas.

Poco antes de llegar al Estany de Sant Maurici localizamos una curiosa ermita que tiene una fuente de agua que aprovechamos a la bajada.

Dejamos a un lado el desvío al Estany de Sant Maurici para acercarnos al refugio de Ernest Mallafré donde pedimos indicaciones. La chica que nos atendió, no parecía disponer de demasiada información, pero al menos nos supo indicar donde se iniciaba el sendero hacia los Encantats, poco más.

Fuimos ascendiendo poco a poco por el monte y pronto pudimos observar por primera vez nuestro objetivo: el gran Encantat de 2748 m.

El itinerario boscoso discurre por el valle de Monestero, primero por cómodo sendero y más tarde por canchales de rocas sueltas.

Íbamos un tanto perdidos pese a tener alguna reseña, de las pocas que habíamos encontrado en internet. No teníamos claro cual de las canales era la que nos iba a conducir hasta el Coll d'Encantats (no confundir con la enforcadura entre ambas cimas). Finalmente localizamos una canal que parecía más o menos cómoda de ascender y decidimos seguir el sendero que conducía hacia arriba.

El collado se adivinaba unos cientos de metros por encima de nuestras cabezas. Hacía frío pese a estar a mediados de agosto.

Superamos un par de trepadas sencillas pero en absoluto expuestas antes de llegar al collado d'Encantats.


Desde el collado vemos por fin que hemos acertado con la canal. Sólo nos queda un centenar de metros para coronar el Gran Encantat.

Seguimos como pudimos un sendero más o menos hitado en dirección a una clara canal herbosa en la que vimos gente rapelando.

Nos pusimos el casco, único material técnico que llevábamos siguiendo las indicaciones de las reseñas que habíamos estudiado. Caían piedras de la gente que rapelaba.

Llegamos a la altura donde acababa el rapel y preguntamos cómo estaba el asunto para subir sin cuerda (como teníamos entendido que se subía y bajaba). Nos indicaron por donde habáin subido ellos, pero no lo vimos claro y, tras deliberar tomamos la acertada decisión (como veremos más adelante) de no seguir adelante y renunciar a la cumbre.

Nos echamos una foto a 2724 m y nos dimos por satisfechos por nuestra decisión.

Al emprender el camino de regreso nos cruzamos con un grupo de gente que subía y nos pareció que cogían una pequeña canal paralela a la que habíamos cogido nosotros. De todos modos, el acierto fue total cuando empezaron a caer las primeras gotas de un chaparrón que nos pilló de lleno ya en la parte baja de la canal de acceso al bosque. De haber decidido subir hubiésemos tenido que destrepar con la roca mojada, y no era plan.

Nos hemos pasado toda la semana preguntando en foros de montaña e intentando descubrir imágenes y detalles de cómo acceder a nuestro objetivo. Parece ser que nos equivocamos al elegir la última canal de trepada, pero además no íbamos preparados adecuadamente por culpa de hacer caso de reseñas de gente que no conocemos y de las que te puedes fiar a medias ya que cada uno puede tener una visión diferente de un mismo punto. Lo que está claro es que jamás volveré a fiarme de lo que me diga ninguna reseña y seré previsor llevando más material del que, en un principio, pueda necesitar. Menos mal que no nos metimos en ningún berenjenal y supimos renunciar a tiempo: MENOS MAL.

El pasado sábado nos plantamos en un camping de la carretera de Espot y pasamos la noche allí. El domingo 24 por la mañana, un cielo despejado nos mostraba de nuevo nuestro objetivo. Teníamos claro que, si con estas condiciones no éramos capaces de subir (sol, buena temperatura, ausencia total de viento, riesgo nulo de precipitaciones,...), no lo íbamos a intentar más.

Recorrimos el sendero hasta el refugio Ernest Mallafré y sin entretenernos nos plantamos en la parte baja de la canal. Tardamos aproximadamente 3 horas en llegar al collado d'Encantats. No había allí nadie que nos pudiese indicar, por lo que empezamos a subir cautelosamente intentando no perder los hitos.

Las primeras trepadas aún sin asegurar nos ponen rápidamente atentos.

Estudiamos detenidamente el monte y localizamos un posible paso a la otra vertiente de la cresta. Efectivamente, allí estaba, sobre una roca un minúsculo hito nos ponía en el buen camino. Fue en ese punto cuando decidimos no arriesgar en absoluto, ya que el precipicio hacia el otro lado es de unos 500 metros hasta el sendero de subida y el refugio.

Decidimos que intentaríamos evitar el paso más expuesto trepando por una roca con buenos agarres. Le doy una valoración de grado II con algún paso aislado de III hasta la antecima. Subí primero unos 15 metros aproximadamente mientras Carmina me aseguraba desde abajo. todo muy despacio y asegurando cada mano y cada pie sin prisa. Estábamos solos y podíamos disfrutar de nuestros humildes conocimientos de escalada aplicándolos sin presión.

Carmina subió detrás de mí una vez yo hube montado una improvisada reunión desde donde podía todavía indicarle por donde había subido yo.

Una vez juntos de nuevo, repetimos el proceso. Yo subo primero otro largo de unos 15 metros aproximadamente hasta localizar un buril de los de antaño con un mallón (conocíamos su existencia gracias al grupo que encontramos rapelando la semana anterior). Monté una segunda reunión y Carmina siguió mis pasos hasta la antecima.

Sólo nos quedaba caminar por una cómoda arista de unos 25 metros de largo hasta la cima.

Por fin, objetivo cumplido: estamos en la cima del Gran Encantat a 2748 m, y solos.

No pasamos demasiado rato en la cima ya que teníamos un poco de prisa y queríamos tener tiempo suficiente para descender tranquilos, igual que habíamos subido. Monté un primer rapel en el buril y rapelé unos 25 metros por la canal paralela a la que habíamos ascendido. Localicé un segundo punto de rapel y allí me detuve.

Carmina esperando su turno para rapelar.

Parte más vertical del primer rapel.

Montamos un segundo rapel y Carmina descendió primero. Ahí voy yo en el que me pareció el rapel más bonito.

Decidimos montar un tercer rapel para no tener que destrepar los últimos 15 metros hasta el camino.

Ya en el sendero, poco a poco fuimos desandando y destrepando por terreno más sencillo hasta el collado d'Encantats.

Nos esperaba el inmenso pedregal de la canal. Fuimos descendiendo despacio, sin prisa comentando la felicidad que teníamos de haber superado nuestro reto.

Un bocadillo y una hora y pico más tarde llegábamos por el bosque hasta el refugio.

Una foto antes de perder de vista a los Encantats. Se hace tarde y hay que regresar a casa por lo que apretamos el paso. Sólo paramos en la fuente de la ermita para beber agua.

En definitiva, podemos afirmar que ésta ha sido una de las ascensiones técnicamente más complicadas que hemos afrontado y estamos orgullosos de haber podido coronar la cima del Gran Encantat. Habrá quien piense que llevamos demasiado material y que este monte se puede hacer sin nada. Quizás sea cierto, pero para nosotros ha sido más sencillo de afrontar psicológicamente llevando el material que hemos creído necesario para poder disfrutar la ascensión sin exponernos más de lo debido. Además me alegro de haber estado allí solos y no haber entorpedido a nadie que quisiera subir o bajar de otro modo que no fuese el nuestro. De esta manera, todos contentos. Para terminar, un consejo: llevad cuerda, casco y demás material si quereis afrontar la ascensión con garantías.

Ballibierna, a caballo del Culebres

El sábado de madrugada salimos de casa con intención de acercarnos hasta el pueblo de Aneto, justo antes de llegar a la boca sur del túnel de Vielha. Desde allí subimos por la pista que lleva al Ibón de Llauset, aunque antes hay que atravesar un largo túnel que durante varios centenares de metros recorre las entrañas de la montaña; como quien atraviesa la Batcueva, vamos.


En el otro lado nos espera un magnífico día de sol y buena temperatura para ascender a dos de los tresmiles más emblemáticos de los Pirinenos: Culebres y Ballibierna, unidos ambos por la afilada arista conocida como el Paso del Caballo.

Dejamos el coche en el aparcamiento junto al lago y atravesamos un corto túnel que nos deja casi en el agua.

Bordeamos el lago dejándolo a nuestra izquierda siempre con nuestros objetivos al frente.

Unos 35 minutos bastan para recorrer el sendero junto al lago y plantarnos en la bifurcación hacia el collado de Llauset, hacia donde dirigimos nuestros pasos dejando a mano derecha el GR.

Parada contemplativa. Intentamos localizar alguna de las marmotas que silbaban a nuestro alrededor pero fuimos incapaces de ver ninguna hasta prácticamente el final del recorrido circular, cuando vimos una de lejos en un canchal de piedras enormes.

El itinerario de ascenso al Collado de Llauset es comodo y ofrece un terreno muy bueno para el descenso.

Un vistazo atrás desde el collado. Se ve la senda recorrida hasta el momento.

Desde el collado tenemos unas magníficas vistas hacia el macizo del Posets.

Iniciamos un recorrido algo más expuesto e incómodo por el viento reinante. Estamos en la cresta que nos da acceso al Culebres. A mi izquierda, a lo lejos, se aprecia el Paso del Caballo.

Una sencilla trepada de no más de 5 ó 6 metros nos deja en la arista cimera.

Cumbre en el Culebres. Llevamos 3 horas caminando.

Esperamos pacientemente que pasara un grupo de montañeros y nos decidimos a pasar hacia el Ballibierna, un poco más elevado que su vecino.

A horcajadas es la manera más segura de superar el paso del Caballo. hay quien lo pasa de pie por el filo de la arista y algunos también lo hacen agarrándose con las manos a la arista y progresanco con los pies por la vertiente norte, la que da al Aneto. Yo pasé sentado, igual que el año pasado.

Carmina tampoco lo dudó un momento cuando le tocó el turno. La caída a ambos lados es impresionante, pero con cuidado y a caballo conseguimos domar a la culebra.

Una sencilla trepada nos separa de la cima del Ballibierna desde donde tenemos unas magníficas vistas del monarca del Pirineo, el Aneto.

Recorremos la arista hacia el otro lado y descendemos penosamente por los canchales, bordeando los diferentes lagos. Mientrastanto el Aneto, a nuestra izquierda, nos despide.


Atravesado el último lago, en el centro de la imagen, enlazamos con el GR y poco después con el itinerario de subida.

Canigó 2784

Tras recorrer en coche los 23 km de pista forestal que separan Prades del refugio de Cortalets, alcanzamos el pasado martes 9 de agosto el citado refugio desde donde se tiene esta magnífica vista del coloso.


Eran prácticamente las 11 de la mañana cuando nos reunimos el grupo de 13 personas y 4 perros que íbamos a intentar ascender al último 2000 oriental de la cordillera pirenaica. Empezamos a caminar siguiendo las indicaciones del itinerario del Barbet que nos acercaría a la otra vertiente de la montaña para atacar la cumbre desde una chimenea que llega directa a la cima del Canigó, a 2784 m.

Los primeros pasos por el bosque ya marcaron un moderado ritmo de ascenso.

Al fondo del valle, las nubes cubrían el cielo y a nosotros nos obsequiaban con un magnífico mar de nubes.

Fuimos ascendiendo desde detrás del refugio hasta prácticamente los 2600 metros de las cotas vecinas al Canigó.

Últimos pasos antes de la parada técnica de avituallamiento y reorganización del grupo.

Un amigo que conocimos en las lomas herbosas de las montañas del Canigó.

Una vez comido el bocadillo, nos toca bordear las redondeadas lomas buscando un collado por el que pasaremos a la otra vertiente de la montaña, donde sopla un aire de mil demonios.

Unos decidimos destrepar unos metros mientras otros deciden seguir el sendero que baja unos metros más abajo antes de fundirse con el camino que sube por el fondo del valle vecino.

Un vistazo a la cresta. En su punto más débil existe la chimenea que nos conducirá a la cima.

En su parte baja, la chimenea es bastante ancha.

Un gendarme solitario parece vigilar a quien se atreve a desafiar a la montaña.

Cuanto más subimos más píndio se pone el asunto y más estrecha es la canal, aunque no pasa de ser una sencilla trepada de grado I y con muy buenos agarres. Para que nos hagamos una idea clara: los 4 perros subieron sin ayuda.

En la cima, una rosa de vientos en una mesa de orientación.

Foto del grupo al completo.

Un poco más arriba de los 2784 m que marca el GPS.

El descenso lo hacemos cada uno a su ritmo mientras la amenazadora niebla parece querer cubrirnos. Al final no fue así y pudimos regresar tranquilos al refugio de Cortalets donde unas cervezas y unos refrescos ahogaron la sed de los valientes.