14 de agosto de 2014

BONIFACIO & SARTÈNE

Ha pasado la noche. Una buena noche con algo de viento que ha refrescado el ambiente y nos ha permitido dormir sin mosquitos. Con calma recogemos todo y nos preparamos para el asalto a la ciudad más bella (que no la más auténtica), a mi entender, de Córcega. La ciudad colgada sobre el acantilado: Bonifacio o Bunifaziu. Para llegar a ella debemos cubrir el resto de trayecto que tenemos desde la Palombaggia hacia el sur, pero antes de marchar del "camping" nos dejamos un souvenir allí, que más tarde tendremos que recoger (recordar del reportaje anterior la cuerda atada a un árbol... ). Al arrancar el coche, me olvido de la cuerda y al echar marcha atrás escuchamos un sonido de que algo se rompe. Les echamos la culpa a las ramas que hay sobre el coche y no le damos importantcia al no ver nada por el suelo, así que decidimos seguir trayecto hacia el sur. Cuando llegamos allí, la entrada rodada a la ciudad está impracticable así que decidimos dejar el coche en el aparcamiento Des Valli, a un kilómetro más o menos del puerto de la ciudad. (Se podría tener en cuneta para pernoctar en caso de necesidad). Al salir del coche veo el destrozo: ni la cuerda se ha roto, ni el árbol ha quebrado, al contrario: nos falta un trozo de la barra del techo que suponemos sigue enganchado al árbol de la misma cuerda que se sujetó ayer por la noche. Tras una deliberación familiar decidimos seguir con la visita a Bunifaziu y regresar más tarde a Palombaggia a ver si hay suerte y sigue todo allí y lo podemos recuperar. Además hemos perdido un aislante, que no recuperaremos.
Nos encontramos de lleno en el bullicio del puerto. Un sinfín de barcos cubren la ruta hacia las islas Lavezzi, pero no sé hoy cómo estará el tema ya que hace mucho aire y el mar está picadísimo. Nosotros vamos de turisteo y no vamos a navegar, así que no nos importa ese dato del estado de la mar.


Aspecto del puerto a media mañana.


Ternura.


Desde el puerto, esta rampa nos llevará a la ciudad.


Es curioso como si hablas de subida todos te echan los brazos y cuando les dices que hay que subir la rampa, se mueren por caminar...


Al final de la rampa, optamos por seguir el sendero de los acantilados un rato. Hay que subir unos metros más hasta los miradores.


Grain de Sel, un magnífico y desafiante islote solitario frente al acantilado.


Más de cerca.


Vistas de Bonifacio desde el primero de los miradores.


Foto familiar de cómo no te deben sacar una foto. 
Podríamos estar en cualquier lugar del mundo y sería la misma foto...


Ésta sí.


Los miradores se suceden a lo lago de varias rutas, pero hoy no es día de caminar mucho al borde del abismo. Demasiado viento.


Hacia el otro lado, el Cabo Pertusato... detrás de Irene. Luego la gente se sorprende cuando se muestran dispuestos a sacarte una foto y les dices que no, que prefieres poner la cámara sobre una piedra y que sale mejor foto.


Regresamos a las murallas junto a la ermita de San Roque y nos adentramos en la ciudad amurallada.


Para subir a casa hay que echar la cuerda, o casi.


Refuerzos.


Miradores por doquier hacia el Grain de Sel y el Cabo Pertusato.


Las gaviotas han sido protagonistas del cuento inventado de hoy por la mañana.


Callejeando antes de comer.


Cervezas corsas a 8 euros (en el supermercado a 4 euros a las afueras de Ajaccio).


Souvenires varios.


Después de zamparse un bocata, unos helados para refrescar el gaznate.
 (polo-polo decía Iván saltando por la calle) 


Irene tampoco perdona el suyo.


El león de casa junto a la estatua de otro león.


El repicar de la campana nos indica que debemos buscar nuestro siguiente objetivo.


Junto a los acantilados se encuentra la escalera del Rey de Aragón que según la leyenda fue tallada en una sola noche para asaltar la ciudad en 1490. Se trata de un trayecto de 187 escalones descendentes que nos llevan al agua para después pasear al borde del acantilado hasta el pozo de agua dulce de San Barthelemy.


Pagado el precio de dos adultos (2,5 €/ persona) nos cargamos a los peques a la espalda y a por ello que vamos.


Descendiendo.


La cosa se pone pindia.


Escalinata en descenso.


El aspecto del mar es totalmente irreal.


Llegamos por fin abajo.


Paseo hacia la cueva de agua dulce.


A lo lejos los acantilados de Pertusato.


Sendero excavado en la roca y protegido con una sirga.


Cada vez más cerca del agua.


Las formaciones rocosas son impactantes como esta roca que está separada del bloque principal.


Un último trayecto descendente antes de llegar al final.


ATENCIÓN SPOILER

(A PARTIR DE AQUÍ, ME ALEGRÉ MUCHO DE NO HABER VISTO NINGUNA IMAGEN ANTERIORMENTE, YA QUE LA SORPRESA DE LO QUE VEÍAMOS Y LA BELLEZA DEL LUGAR NOS PILLÓ TOTALMENTE DESPREVENIDOS).
SI NO QUIERES CHAFARTE LA SORPRESA DE IR Y DESCUBRIRLO TÚ, NO SIGAS LEYENDO.

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Veo que seguís aquí, así que vamos a por ello.
Descubrimos un monumento humano que no destroza el paisaje. Centenares de hitos hechos con piedras embellecen la pequeña cala que hay al final del trayecto.


Cueva cerrada al público.


El contraste de las rocas escarpadas junto con esas simples esculturas hechas por el hombre es de una belleza simple y sobrecogedora.


El mar golpea fuerte, así que la gente ha montado sus esculturas lo más arriba posible para resistir el golpeo de las olas.


En la cala.


En la cueva.


Nosotros dejamos allí también nuestro hito (una piedra para cada uno).


Localización de nuestro hito en la cala.


Desandamos el sendero del acantilado para regresar por las escaleras.


Conviene agarrarse bien ya que el trayecto se hace duro al no estar las escaleras talladas de forma uniforme.
Nos servirá de entrenamiento para dentro de unos días (pero ya llegará).


Saliendo de las murallas.



De camino al coche nos encontramos con Tintín y el Capitán Haddock a bordo del Nautilus.


Tenemos tarea pendiente y regresamos por el camino de esta mañana hasta la Palombaggia. Entro al "camping" y localizo la cuerda atada al mismo árbol en perfectas condiciones ambos y el trozo que nos falta de la barra del coche. Nos acabamos de ahorrar una pasta y podemos reparar el asunto cuando lleguemos a casa. Estamos felices.
Nos volvemos a Bonifacio y de allí seguimos hacia el norte (Srta. Tesmaker...). Llegamos a la zona de Roccapina. Un mirador en la carretera (en el peor sitio en cuanto a tráfico se refiere) nos espera para sacar un par de imágenes del León de Roccapina.


Queda pendiente una visita más exhaustiva del lugar y su playa en una futura visita a la isla.


La siguiente parada de hoy es Sartène, la más corsa de las ciudades corsas, como bien reza su lema.
La verdad es que nos gustó por lo auténtico que parece todo.


Cementerio.


Callejeando.


¿Un vinito?


Hay que seguir subiendo... menudo día.


Tiendas de artesanía.


Para Irene, la feria del pueblo en pleno apogeo.


En el carricoche amarillo, su preferido.


Seguimos adentrándonos en las entrañas de Sartène.


Poco espacio pero bien aprovechado.


Callejuelas.


¿Quien vivirá aquí?


Via Crucis.


Empezamos a tener hambre. 
Es hora de buscar un poco de comida donde sea.


Junto a la casa de los elfos antes de despedirnos de Sartène rumbo norte.


Llegados a la zona de Propiano, que no visitaremos, vemos caer el sol en el horizonte.
Empieza a ser hora de recogernos.


Hemos perdido más de una hora con la historia de recoger el trozo de coche perdido y debemos variar el plan un poco para mañana. Decidimos acercarnos lo más posible hasta la zona de la Plage de Cupabia, que queremos conocer por la mañana. Llegamos hasta el mismo aparcamiento, pero está plagado de señales prohibiendo la pernocta y eso da mal rollito.
Me acerco al camping por si hay un espacio libre, pero está lleno hasta la bandera, corsa claro. Y la recepción fermé.
Seguimos adelante por tortuosas carreteras en la zona de Coti-Chiavari hasta que localizamos un desvío (a oscuras) hacia la Cala di Ciglio. Nos metemos en la boca del lobo a ver qué encontramos. 


Llegamos hasta el final. Una pista de tierra estrecha y llena de zarzas se va cerrando. Reculamos y nos paramos en un aparcamiento que encontramos. A los 3 minutos se ilumina y estamos frente a una finca. Mejor alejarnos de allí por si acaso. Seguimos regresando y hartos de buscar, nos paramos en una curva ancha en la carretera (suponemos que habrán pasado por allí un total de 2 coches en toda la semana) y allí organizamos nuestra noche.


¡A dormir, que ya toca!


Croquis del recorrido de hoy.
Mañana playa.