11 de setembre de 2002

TEIDE

Nos vamos a Canarias. Más concretamente a Tenerife donde nos esperan un montón de aventuras y escenarios por recorrer. Desde aquí damos las gracias a Tino y Montse, quienes nos han hecho un buen planning de qué hay que ver en la isla.


Partimos de Barcelona el 8 de septiembre aprovechando nuestra segunda tanda de vacaciones juntos.


En poco más de tres horas de vuelo estamos sobrevolando las islas afortunadas.


Donde llegamos pasado el mediodía con ganas de descargar las maletas y empezar a recorrer la isla.


Tenemos nuestro campo base en Puerto de la Cruz, en la zona norte de la isla.


Desde donde ya podemos divisar por primera vez el Teide, techo del territorio español.


Esa misma tarde nos dedicamos a pasear un poco por las calles de Puerto de la Cruz disfrutando de su sol, calor y atractivos.


Qué curiosas son sus playas de arena negra.


Nos recogemos en el hotel para descansar, ya que mañana empezamos en serio con el turisteo de chancleta.


Empezando por el Loro-Parque, una especie de zoo temático donde los loros se giran cuando ven la cámara.


Y los peces rojos nadan hacia el centro.


Mientras los peces grises se dedican a girar y girar.


Espectáculos con pingüinos en zona de clima muy templado.


Y de delfines juguetones.


Y saltarines.


Nuestro vehiculo en la isla, un Clio, ¡de los nuevos!.


Es día 10.
 Hoy nos metemos de lleno en el centro volcánico de la isla huyendo de la playa en busca de las alturas.


La Piedra de la Rosa, una curiosa formación rocosa a la entrada del Parque Nacional del Teide.


El Teide visto desde la zona de los Roques de García.


¡Qué ganas de alcanzar esa cima!.


Es mediodía y el calor aprieta mientras nos paseamos por los Roques de García, mientras deseamos para mañana una jornada como la que estamos disfrutando hoy meteorológicamente hablando.


Una de las más reconocibles estampas de la geografía española.


El medio más cómodo para alcanzar la zona superior del teleférico es meterse en estas cabinas.


Aunque si esa es tu manera de intentar ascender al Pico de Teide...


... puedes encontrarte que no subes por culpa del viento. Teniendo en cuenta que el permiso se tramita para un solo día... mal asunto.


Es temprano así que decidimos seguir camino hacia la costa para visitar el acantilado de los Gigantes y hacer así un poco de tiempo antes de acometer la empresa que tenemos encomendada para hoy.


Por la tarde regresamos al Parque Nacional.


Se inicia el camino desde el angosto aparcamiento (15 coches) situado en la base de Montaña Blanca a unos 2350 m. El sendero en este primer tramo es una pista ancha (cerrada a vehículos), y de fácil caminar. 



Podemos disfrutar al recorrerlo de las espectaculares vistas del Circo de las Cañadas, del Malpais y las coladas de lava volcánica que a lo largo de los siglos dejaron formas bellas y caprichosas, destacando por su volumen los Grandes Bloques de Obsidiana.


Croquis de nuestra ruta desde el Camino Viejo.


Nos preparamos para lo que nos espera: unos 800 metros de desnivel hasta el Refugio de Altavista, donde pasaremos la noche lejos de las comodidades y la piscina del hotel.


A punto para comenzar a caminar.


En la pista el solete no da tregua. Ni una sola sombra...


Bueno sí, las nuestras.


La pista rodea la Montaña Blanca y está expresamente prohibido salirse del trazado.


A pesar de las vueltas que eso obliga a dar.


Admirando la zona de la Fortaleza.


El sol empieza a esconderse por detrás de la montaña.


Una paradita para avituallar un poco. A tener en cuenta la ausencia total de agua en el recorrido.


Huevo del Teide.


La Fortaleza y detrás el Atlántico.


Las curiosas formaciones de los Huevos del Teide.


Tras aproximadamente 90 minutos de caminata, siempre por pista, se llega a la zona de Lomo Tieso. Allí se conservan las escasa ruinas del antiguo Puesto de Mulas.


Unos metros más adelante da comienzo el sendero sealizado (a 2725 m) que sube hasta el Refugio de Altavista y el Cráter.
El espectáculo del crecimiento de la sombra del Teide mientras subimos es digno de ser contemplado.


Poco a poco, la sombra se alarga y se sumerge en el océano.


Mientras tanto, seguimos ascendiendo por una pronunciada subida que en sus primeros 200 metros de desnivel es bastante pedregosa. Sobre la cota 2900 llegamos a la Estancia de los Ingleses (reconocible por las tres grandes bombas volcánicas que hay), donde podremos recuperar fuerzas antes de atacar la última dificultad antes de llegar al refugio de Altavista.


Un total de 500 m nos separan del refugio (desde el inicio del sendero), donde pasaremos la noche.
 Compartimos viandas,agua y charlas animadas con los montañeros que compartirán estancia con nosotros.


Acordamos subir un grupo juntos desde el refugio hasta la cima con intención de ver amanecer desde el cráter.
A las 5 a.m. del día 11.9.2002 salimos del refugio y el espectáculo es impresionante (la imagen está sacada de internet y se asemeja mucho a lo que pudimos contemplar esa madrugada).



Tras las clases magistrales de un chaval de la isla que nos enseñó dónde localizar algunas de las más conocidas constelaciones, iniciamos pausadamente el camino de subida.
El sendero se inicia en el margen izquierdo del refugio y continúa serpenteando y atravesando coladas de lava hasta la zona de miradores conocida como la Rambleta (3550 m), donde está situada la estación superior del teleférico.


Por el paso obligado de la cuerda y siguiendo el sendero Telesforo Bravo se afronta la sinuosa y empedrada ascensión por el Cono Cimero o Pilón que nos llevará en unos minutos al borde inferior del cráter (de acceso prohibido). 


A esta altura, aún se pueden ver, y sobretodo oler, las numerosas fumarolas sulfurosas que emanan desde las entrañas del volcán, ambiente que permanecerá constante durante toda la estancia en sus alrededores.


Continuando por el margen derecho del cráter alcanzaremos la cota máxima con las primeras luces del alba.


Hace frío, mucho frío y algo de viento.


Las primeras luces del día iluminan el cielo mientras esperamos pacientemente la salida del sol.


Un mar de nubes sobre el océano.


Por fin se despierta el día.


Tímidamente va subiendo muy cerquita de la isla de Gran Canaria.



Estamos rodeados de islas mientras observamos la sombra del Teide proyectada sobre ellas.


El sol va subiendo y calentará rápidamente el ambiente.


Carmina en la cima del Teide.


Mientras me dedico a grabar en vídeo la experiencia.


La sombra más grande de España.


Foto de cima a 3718 m.


Unos minutos antes, y por efecto del viento, mi gorra preferida ha volado varios metros hacia abajo y gracias a Carmina no se ha perdido en las laderas del Teide. 
Gracias princesa por recuperar mi tesoro.



El espectáculo de ver amanecer desde esta cima es un placer indescriptible que hemos intentado trasmitir con estas instantáneas correlativas.



Con el trabajo hecho, decidimos empezar el descenso acompañados de Helena y "Er Davi" (David...)


Nos despedimos del Teide y de su cima.


Una panorámica a la antigua usanza analógica.


Descendemos rápidamente hasta la Rambleta y cruzamos la Cuerda, punto fronterizo guardado durante las horas de funcionamiento del teleférico. En este punto y en dicho horario, la guardería del Parque nos requerirá el permiso necesario para ascender hasta el cráter. En caso de no tenerlo, se nos impedirá la subida a la cima.


En la cuerda.


Estación superior del teleférico desde el sendero Telesforo Bravo.


Con el Pilón desde la Rambleta.


Felices con el objetivo cumplido.


Comenzamos el descenso atravesando las coladas de lava que no hemos visto en nuestra ascensión nocturna.


Curiosas formaciones y abrasivo terreno no apto para un mal calzado.


Nos vamos alejando del techo español.


Inmensas formaciones rocosas en nuestro camino de regreso al refugio.


Mar de nubes y mucho viento.


Coladas de lava.


Se aprecia como el sendero atraviesa la ladera.


Atravesando la lava vamos dejando atrás el Teide.


Y vamos acercándonos al refugio.


El océano en el horizonte.


Al fin, el merecido descanso se acerca.


Nos detendremos en el refugio a hidratarnos, ponernos crema y aligerar un poco de ropa.


Carmina tomando un poco el sol.


Preparando las mochilas con lo que habíamos dejado en el refugio para no cargar con peso innecesario.


Desde el refugio podemos observar prácticamente la totalidad del camino que tenemos por delante.


Descendemos Lomo Tieso hasta los Huevos del Teide.


Mi mayor error, la cantidad de crema solar que me he puesto. Por culpa del sudor se ha derretido en parte y me ha entrado en los ojos. Voy a sufrir una bajada de lo más dolorosa ya que no tengo modo de aliviar el escozor. ¡Qué ganas de llegar al coche y poder limpiarme a gusto y a fondo!.


Sonrientes en el camino de descenso.


Con los llanos de Ucanca a nuestra espalda.


Tierra volcánica, paisaje lunar.
¿Lo más curioso?
Encontrar a un tipo a pocos metros del aparcamiento, sin camiseta, resoplando y con un botellín de agua casi vacío preguntando:
-¿Falta mucho para el Cono?
- Hombre...


En la pista, ya llegando al coche


Un último vistazo al Teide.


Croquis de la totalidad de la ascensión.



Sobre ortofoto.



Por la tarde, tras la necesaria cura ocular, un rato en la piscina para relajarse tumbados al sol y disfrutar del trabajo realizado.


El día 12 seguimos con nuestro turisteo por la isla. Le toca el turno a Icod de los Vinos con su Drago Milenario.


Con el Drago.


Animalejos.


Menudo par de loros.


El faro de Garachico.


Y sus ventiladas y abruptas costas desde donde observar los Gigantes desde el norte.


Y, por último, las playas de Santa Cruz de Tenerife, donde tumbarse un ratito al sol es máximo riesgo de acabar tostado como una gamba.


Es hora de dar por terminada nuestra vista a la isla de Tenerife de donde marchamos con los deberes terminados, prácticamente todo el planning inicial cumplido y el Teide a nuestros pies.


Qué morenitos volvemos.


Con que ganas nos quedaríamos más días...


El futuro se presenta incierto. ¿Qué encontraremos tras las nubes?


Sólo el futuro nos lo revelará.


Prácticamente la totalidad de las imágenes son escaneadas de fotos analógicas sacadas en nuestro viaje en septiembre de 2002, excepto algunos croquis sacados de internet y la imagen de la Vía Láctea sobre el refugio de Altavista que corresponde al fotógrafo Uli Fehr.