1 d’abril de 2002

REGRESO A PICOS DE EUROPA

No ha pasado ni un año de nuestra visita a Picos de Europa y ya sentimos la necesidad de regresar. Esos paisajes tienen algo que te atrapa para siempre.
Hemos decidido pasar las fiestas de Semana Santa en el norte, así que emprendemos viaje el 29 de marzo dirección Cantabria, pero decidimos parar a mitad de camino en la Laguna Negra de Soria, que nos recibe con mucha niebla.


Casi no se aprecia la otra orilla.


Y el frío comienza a helar los torrentes.


Nos sacamos las fotos de rigor a pie de agua.


Y jugueteamos un poco con la nieve.


Siempre buscando algún rincón protegido.


Y alejado de la muchedumbre que se amontona en la laguna.


Dejamos atrás los helados bosques y seguimos rumbo norte.


La siguiente parada es en San Vicente de la Barquera donde pararemos a estirar un poco las piernas.


Y a turistear un rato.


A media tarde llegamos a Potes, puerta cántabra de los Picos de Europa.


Somos recibidos por un paisaje lleno de nubes.


Veremos mañana qué nos espera...


Pero hoy todavía hay tiempo para visitar Santo Toribio de Liébana.


Y de pasar un rato callejeando en Potes donde aprovechamos el cibercafé para consultar los emails y demás que nos interesa antes de desaparecer del radar.
Pasaremos al noche en el coche en las cercanías del teleférico de Fuente De, ya que queremos aprovechar la primera tanda para subir arriba.


Es 30 de marzo. Amanece despejado y no excesivamente fría la mañana.


Peña Remoña recibe sus primeras luces de sol mientras esperamos que abran el teleférico.


Las salamandras campan despreocupadas por el asfalto.


Subimos con la primera vagoneta y llegamos arriba con ganas de disfrutar del espectáculo. Tesorero y Horcados Rojos, dos asequibles del Macizo Central.


Comenzamos a caminar por la pista de la Vueltona.


Atrás queda la estación superior del teleférico mientras caminamos por la nevada pista.


La Padiorna.


Nuestro objetivo es llegar al Collado de Horcados Rojos para contemplar al siempre impresionante Naranjo de Bulnes.


El Urriellu nos llama desde la lejanía. Quizás algún día...


Nieve y hielo en la otra vertiente.


Mientras tanto, el Picu se despide hasta la próxima.


De regreso al teleférico, el calor empieza a hacerse notar.


Antes de bajar nos despedimos de la Remoña, que hoy peina canas.


Impresionante el aspecto del aparcamiento. hemos hecho bien en madrugar.


Por la tarde, por aprovechar un rato el tiempo, nos hemos desplazado al otro lado de los Picos de Europa.


Dejamos atrás Covadonga.


Y alcanzamos los lagos.


Lago Ercina. A 14 ºC en manga corta.


Lago Enol.


Damos por terminada la jornada y nos recogemos a dormir que el día de mañana promete ser cansado.
Nos espera para el día 31 de marzo, el collado de Pandébano donde aparcaremos a primera hora de la mañana.


Las primeras luces nos iluminan y calientan el ambiente.


Nos desplazamos por la senda hacia la Tenerosa.


Atrás van quedando los metros recorridos.


Y pronto veremos aparecer la imponente mole del Picu Urriellu.


Impresionante paredón de caliza.


Uno podría pasar horas contempando el Naranjo de Bulnes.


Pero seguiremos adelante por el "sendero de los 20 minutos", como acordamos llamarlo tras la visita en agosto en que recorrimos la zona con niebla y todo el trayecto se nos informaba de que ésa era la distancia temporal que nos separaba del refugio...


No podemos dejar de detenernos a disfrutar de las magníficas paredes del coloso.


Hay que rodear su cara noroeste.


Y situarse bajo la imponente cara oeste


Antes de llegar al refugio de la Vega de Urriellu.


Donde tomamos un refrigerio y recordamos anécdotas de hace unos meses.


Panorámica a la vieja usanza.


Tras un rato disfrutando de la soledad del lugar, decidimos emprender el regreso, que nos premia con un magnífico mar de nubes.


Una panorámica antes de marchar bajo la sombra del Picu.


Abandonamos las nieves del Urriellu, que se despide con nubes.


Volvemos a pisar terreno conocido.


Llegamos al coche y de allí, pasando por Sotres, salimos de la montaña.


Dejamos atrás a las cabras que parecen mirar a otro lado para no despedirse.


Puesto que hemos madrugado, conseguimos alcanzar al mediodía el siguiente objetivo de hoy: Burgos. Todo ello a pesar de tener que seguir las indicaciones de cómo llegar de un paisano cántabro que nos mandaba girar a la izquierda en el primer DONUS (léase rotonda), cuando ésa era precisamente la dirección contraria. 


Al final llegamos a Burgos, con su catedral.


Sus portales ampliamente decorados.


Y su devoción por Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador.


Sin demorar demasiado nuestra marcha pudimos llegar a destino antes de la cena: Segovia la nuit.


Y fotografiarnos por primera vez con el acueducto.


Para el día 1 de abril, última jornada, nos hemos reservado un plan de turismo y gastronomía castellana que comienza donde terminó ayer el día, bajo el acueducto.


Qué curiosas sus piedras que no están unidas con nada más que con su propio peso.


Otra visión diferente del acueducto más famoso de la península.


La segunda parada: el Alcázar.


¿Quien se asoma entre las almenas?


Con una de las torres de la entrada.


Con éste, mejor no enfadarse.


Torres de vigilancia.


Desde donde vemos la Sierra de Madrid.


Los llanos castellanos detrás del Alcázar.


Y la ciudad de Segovia.


Que nos espera impaciente para darnos a degustar sus manjares.


Sólo hay que seguir la luz de la candela para acertar con el sitio ideal.


Vamos a cumplir con una sueño que venimos hace tiempo preparando.


Comer en uno de los mesones más famosos de Segovia un cochinillo asado al horno.


A punto de comer.


Como puede verse, las vistas son inmejorables si te toca la misma ventana que a nosotros.


Recién comidos, es hora de partir. Organizamos el maletero y emprendemos viaje de regreso a casa.


Se nos hará de noche, ya lo verás.


Efectivamente, tardamos casi 9 horas en recorrer el trayecto de Segovia a BCN vía Madrid, y es que las caravanas en la capital fueron imposibles de evitar.


En casa me esperaba una muy grata sorpresa, pero esa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión.