12 d’agost de 2006

LAS NIEVES DEL KILIMANJARO

DE VIAJE:
Ha llegado el día de marchar, los nervios por partir se juntan con la desesperación de no saber si podremos alcanzar nuestro objetivo. El retraso es considerable en el aeropuerto de Barcelona, donde nos hacen esperar más de dos horas para coger nuestro vuelo a Bruselas...Finalmente partimos hacia Bélgica contentos por iniciar la aventura.


Durante la cena nos consignamos para pasarlo lo mejor posible sin contar con el resultado más apetecible: hacer cumbre en el Kilimanjaro dentro de unos días. Vamos a intentar disfrutar al máximo del trekking.



Es lunes por la mañana, llueve ligeramente en la capital belga mientras nuestro contacto allí nos deja en el aeropuerto. Empiezan los problemas con las autoridades, quienes nos indican que nuestros bastones telescópicos de trekking son armas intimidatorias. Los dejamos en el aeropuerto y embarcamos rápidamente en el avión que nos ha de conducir hasta Nairobi, capital de Kenia. Sobrevolamos los Alpes.


Entramos en África. Nos queda todavía mucho vuelo por delante.


¿Encontraremos monos?... Lo que hace el aburrimiento.


Debemos llegar hasta aquí.


Allí nos espera un hombre; nuestro contacto africano lleva un cartel con nuestros nombres escritos. Nos saluda y en una furgoneta vieja nos lleva hasta el hotel donde pasaremos nuestra primera noche africana.


El hotel de Nairobi.


Son las 7:00 de la mañana del martes. Nos recoge tras el desayuno el primero de varios autobuses que vamos a coger ese día para cubrir los aproximadamente 250 km que separan la capital keniata de la localidad de Moshi en Tanzania, a los pies del Parque Nacional del Kilimanjaro. Nos metemos de lleno en la hora punta Keniata.


Itinerario del bus entre Kenia y Tanzania. Menudo viajecito nos espera; sin duda lo peor de todo el viaje a África.


Parada técnica en la gasolinera.


Interior del bus: calor, cansancio y ganas de ir al baño constantes.


Una tierra de contrastes es la que observamos a través de las ventanillas del bus mientras los kilómetros de asfalto corren bajo las ruedas.


¡Hala Madrid!


Coloridas casas.


Una de las múltiples tiendas de souvenirs donde el bus se detuvo.


Cambiando de autobús y controlando que el equipaje cambiaba de bus con nosotros.

Un vistazo a través de la luna delantera del autobús... ¿falta mucho?.


A mitad de trayecto el autobús se detiene para poder pasar la frontera entre Kenia y Tanzania, donde pagamos nuestro visado, al igual que hicimos ayer en el aeropuerto de Kenia, para poder entrar en el país.


Tras la frontera, el panorama el mismo.



Es curioso ver como los animales como las jirafas son aquí tan comunes como podrían ser en casa unas ovejas o unas cabras al lado del camino.


Otro largo trayecto de autobús y finalmente alcanzamos nuestro destino, Moshi. El Kilimanjaro se esconde sobre las nubes y no alcanzamos a verlo. Pero podemos disfrutar de la vida de los lugareños: viven y trabajan en la calle.


Un masai nos cierra la puerta del hotel. Cara de pocos amigos.


Las mosquiteras de la habitación cubren las camas por completo. Da miedo pensar lo que nos sobrevolará durante la noche.


Antes de la cena, conocemos a Joseph (nuestro guía) y a Dhruv, un indio residente en Londres de tan solo 21 años que viaja solo por África desde hace unas semanas.
Durante la cena, en que probamos el antílope a la brasa, comentamos con unos estadounidenses la dificultad de la ruta y sobretodo el tema estrella: el mal de altura.
Mañana comienza el show.

El miércoles por la mañana nos recoge un autobús que nos lleva hacia la entrada del Parque Nacional del Kilimanjaro, lejos del acoso de los masais que intentan venderte en todo momento mil y una baratijas. En la entrada del parque nos inscribimos, como mandan las leyes del parque, en el registro y pronto nuestras pertenencias pasan a formar parte de los cientos de paquetes que cargan sobre sus cabezas los porteadores. Estamos a punto de empezar a caminar hacia el techo africano. La ruta Marangu ( o ruta Coca-Cola es la elegida).


Llegamos a la zona de inscripciones y hacemos la cola correspondiente para dejar constancia de que hoy empezamos el trekking.


Libro de registro. A partir de hoy, cada día habrá que firmar en un libro en cada campamento.


Contentos y preparados para iniciar la ruta.


Carmina prepara su cámara. Tenemos baterías nuevas recién cargadas, ya que no podremos usar los cargadores hasta el día que regresemos a la civilización.


La gente del lugar se organiza en grupos.


Los porteadores cargan desde las mochilas más pesadas hasta bombonas de butano, es verídico.


Excursión de colegio.

DESDE MARANGU GATE HASTA MANDARA HUT

Por fin: COMENZAMOS.


Kilimanjarica.


Una vez inscritos y preparados, comenzamos a caminar a través de una espesa jungla. Nos acompaña un numeroso grupo de personas. Por cada tres o cuatro personas hay un guía, que se encarga de dirigirnos a través de la senda de tierra mojada. Los árboles presentan un impresionante tamaño.


Empezamos a escuchar unas palabras en swahili, POLE-POLE, que vienen a ser la traducción de DESPACIO-DESPACIO. Es una especie de norma no escrita o de regla del Kilimanjaro. Si vas despacito y te encargas de hidratar bien tu cuerpo, la montaña te permitirá aclimatarte a la altura y conseguirás llegar a la cumbre. A pesar de lo sencillo de dichas reglas, no poca gente se quedó en el camino.


Curiosa flora la que puebla el parque.


Tras una hora y media de caminar pausado a través del espeso verde africano llegamos al lunch-point donde reponemos fuerzas con un par de cosillas que nos ha preparado nuestro cocinero.


Reanudamos nuestro camino a través de los inmensos árboles y las tupidas formas de líquen que cubren toda la vegetación. Carmina es "atacada" por una colonia de hambrientas hormigas mordedoras que han entrado a través de las polainas al detenerse sobre un tronco infestado de ellas. No es peligroso, pero sí incómodo. A mí no me han atacado, pero sufro desde hace un rato una sensación de malestar extraña. Es imposible que sea mal de altura porque estamos a unos 2400 metros y a esa altitud mi cuerpo no tiene que acusar la altura. Para mí que son los nervios.


Los monos trepan por los árboles, pero se muestran tímidos.


El final de la jornada lo encontramos en Mandara Hut, una especie de campamento donde dormiremos tras haber cenado copiosamente lo que nuestro cocinero nos ha preparado.


La jornada de hoy ha sido de lo más relajada. Una toma de contacto con la montaña.


Nos preparan agua y jabón para asearnos un poco antes de la cena.


Curioso aperitivo: galletas con palomitas.


Cenamos y a las literas.La noche es lluviosa. Tengo que salir varias veces apremiado por mi vejiga, que acusa demasiado la cantidad de litros de líquido a ingerir (unos 4 al día por persona entre agua, zumos, caldos...). Llegan los transtornos intestinales, más serios en el caso de Carmina, quien tiene que sufrir ese malestar hasta el final del trekking...cuatro días más tarde.

DESDE MANDARA HUT HASTA HOROMBO HUT

Partimos de buena mañana del campamento de Mandara en dirección al cráter de Maundi.


El jueves por la mañana el sol aparece por primera vez desde que llegamos a África. Hoy quizás podamos ver al esquivo Kilimanjaro.


Nuestros pasos se dirigen hacia las cotas más altas del bosque y pronto lo abandonamos para pasear un poco por el cráter del extinto Maundi, desde donde unas magníficas vistas hacia el Kilimanjaro hacen de él un inmejorable mirador. Hoy las nubes siguen estando sobre el coloso y no lo podemos ver.


Nuestros pasos atraviesan las zonas de baja vegetación conocidas como MOORLAND. Senecias, lobelias...sustituyen a los inmensos árboles y a las miles de flores de kilimanjarica que habíamos visto el día anterior. El calor es sofocante bajo el sol africano. Nuestra vejiga sigue apretando a medida que vamos ingiriendo más y más agua.


Nuestro lento caminar nos permite saludar a todos y cada uno de los porteadores que se cruzan con nosotros: JAMBO.


Un grupo de Cádiz para quienes el Kili será su primera montaña...


Especie de ave carroñera endémica de la zona cuya omnipresencia es similar a la de las chovas en Pirineos.


Letrina. Yo prefiero ir al campo, sinceramente.


Una paradita para comer y nos quedan sólo un par de horas hasta llegar a nuestro objetivo de hoy, las barracas de Horombo.


Allí llegamos sobre las 5 de la tarde.


Nos inscribimos y mientras esperamos para cenar somos testimonios de un impresionante mar de nubes a nuestros pies que no nos abandonará hasta que marchemos del monte unos días más tarde.


Estamos más o menos a la misma altura que el Teide y un ligero dolor de cabeza parece querer adueñarse de mí. Nada que un paracetamol y un sueño reparador no puedan aliviar.


Nos aseamos como cada tarde en la puerta de nuestra cabaña. hoy tendremos como compañeros de habitación a dos ucranianos, padre e hijo, que nos ofrecerán vozka antes de ir a dormir. Seremos testigos de como cambian sus vaqueros de caminar por una comodísima ropa de monte para dormir... ¿¿¿???.


Precioso momento en Horombo Hut.


Aperitivo antes de la cena. El agua sabe a frankfurts...


Mar de nubes y contraluz.


Tras la cena, unas fotos a la luna llena que ilumina las nubes antes de afrontar nuestra segunda noche en altura.


Las excursiones nocturnas para vaciar la vejiga siguen siendo bastante frecuentes y los problemas intestinales se van arreglando en mi caso mientras insisten en mantenerse en el caso de Carmina. Yo me tomo una aspirina para superar el ligero mareo que tengo desde que hemos acabado de cenar.

DE HOROMBO HUT A KIBO HUT

A primera hora de la mañana abandonamos el campamento de Horombo Hut dirección al último refugio de la ruta Marangu: Kibo Hut.


Nos espera una dura jornada en las arenas de The Saddle, con un sol abrasador y a demasiada altitud para muchos montañeros que verán finalizar en esta jornada su ruta por el Kilimanjaro. Los primeros en salir, como siempre, los porteadores.


Es viernes por la mañana. Nuestro lento caminar a través del desierto nos permite ver por primera vez y en su totalidad el cono cimero del Kilimanjaro. Impresiona ver un gigante tan de cerca y saber que estás intentando encontrar su punto débil para coronarlo.


Joseph sigue insistiendo en el POLE-POLE mientras vamos caminando dirección al coloso.


Un reguero de gente sigue nuestros pasos y a su vez nosotros seguimos los de otros.


Última señal de agua. A partir de aquí, toda embotellada.


Una paradita para descansar y contemplar el paisaje, que vale la pena.


La vegetación ha ido desapareciendo a medida que hemos ido subiendo metros desde el nivel del mar. Cada vez vamos más despacio, el paisaje invita a la contemplación y las cámaras de fotos sacan humo.


Da miedo pensar en esta zona en días de niebla... no hay referencias y es prácticamente llana. Se trata del desierto de arena, The Saddle. Al fondo el Mawenzy.


Caminando por el desierto.


El desierto recorrido por la autopista hasta Kibo Hut.


A mitad de camino nos volvemos a detener para comer algo.


Vemos como unos porteadores arrastran una camilla sobre la que descansa un montañero aquejado del SEVERE MOUNTAIN SICKNESS (mal agudo de montaña). Es una montaña sencilla de ascender porque técnicamente no requiere de experiencia en técnicas complicadas de ascensión, escalada, progresión glaciar... No hace falta conocer un amplio abanico de nudos ni calzarse crampones, ni llevar piolet...eso hace que mucha gente infravalore el poder de una montaña de casi 6000 metros de altitud. Los desniveles diarios a superar son superiores a los 1000 metros por jornada, sin tiempo para que el cuerpo se aclimate debidamente a la altitud. Muchos son los que lo intentan, pero un vistazo el primer día te permite apostar por quien tiene posibilidades a priori de alcanzar la meta. Al final no hay apenas sorpresas: los montañeros alcanzan casi en su totalidad la cumbre; en cambio los turistas, esos que visten vaqueros, fuman medio paquete en cada excursión y cargan con una botella de ginebra desde Marangu Gate... a esos la montaña los rechaza a medida que van alcanzando cotas más elevadas.

Es en este punto donde mucha gente empieza a abandonar. Estamos sobrepasando los 4000 metros de altura y el cuerpo experimenta una serie de sensaciones un tanto extrañas: como si estuviésemos dentro de un traje de astronauta: movimientos lentos, cuesta pensar y respirar. Un ligero mareo nos acompaña, pero no es grave. Es la altura.


Un ratoncillo de campo da buena cuenta de las naranjas que le ofrecemos.


Seguimos nuestra ruta por The Saddle hasta las puertas de Kibo Hut, el último refugio antes de la cima. Kibo Hut, donde un cartel nos indica el recorrido de mañana.



Tenemos ganas de descansar un rato y comer algo, aunque lo más importante es beber, y mucho.


Nos encontramos a 4750 m de altura en un refugio que sirve de paso a los montañeros. Normalmente unas horas de sueño y algo de comer separan a los montañeros de la gloria.


Una vez en Kibo Hut, tras una accidentada tarde de malestar estomacal por parte de Carmina (fue en este viaje cuando descubrimos ciertas intolerancias alimentarias que mermaban sus fuerzas) y una cena a primera hora de la tarde nos retiramos a descansar a nuestras literas. Intentaremos conciliar un poco el sueño.


Nos despiertan a eso de las 23h y nos ofrecen algo caliente para antes de salir a la fría noche africana. Nervios, ganas de empezar e incertidumbre por el resultado final se mezclan en mi cabeza.


DE KIBO HUT A GILMAN'S POINT


Es medianoche en África cuando partimos del refugio. Las luces de los frontales las mantenemos apagadas ya que la luz que refleja la luna llena es suficiente para ver por donde caminamos. El reloj justo cuenta los primeros segundos de un nuevo día, es sábado Empezamos a 4700 metros. POLE-POLE, hoy más que nunca hay que ir despacio. No hay prisa.

Somos muchos entre montañeros y guías los que atacamos esta noche la morada del gigante africano. En nuestro grupo somos 5: los guías (Joseph & "Good Luck" Christopher), Dhruv, Carmina y yo. Empezamos juntos pero pronto el grupo se separa debido a que Carmina necesita llevar un ritmo más pausado.
Christopher, Dhruv y yo vamos adelantando a mucha gente, muchos turistas y bastantes montañeros a quienes vemos faltos de fuerza física y mental. Nuestro caminar es lentísimo si lo comparamos con la forma normal de caminar que tenemos por el monte, pese a ello parece que vamos lanzados. El camino zigzaguea por un interminable pedregal. A eso de la 1:30 a.m. alcanzamos la cota de 5000 metros. Me encuentro genial, con fuerzas, sin dolor de cabeza ni malestar intestinal. Sólo estoy preocupado por Carmina, ella está más atrás y no sé cómo se encuentra. Tampoco sé si podremos compartir juntos el momento en la cumbre.
Sobre la cota 5400 m oimos un saludo. Mi corazón salta de alegría. Son Carmina y Joseph que nos han alcanzado. Su ritmo ha sido el mismo desde el principio, en cambio el nuestro lo hemos variado varias veces debido a que Dhruv cada vez se encuentra más cansado, se duerme andando.
Paramos a reponer fuerzas con una taza de té caliente, pero a mí ese parón me afecta negativamente a pesar de la gran alegría de saberme cerca de la cumbre y con Carmina a mi lado encontrándose divinamente. El intenso frío de la noche africana cala en mis huesos. Necesito reanudar la marcha.


Esta vez es Dhruv quien se queda atrás con Joseph mientras Christopher guía nuestros pasos, los de Carmina y míos, hacia el borde del cráter a 5681 metros. Estamos en Gilman's Point. Hace una media hora que un persistente dolor de cabeza me preocupa. Puedo andar bien, no estoy cansado, ni fatigado, ni me cuesta respirar. Sólo tengo dolor de cabeza. Los guías me dicen que es un hecho muy frecuente en las inmediaciones de Gilman's Point.

Abrazos, felicitaciones y prisa por abandonar Gilman's Point a las 5:12 a.m.



DE GILMAN'S POINT A UHURU PEAK (5895 m)


El frío de la madrugada alcanza sus mínimos con el viento que sopla en el recorrido por la arista. Estamos a -15ºC. Cada vez es más frecuente ver a los montañeros abandonando su objetivo. Muchos han decidido dejar la montaña en Gilman's Point. Los que seguimos adelante cada vez somos menos. Entre los pocos que quedamos muchos tienen que detener frecuentemente sus pasos, la montaña se cobra su tributo.

Al contrario que la gran mayoría, mi dolor de cabeza ha desaparecido totalmente desde que abandonamos Gilman's Point de camino a la cumbre hace aproximadamente media hora.
Son las 6 y pocos minutos de la mañana cuando las primeras luces del día tiñen de tonos malva el cielo.


Ante nosotros el espectáculo de desolación de las últimas horas se torna del color azulado del hielo. Grandes bloques de hielo glaciar ante nosotros. Estamos ante las nieves del Kilimanjaro.


Un rato después somos alcanzados por Joseph y Dhruv, quienes han mejorado su ritmo desde que alcanzasen Gilman's Point un poco después que nosotros.
Amanece por fin en la montaña africana. Me siento eufórico esperando que llegue el primer rayo de sol que ilumine por fin nuestros rostros y caliente nuestro cuerpo. No se hace de rogar demasiado. Son las 6:45 a.m. Está amaneciendo.


Mientras todos se sientan al abrigo de unos grandes bloques de piedra en las inmediaciones de Stella Point (punto de unión de la ruta Marangu, la nuestra, con la ruta Machame), yo me dedico a sacar infinidad de fotos del amanecer, los glaciares, las montañas lejanas (Mawenzy, Meru...).


Me siento a disfrutar del espectáculo, cada vez nos falta menos...


Ya falta poco. A lo lejos diviso el cartel que indica que hemos llegado al techo africano. Estamos en la cumbre del Kilimanjaro.


Una foto a los glaciares cercanos a la cima. Zona muy peligrosa nos comentan los guías.


Espectacular cráter.


Un pasillo de aristas de nieve nos conduce hacia el objetivo final.


Paramos muchísimo a celebrar el éxito, seguimos adelante sin prisas.


Dhruv en la cima del Kilimanjaro con un globo tan brutal que horas después no recordaba haber estado en la cima. Sólo lo creyó al ver el registro de imágenes de su cámara.


El GPS marca 5890 metros y no tengo tiempo de dejarlo para que se termine de calibrar a 5895 m. Hemos roto nuestro techo.


FOTO DE CIMA EN EL KILIMANJARO 5895 m: Qué decir de ese momento? Me invade una alegría inmensa. Los nervios y presiones de los últimos días dejan paso a un torrente de felicidad por haber alcanzado el objetivo juntos, por tener a Carmina a mi lado en todo momento. Un gran viaje comenzó hace muchos meses y en la fría mañana africana llega a su punto culminante. Gracias por hacer realidad este sueño.


Abrazos, besos, fotos y rápidamente hacia abajo. No es bueno permanecer a tanta altitud mucho tiempo. Los guías insisten en descender cuanto antes, eso sí, nada de POLE-POLE; esta vez el descenso será HARAKA-HARAKA, es decir, rápidamente.



El regreso a Kibo Hut lo hacemos mucho más rápidamente que la subida a la cumbre. Estamos perfectamente aclimatados y se nota en la forma de disfrutar la bajada corriendo por los canchales de piedras. Un descenso de unos 1000 metros por la mejor pedrera que hemos corrido jamás.


En cambio Dhruv, que cada vez se ha sentido más cansado tiene que ser ayudado a regresar desde Gilman's hasta un centenar de metros más abajo por Joseph y Carmina y por los dos guías hasta el refugio. La montaña le ha pasado factura a pesar de haberle permitido subir hasta Uhuru Peak.


El único modo de recuperar fuerzas es dormir.


Las caras de felicidad-cansancio extremo son para enmarcar.


Tras dormir unas horas, Drhuv se recupera y podemos reemprender la marcha hasta las cabañas de Horombo donde nos espera una merecida cena y el descanso de la primera noche sin excursiones urgentes para vaciar la vejiga.


Al día siguiente nos esperan unas horas de descenso tranquilo desde Horombo Hut hasta Marangu Gate. Sol, felicidad por el reto superado y muchas sensaciones difíciles de narrar.


Los monos dejan de esconderse y salen a saludar a quienes la montaña ha dejado subir.


Caminando por el Forest hacia Marangu Gate.


Marangu Gate, punto final del trekking.


Normativa del Parque Nacional del Kilimanjaro.


Este señor administrativo no necesita ordenadores para dar los certificados que acreditan a cada cual su hazaña.


Como era de esperar en una cultura sin ordenadores, no hay errores. Estamos en la lista de Uhureros.


Nos entregan el certificado de haber ascendido al punto más elevado de la geografía africana: UHURU POINT a 5895 metros. Lo celebramos en Moshi con nuestros guías.


Un último vistazo al coloso desde nuestro hotel.


Meditando nuevas aventuras antes de regresar a casa.



EL REGRESO A CASA


Con la alegría de haber cumplido nuestro objetivo afrontamos las 30 horas de regreso a casa entre vuelos y horas perdidas en los aeropuertos. El martes 15 de agosto aterrizábamos a las 15:00 h en el aeropuerto de Barcelona. Y dábamos por terminada la aventura africana.



Jambo
Jambo bwana
Habari gani?
Mzuri sana
Wageni wakaribishwa
Kenya yetu
Hakuna matata

5 comentaris:

Kepa ha dit...

puedes imaginarte lo mucho que te odio verdad??!!! ;-)

Zuriñe y Pablo ha dit...

El relato muy ameno .....y el diaporama muy guapo......por cierto esa cancioncilla del Kilimanjaro mola!!

ldiegoes ha dit...

Dios kpullo!!! este post debería dividirse en 5 o 6 uno por día!!!!

¿Donde están todas esas preciosas fotos?

Marc ha dit...

A fecha noviembre de 2010 prometo actualizar este post y llenarlo de fotos. Teneis un video en la sección específica en el menú inicial.

Desi Almarcha ha dit...

que chulada,ya mismo me acerco!!!