23 de juliol de 2006

Astazou 3071

Es de noche, el cansancio me invade mientras las luces cegadoras de los otros coches impactan en mi retina dañando mis ojos. Ya queda poco. Hace tres horas que hemos salido de casa. Es pasada la medianoche cuando detengo el coche en el aparcamiento del valle de Pineta. Nos esperan. Mañana toca madrugar así que pronto recogemos los trastos y nos echamos a dormir dentro del coche.
Son las 6 de la mañana del sábado cuando el despertador indica la hora de despertar. En poco rato las altas cumbres de más de tres mil metros se tiñen de un anaranjado color pastel. Es hora de emprender la marcha.


Los primeros pasos a través del bosque invaden nuestros sentidos de mil y una sensaciones: cataratas, helechos, piedras, abejas, árboles, malta, acebo, mariposas de mil colores y el ensordecedor canto de los pajaros...


El calor aprieta de mala mañana y la subida que hay frente a nosotros la tomaremos con calma disfrutando del espectáculo.



La suerte nos acompaña en nuestro camino al toparnos con plantas nunca sencillas de localizar, entre ellas lirios, edelweiss e incluso un martagón.


Aunque el momento más afortunado de la mañana se da cuando localizamos una corona de rey en flor. Se trata de una curiosa planta que echa flor una sola vez en la vida. Cuando dicha flor se marchita, cae y deja como testigo mudo de su paso efímero por el mundo, una roseta basal de color verde muy característica.


Los motores se van calentando y en unas horas nos plantamos en la parte baja del embudo de Pineta.


Este lugar es tristemente conocido por ser un clásico punto negro de accidentes de montaña: en invierno los aludes se suceden por las vertiginosas laderas que en este punto toman las montañas oscenses, en verano los despistes han llevado a más de un montañero a despeñarse por alguno de los precipicios que caen al valle.
Tras un buen rato de larga ascensión podemos admirar el camino recorrido. Un serpenteante sendero que permite a los osados llegar al llamado Balcón de Pineta.


La recompensa es mayúscula. Allí nos espera el glaciar colgado de la cara norte del Monte Perdido, que se encuentra en triste y claro retroceso.


Tras un ligero tentempié en el Balcón, encaminamos nuestros pasos hacia nuestro destino de hoy: el lago de Marboré cuyas aguas de color turquesa reflejan la llamada Brecha de Tucarroya, donde se ubica el refugio de Tucarroya.


Tras deliverar un rato decidimos no subir al refugio y aprovechar la buena temperatura y las buenas perspectivas climatológicas para plantar la tienda en un mirador privilegiado frente al glaciar.


Una siesta, un paseo sin mochila por la tarde y pronto se hace la hora de cenar. Tras ello, las últimas fotos de la tarde no sin antes empezar a pensar en la subida que nos espera mañana hacia uno de los picos más altos del lugar: el Grand Astazou de 3071 metros de altura.


El sueño reparador acaba a las 6 de la mañana. Hace fresco, pero se está genial. El calor sofocante de la ciudad aquí no existe. Llevo puesto mi goretex en pleno mes de julio y no me sobra...sencillamente genial. Las primeras luces de la mañana doran los hielos del glaciar mientras nuestros pasos se encaminan hacia el oeste.


Un par de sarrios beben agua mientras observan atentos nuestras evoluciones. Al ver que vamos en su dirección trotan alegremente unos metros más abajo huyendo de nuesTras cámaras, pero no de nuestras miradas.
El paso es lento ya que de otra manera sería imposible admirar la belleza de este paisaje lunar.
Nuestro camino hacia el Astazou cruza varios neveros que dan pequeñas pinceladas blancas en el desierto de roca ocre y gris de estos parajes.
Un sinuoso camino por una canal nos situa en lo alto del collado de Swan juasto en la frontera con Francia. Los precipicios hacia el país galo son realmente impresionantes.
Dejamos las mochilas en un rellano y nos dirigimos decididos monte arriba. Las pequeñas trepadas se suceden mientras nuestros pasos van directos a la cresta cimera. Estamos a más de 3000 metros de altitud.


Un par de pasos delicados nos situan en nuestro objetivo. Hemos llegado a la cumbre.


De camino a las tiendas comemos algo, recogemos bártulos y nos despedimos del glaciar sabiendo que la próxima vez que lo veamos será un poco más viejo, un poco más pequeño... pero igualmente bello e imponente.

2 comentaris:

Kepa ha dit...

le tengo muchas ganas a esta zona....

Raul ha dit...

Me ha encantado el relato y las fotos. Esbuimos en pineta el año pasado pero el mal tiempo no nos dejo subir al balcon.

El valle es precioso y por lo que veo la zona de arriba tambien. Tras leer vuestra historia me han entrado ganas de volver.

Un saludo