1 d’agost de 2001

PICOS DE EUROPA - TRAVESÍA

En 2001, las vacaciones las planificamos con tiempo. Era una época en que internet no era un herramienta útil para mí al no disponer de conexión a la red, así que el trabajo de organización y demás se hacía a la antigua usanza, o sea, tirando de enciclopedia, mapa y conjeturando un poco. Este último tema fue el que nos hizo organizar una ruta que atravesaba el macizo de Picos de Europa de este a oeste en menos de una semana siguiendo una rutas que, sobre mapa, parecían factibles pero que finalmente no lo fueron. Tuvimos que hacer un interesante trabajo de improvisación que nos permitió disfrutar ampliamente de la zona.

Partimos de BCN en bus una noche de agosto. Viajaríamos toda la noche para llegar a Santander por la mañana temprano, a tiempo de coger el bus de línea que nos acercaría a la localidad cántabra de Potes, puerta de entrada a los Picos de Europa. Fui el único que no durmió en toda la noche disfrutando del concierto de ronquidos de diferentes estilos a cargo de mis compañeros de viaje. Al pasar por Bilbao, ya clareaba el día, desperté a Dani. Quedaba poco para llegar a destino.

En Santander un sucedáneo de café para despejarnos que me sentó fatal y cogimos el bus hasta Potes donde nos alojamos. Nada más llegar al hostal, directo al baño a sacar el café y el desayuno. Para comer, un buen plato de cocido liebaniego, que obra milagros. Mi estómago lo encajó de forma magistral y no volví a sentir ningún malestar intestinal en todos los días de trekking.

Foto con la característica Torre del Infantado de Potes.

Por la tarde nos desplazamos los 23 km que separan Potes de Fuente Dé y cogimos el teleférico que te sube a la parte superior del Cable. Donde pasamos la tarde disfrutando de las vistas.

Esperando el teleférico.

¡¡¡¡A subir!!!!.

Peña Remoña y la Padiorna detrás de mí.

Peña Olvidada, detrás, escondida, Peña Vieja.

Un caballo pastando.

Y otro animal que ni pasta ni nada el pobre.

Vista hacia Espinama desde lo alto.

Una vez de regreso a la estación inferior del Cable, nos fuimos a Potes a prepararnos para la jornada de mañana, cuando empezaremos en serio la travesía.

Al día siguiente nos despertamos temprano. una impresionante niebla se ha instaurado en el valle y la humedad cala en los huesos. Cargamos los enormes mochilones a la espalda y nos acercamos en taxi a Argüébanes, una pequeña localidad donde no para el coche de línea.

Desde este pueblo, la intención es subir hasta el refugio de las minas de Ándara. Atravesamos cercas para el ganado bastante complicadas.

Torrenteras que mejor atravesar con protección.

Y una canal empinadísima sin trazas de sendero. Es aquí cuando decidimos que, o bien nos habíamos equivocado de camino, o bien nuestra planificación había resultado ser demasiado optimista. Decidimos variar la ruta. De bajada, una voltereta en el aire me hace aterrizar sobre unos matorrales. Dani todavía se ríe.


Mostrando el bote de alubias que llevaba en el bolsillo de la mochila y que no sufrió ningún percance. De hecho, fue nuestra mascota durante el resto del trekking.

Hicimos autostop para llegar a Camaleño donde cogimos el bus de línea hasta Fuente Dé. Habíamos gastado 5 horas del día en el monte y seguíamos en el punto de inicio.

De nuevo con el teleférico para arriba.

Impresionante mirador colgado sobre el abismo.

Foto imprescindible.

Tomamos la decisión de descender a los Puertos de Áliva y atravesar de sur a norte los Picos de Europa para llegar desde la estación superior del Cable hasta Sotres.

Ermita de la Virgen de la Salud. La niebla no se ha disipado y nos acompaña junto con una persistente llovizna de lo más incómoda.

La pista no tiene pérdida. En ocasiones la niebla se disipa en parte y podemos disfrutar de las vistas a nuestro alrededor.

Cabañas invernales en las cercanías de Sotres.

Puertos de Áliva escondidos en la niebla.

Gran error: nos quitamos las botas para descansar los pies y luego fue un calvario la rampa que hay para subir al pueblo de Sotres y que no esperábamos encontrar.

La suerte cambia. Encontramos sitio para dormir en el Albergue de Sotres para esta noche. La de mañana ya estaba reservada desde casa. Una ducha reparadora, un improvisado calzado guiri (chancletas y calcetines de lo más calentito y cómodo que hay) y a cenar a un restaurante del pueblo una buena y merecida cena.

La siguiente jornada, día de relax activo. Nos desplazamos hasta Poncebos para realizar una sencilla y espectacular visita al pueblo de Caín recorriendo la Garganta del río Cares.

Un impresionante paisaje corta la roca al paso del río. Empezamos a pie de río para luego ascender rápidamente y circular por sendas de vértigo a la vera del barranco. Poco a poco y sin ganar ni perder cota, el río va quedando cada vez más a nuestro alcance al estar recorriendo el camino en sentido contrario al del agua.

Formaciones espectaculares en la montaña.

Sendero excavado en la roca. Es sencillo pero ya ha habido serios accidentes, muchos de ellos provocados por las cabras que viven en la zona.

Los colores del río al fondo del barrando invitan al baño.

El agua filtra por doquier y es fácil mojarse incluso estando a cubierto.

Por fin, Caín, donde degustamos una típica fabada asturiana antes de desandar la senda y volver a Sotres.

Vistas de Sotres desde lo alto del pueblo. Para mañana desearíamos una jornada como la de hoy, con sol; ya que por fin vamos a ver el Picu Urriellu o Naranjo de Bulnes, que es la montaña más emblemática de Picos de Europa e incluso de toda España.

Nos levantamos pronto por la mañana tras una noche ronquidos y olor a pies que echaba para atrás. Desayuno, preparación de mochilas y adelante.

Un vistazo por la ventana. Es de noche todavía pero ya se puede ver que la niebla no nos dejará ver nada.

Descendemos hacia la zona de los invernales y remontamos la pista asfaltada que sube hasta Pandébano. Lástima que varios coches no quisieran ahorrarnos la carretera y no nos acercasen al aparcamiento situado en la parte baja de Pandébano.

¿Necesitas crema del sol?.

Esto fue todo lo que vimos en las horas que nos llevó llegar al refugio de Urriellu: NADA. Eso sí, es la única ruta que he caminado en la cual siempre te quedan unos 10 minutos para llegar estés donde estés. Si hubiésemos creído desde un principio que realmente nos quedaba tan poco tiempo hubiera resultado distinto, pero al final estábamos ambos bastante cansados anímicamente por no saber realmente cuánto nos quedaba todavía por delante. La verdad es que la gente a quien preguntamos resultó ser bastante bromista con el tema.

Al llegar al refugio, más de lo mismo: niebla. Hicimos la entrada en el refugio, acomodamos los sacos en las literas y nos dispusimos a empaparnos del ambiente montañero de uno de los refugios más concurridos de la Península. Tras horas de cháchara con unos y otros salimos a ver si el Picu se dejaba ver.

Al final desesperamos un poco... ja ja ja. Eso sí, al final despejó un omento para que pudiésemos contemplarlo y nos dejó impresionados.

Alguien nos indicó que si seguíamos el sendero hacia Jou sin Terre, al quedar más altos superaríamos la niebla y podríamos ver algo.

Efectivamente allí estaba. El Urriellu surgiendo del mar de nubes.

Una vez superada la niebla, el sol calentaba la zona y hacía de la tarde un rato muy agradable.

Tras nuestra pequeña escapada vespertina, llegamos al refugio a tiempo para cenar. Allí conocimos a muchos escaladores que ultimaban sus preparativos para escalar mañana el Naranjo de Bulnes. Era interesante verles planificar desde la seguridad que ofrece un buen tazón de caldo y unas cuajadas caseras.
Por la mañana, el tiempo amaneció espléndido regalándonos una jornada de ensueño meteorológicamente hablando.

El sol ilumina la cara noroeste del Urriellu.

Habíamos hecho amistad con una pareja de escaladores, Nacho y Mariluz, que tenían intención de escalar el Picu y que se ofrecieron para llevarnos en coche hasta Arenas de Cabrales si les esperábamos a una hora concreta en el refugio. Habíamos estado consultando con expertos si era factible seguir con la planificación que llevábamos tras el fiasco de la primera jornada. No nos decía nadie que no fuese factible, pero tampoco nadie nos aseguró que no nos íbamos a meter en ningún berenjenal como el día de Argüébanes, así que decidimos variar definitivamente nuestro plan inicial y bajar con los escaladores a Arenas de Cabrales.
Decidimos aprovechar el tiempo mientras ellos escalaban y nos acercamos a la zona de Horcada Arenera para disfrutar de las vistas que desde allí se obtienen hacia el Jou de Cabrones. Lo primero, superar la Brecha de Cazadores y llegar a la Corona del Raso de donde son las siguientes imágenes.

Posando con el Picu de fondo.

Pasamos por la base norte del Diente de Urriellu por inmensos pedregales bajo un intenso sol de agosto.

En la Horcada Arenera antes de regresar a la Vega de Urriellu.

De vuelta al refugio nos toca esperar. Es tarde y los escaladores no han bajado. Parece ser que hay mucho atasco en los rápeles de la cara sur según nos informan y es fácil que se retrasen.

Finalmente ambos regresan sanos y salvos de su aventura. Mariluz ha cumplido su palabra de traernos un par de piedrecillas de la cima. ¡Qué ilusión!.

De regreso disfrutamos de las vistas que tuvimos vetadas la jornada anterior, pero todavía nos queda un rato más de circular desde Pandébano hasta Arenas de Cabrales donde nos quedaremos a pasar la noche.

Pintoresca situación en el hotelillo cuando la dueña nos saca un cubo de fregar y nos dice que le pasemos el mocho al suelo si nos duchamos, que no hay cortina en la ducha y se le moja todo cada vez que hay alguien que se ducha.

Tras asearnos, a cenar un poco de queso de la zona.

Descansamos en condiciones en una habitación sin ronquidos. Por la mañana dijimos tristemente adiós a nuestra mascota (el bote de alubias) que decidió abandonarnos al saltar de la mochila directamente al río. Un pequeño golpe bastó para el accidente. Una pena. De ahí mi cara.

De Arenas de Cabrales a los Lagos de Covadonga. Es mejor llegar temprano por la mañana.
Nosotros visitamos primero el Lago Ercina practicamente en solitario. Al fondo, el macizo Occidental. Un lujazo.

Cristalinas aguas con enormes cangrejos autóctonos que allí viven.

El Lago Enol, de mayor tamaño ya no pudimos disfrutarlo sin gente. Allí había de todo y para todos, desde el montañero que pasaba de largo huyendo del bullicio al abuelo de familia sorteando piedras mojadas vistiendo pantalón de pinzas y mocasines.
¡Teresina, Agafa al papa no prengui mal!.

Últimas horas en la montaña antes de continuar nuestro camino.

Primera y obligada parada en el Santuario de Covadonga.

Cangas de Onís con su famosa cruz sobre el puente.

Varios autobuses después llegamos a Gijón que ostenta el título de ser la única localización del mundo donde una brújula me ha tenido que sacar del apuro. Andábamos tan perdidos por el casco antiguo buscando aloamiento que al final la brújula nos sirvió para localizar el norte, la costa y el paseo marítimo.

Tras la copiosa cena y el reparador sueño, cargamos de nuevo las mochilas no sin antes echar un vistazo a la playa bañada por el Mar Cantábrico.

De Gijón a Oviedo en un pispas. Un poco de turismo y a esperar durante horas en un café a que llegue la hora de coger nuestro tren a BCN. El juego de buscar dobles entre la gente que pasaba nos sirvió para amenizar la espera.

Por fin descansamos. El coche cama nos espera.

Viajamos de noche, hecho que acorta bastante la sensación de viaje. Llegamos a BCN por la mañana con ganas de ver las fotos que habrá que llevar a revelar y volver a disfrutar como durante toda la aventura en Picos de Europa, que nos han fascinado.

YEL ACABOSE.

3 comentaris:

Kepa ha dit...

Madre mía quien te iba a decir a ti que terminarías escalando el Picu...

Marc ha dit...

Ya ves, y no sólo una vez; sinó dos.

CUARTE ha dit...

¡Qué carita niño!!!!

Cómo pasan los años...