2 d’abril de 2006

Monte Perdido

Esta es la historia de como 13 hombres cumplían un sueño: ascender al tercer pico más alto de la cordillera pirenaica en condiciones invernales.
Monte Perdido con sus 3355 metros se alza majestuoso en el centro del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido. Flanqueado por sus hermanas menores, el Cilindro de Marboré y la Soum de Ramond (las Tres Sorores), domina la cabecera de los cuatro valles que forman el parque: Ordesa, Pineta, Añisclo y Escuaín.



Eran casi las 8 de la mañana del sábado 1 de abril cuando partía de Barcelona un montañero en busca del resto de una expedición que tenía como objetivo coronar Monte Perdido el domingo 2 de abril de 2006 en condiciones invernales. Atrás quedaban los preparativos previos, los nervios por la meteorología, las llamadas al refugio de Góriz...
Casi al mismo tiempo, un grupo de 12 montañeros partía de Euskadi en dirección a Nerín donde iban a encontrarse conmigo a mediodía.
Las 13 horas: ya estamos juntos y en marcha. La meteorología nos respeta, ya que a medida que avanzamos por los llanos bajo Sierra Custodia, el sol va imponiendo su presencia en el cielo. Las vistas hacia la cumbre de Monte Perdido y sus alrededores son impresionantes. Ante nosotros se alzan majestuosos un puñado de montañas que superan los tres mil metros de altura, las cámaras sacan humo.
Tras una pesada ascensión con nieve blanda nos plantamos en la cresta de Sierra Custodia. Sólo nos falta atravesar todo el cordal para coronar la cumbre de Punta Custodia (2519 m).


Desde aquí se adivina a lo lejos la inconfundible silueta del refugio de Góriz, donde llegaremos en una hora y media. A las 19 horas estamos los 13 sentados alrededor de una mesa degustando la copiosa cena con que nos obsequian en el refugio: lentejas, ensalada, carne con salsa y de postre mousse de limón.
El cansancio se deja sentir y tras decidir el horario para el domingo cada uno se deja alcanzar por los brazos de Morfeo.

TIT-TIT-TIT-TIT-TIT-TIT-TIT-TIT-TIT-TIT-TIT-TIT...

Son las 5:30 de la mañana y el refugio despierta. Se escuchan todavía algunos ronquidos que poco a poco dejan paso a las voces aún soñolientas de los ilusionados montañeros que ven con esperanza una cúpula de estrellas en el cielo que presagia un día de sol y calor. Eso significa que las posibilidades de hacer cumbre son mayores.
A las 6:45 de la mañana, ya desayunados, empezamos la ascensión aún de noche. Las raquetas de nieve permiten avanzar por la nieve helada de una forma bastante penosa, así que tras un primer tramo de 300 metros de desnivel, la mayoría de nosotros decide sustituirlas por los crampones, mucho más cómodos y mucho más indicados en este tipo de terreno.
Tras atravesar la llamada Ciudad de Piedra (un mar de enormes bloques de roca dispuestos al azar, pero que en invierno se encuentran cubiertos por la nieve) nos plantamos junto al Lago Helado. El lago está cubierto de nieve, así que no hay posibilidad de contemplarlo. Estamos a 3000 metros de altitud y tenemos ante nosotros la famosa Escupidera (punto negro del Pirineo donde no pocos montañeros han perdido la vida persiguiendo un sueño).


Detrás de mí escucho unas palabras que me sacan de mi letargo: "Marc, vamos". La voz de Josu me devuelve de nuevo a la realidad. Me había quedado embobado contemplando la magnífica, hermosa y tan potencialmente peligrosa Espudidera. Nos faltan unos 300 metros de desnivel para coronar la cumbre.
Nos ponemos en marcha. Los crampones en las botas y los dos piolets nos dan una sensación de seguridad añadida. A pesar del respeto que me impone estar allí arriba y sabiendo que un resbalón en ese punto tiene muchas posibilidades de ser el último, avanzo sin dificultad por la marcada huella abierta en la nieve. La huella desaparece casi en la parte final de la Escupidera, donde cada uno dirije sus pasos hacia la parte alta intentando escapar de la trampa mortal que supone permanecer en medio de la cuesta con el precipicio detrás.


Son las 10 y pocos minutos de la mañana cuando supero los últimos metros que me separan de la cumbre de Monte Perdido. Estamos a 3355 metros y las vistas son impresionantes. Foto en la cumbre y panorámica de postal que muy probablemente sea incluída en el libro de fotos del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido que estamos preparando.


Unos minutos en la cumbre y decidimos afrontar la bajada. La Escupidera nos espera de nuevo. Está dormida y tranquila, aunque nunca se sabe cuando puede despertar. Es por ello que tomamos la decisión de sacar la cuerda y unir nuestros destinos durante unos minutos. Josu se encarga de los nudos y yo de las fotos a la bajada.


Cada paso que damos hacia el abismo nos acerca un poco más a la vida y nos aleja un poco más de las 5 entradas del infierno. Esas 5 entradas son los 5 embudos de nieve y roca por donde son tragados los desafortunados que tienen la mala suerte de sufrir un resbalón en la Escupidera. Cada embudo desemboca en una caída mortal de más de 100 metros de desnivel de donde nadie sale vivo. Es impresionante la sensación de estar andando por la huella abierta en la nieve que Richi definió como "una delgada línea que separa la vida de la muerte".


Josu me para un par de veces con estas tranquilizadoras palabras: "No resbales ahora que he dejado los piolets en la nieve y si te caes, nos vamos abajo". Disfruto de la bajada como no hubiese hecho de no ir encordado. Me da una enorme sensación de seguridad el hecho de estar ahí atado a él.
Un par de cientos de metros más abajo, la pendiente da un respiro. Hemos dejado atrás los 5 embudos y ahora podemos soltar las cuerdas y empezar a disfrutar de la nieve. Cada uno baja hasta Lago Helado de distinta manera: hay quien lo hace corriendo, otros andando, otros sentados en la nieve como si de un enorme tobogán se tratase y otros aprovechan para practicar paradas de seguridad.
En el refugio de Góriz nos espera un reconfortante descanso bajo el sol. no queremos demorar mucho nuestro regreso a los coches ya que nos esperan todavía unas horas hasta alcanzarlos. La nieve está blanda de nuevo y las raquetas de nieve vuelven a ser protagonistas. El regreso por Sierra Custodia se convierte en un pequeño calvario debido a las condiciones de la nieve y a la osadía de los montañeros al desafiar a la montaña: Cada uno cogió el camino que mejor le pareció y lo afrontó de la mejor manera que supo. Al final todos llegamos a la cresta y de allí a los coches sólo uno kilómetros.
Cansancio, satisfacción, ampollas, agua en las botas, felicidad y nuevos proyectos se juntan en el momento de la despedida. Cada uno parte hacia su destino. Cada uno regresa a su vida, una vida que volverán a arriesgar saliendo al monte la próxima semana.

¿ESTÁN LOCOS O BUSCAN LIBERTAD?

2 comentaris:

yildelen ha dit...

Para una enamorada de Ordesa como yo.. tu relato me ha puesto los pelos de punta y emocionado a la vez. Las fotos lo dicen todo :o).

Rosa ha dit...

Pues la verdad es que la escupidera acojona y por lo que contais no se si podre subir algun dia!!!!!!!!!!!!!!!!