9 de setembre de 2006

Buitres y quebrantahuesos

Domingo 3:
A las 19 h, tras un par de horas de carretera desde Eriste hasta Torla, llego a mi destino. Aquí contacto con el que será mi compañero en el hide del Cebollar durante toda la semana. Su nombre es Jesús, fotógrafo de Zaragoza.
A las 20 h, un 4x4 del Gobierno de Aragón detiene sus ruedas frente a un conocido local del centro de la localidad oscense. Manuel, el guarda forestal que nos acompañará al comedero de quebrantahuesos nos saluda sonriente mientras nos indica que le sigamos hasta la mesa de un bar donde nos muestra un sinfín de fotografías de aves que han sido captadas durante este año 2006 en el comedero. Nos entrega la llave de la verja que da acceso a la pista del Cebollar y se despide de nosotros hasta mañana a las 6:30 frente al cuartel de la Guardia Civil de Torla.
Mientras cenamos, comentamos las ganas de estar ya metidos en materia. Los nervios no son obstáculo para conciliar el sueño, ya que el cansancio acumulado en el Posets hace rápidamente mella en mi cuerpo y pronto me duermo.

Lunes 4:

Son las 6:30 h cuando Manuel nos recoge en Torla para conducirnos por los parajes del Cebollar hasta la zona del hide de fotografía del comedero de quebrantahuesos situado bajo las antenas del repetidor a unos 1900 metros de altitud. Estamos enfrente de la entrada al valle de Ordesa.


Entramos en el hide (2x2 m) y nos “acomodamos” mientras Manuel se encarga de cebar con carne, vísceras y huesos el comedero. Se despide de nosotros y nos quedamos solos. Son las 7:45 h.


Las horas se hacen interminables mientras vemos como un colirrojo tizón hembra empieza a picotear algún resto de carne. No tardan en animarse los cuervos, un par de ellos; pero ninguno de los grandes se anima a bajar pese a que vemos algún buitre leonado en vuelo.
Sobre las 13:30 h, la actividad en el comedero se vuelve frenética. Unos 35 buitres leonados han bajado a comer y devoran toda la carne fresca del comedero. El griterío es intenso, golpes, empujones, picotazos...y muchas fotos.




La calma vuelve al comedero hasta aproximadamente las 15 h, cuando un adulto de quebrantahuesos hace varias pasadas a media altura sin llegar a posarse. Le vemos desaparecer en los farallones de la umbría de Ordesa.
Un joven quebrantahuesos es el siguiente en aparecer. Éste nos obsequia con varias pasadas a escasos metros del comedero, aunque tampoco llega a posarse por culpa del griterío que produce un solitario y hambriento cuervo.


Sobre las 16 h la suerte cambia: un solitario buitre leonado se posa y picotea por doquier los restos de carne de las patas de cordero. Una hora entera él solo en el comedero. Se trata de un pollo de buitre leonado, muy curioso que se va acercando lentamente a las posiciones del hide, hasta llegar a situarse justo debajo de nuestros objetivos. Sus gritos ensordecedores y la cercanía del ave nos hacen abandonar nuestro asiento e intentar ahuyentarle. En vez de hacer que se marche lo único que conseguimos es hacer que se ponga a la defensiva marcando su territorio, pero sin llegar a ser agresivo con nosotros hecho que nos permite fotografiarle de muy cerca.


Sobre las 19:30 h abandonamos el hide mientras el pollo sigue lanzando sus chillidos al aire.
Un corto paseo hasta el abrevadero de la pista del Cebollar nos conduce hasta el coche. Mañana será otro día.

Martes 5
Son las 6:00 h de la madrugada. El sol duerme todavía en su cama de estrellas mientras las ruedas del coche pisan las piedras de la pista del Cebollar. Tenemos la duda de si seguirá en su posición el pollo de buitre leonado que dejamos anoche.
Llegamos al hide sobre las 6:45 h y nos alegramos al ver que estamos solos en las inmediaciones del comedero.
La mañana se presenta soleada y muy calurosa además de tremendamente aburrida, ya que hoy no hay comida en el comedero, hecho que dificulta enormemente el acercamiento de las aves.
Sobre las 9:00 h se acercan un par de buitres leonados sin llegar a posarse en el suelo. Hay mucha actividad por parte de los pájaros más pequeños de la zona, aunque ni rastro de los grandes.
Sobre las 13:00h aparece en un extremo del comedero un pollo de buitre leonado. Está posando y lanzando gritos por doquier, hecho que nos pone en alerta, ya que puede ser nuestro visitante de ayer. Este hecho se confirma al ver cómo se acerca de nuevo hasta su posición debajo de los objetivos de las cámaras en la pared delantera del hide. Decidimos ponernos en contacto con Manuel, el guarda forestal que nos acompañó ayer por la mañana. Nos comenta que no hagamos nada, que está de camino y pronto se encargará de él. Pasa todavía media hora aproximadamente hasta que el guarda aparece en el comedero con un enorme bidón de comida. Todo este tiempo el pollo ha estado gritando.
Manuel saca del interior del bidón dos cabezas de cordero con sus vísceras (esófago, corazón y pulmones) colgando y se las acerca al pollo que se abalanza sobre la comida con hambre voraz. Se trata de un pollo que soltaron los guardas hace unos 15 días y que ha acudido a la posición del comedero a pedir comida. En esta situación, el guarda nos indica que podemos salir de nuestro encierro en el interior del hide y fotografiar de muy cerca las evoluciones del buitre leonado con la comida. Las fotos resultantes de este reportaje son de lo más salvajes.


Tras las fotos, nos permitimos el lujo de pasearnos por el comedero en toda su totalidad descubriendo el lugar donde tantos buitres han devorado comida delante de nosotros.


El guarda forestal abandona el recinto tras colocar estratégicamente varias cabezas de cordero con vísceras incluidas a lo largo de todo el comedero. Sólo falta esperar a que bajen las rapaces.
Tras media hora estudiando el terreno, varios buitres se lanzan sobre la carroña. Esta vez no es tanta la espectacularidad del momento, ya que se nota cierto recelo en el comportamiento de los animales. Al más mínimo atisbo de peligro saltan al abismo y desaparecen volando. El resultado de esta segunda sesión del día es bastante satisfactorio dado el carácter marcadamente sangriento del ágape.
La tarde se presenta muy aburrida, ya que los buitres han desaparecido hace un rato y no hay actividad en lo que queda de la calurosa tarde. El calor es insoportable y decidimos abandonar el hide pasadas las 19:30 h.

Miércoles 6
La cadena abierta da paso al coche por la pista de tierra. Son las 6:15 de la madrugada cuando un jabalí de mediano tamaño se cruza frente al coche y se queda mirándonos antes de desaparecer en la espesura del bosque. Recorremos los kilómetros hasta el abrevadero en menos tiempo cada vez, así que nos toca caminar de noche el tramo hasta el hide.
Una vez allí, tras dejar el material de fotografía en el interior del pequeño habitáculo, me pongo los guantes que compramos ayer por la tarde en Torla y me dispongo a realizar el primer aporte del día. Hasta hoy el guarda forestal había sido el encargado de dichos aportes, pero hoy corre de nuestra cuenta servir el banquete a las rapaces. Me impresiona ver la cantidad de avispas que rodean todos y cada uno de los pedazos de carne que voy sacando de la enorme lechera metálica donde guardamos la carne.


A eso de las 7:50 h tomamos posiciones en el interior del hide y empezamos una larga espera de más de 5 horas antes de ver a nadie posado en el comedero. A lo lejos distinguimos la silueta de varios buitres leonados y un joven quebrantahuesos se entretiene haciendo acrobáticas piruetas en el aire con el valle de Ordesa como telón de fondo. Todos ellos se mantienen lejos del objetivo de nuestras cámaras.
Sobre las 13:30 h decido salir del hide para recolocar un poco los pedazos de carne desperdigados por el comedero. Cual es mi sorpresa al descubrir a unos 30 buitres leonados que se mantenían posados a escasos 15 metros del comedero en uno de los farallones de Ordesa y que levantan el vuelo al advertir mi presencia. Me entretengo un rato con la carne mientras la treintena de buitres sobrevuela mi posición.
De regreso al hide soy testigo de la llegada al comedero del primer buitre; se trata del pollo que cada día nos visita. Su entrada es de lo más escandalosa y marca el pistoletazo de salida para que otros buitres empiecen a posarse sobre la comida.
El comportamiento de los buitres es bastante extraño, ya que entran pocos ejemplares y no se comen toda la comida. Un viejo buitre se encarga de marcar el territorio y da la sensación de que establece un orden jerárquico al alejar a todos y cada uno de los otros buitres. El pollo recibe un picotazo y pierde su enorme y suculento trozo de carne. Tras el festín, el viejo buitre mantiene la posición y cuando se ha cerciorado de que ningún otro buitre va a bajar, levanta el vuelo.
El rato pasa y allí no baja ya ningún carroñero, así que decido hacer el segundo aporte del día. Vacío el contenido de la lechera a lo largo y ancho de todo el comedero e incluso dispongo algunas piezas a modo de escenario: una cabeza de cordero, un costillar...


De nuevo en el hide, y tras descubrir un posadero de aves unos cientos de metros por debajo del comedero, vemos con frustración como las rapaces se alejan dejando la comida allí. Hoy no ha habido demasiada suerte con las fotografías, hecho que nos desanima un poco y hace que perdamos las esperanzas de poder fotografiar al quebrantahuesos posado en el comedero. Por suerte el primer día saqué buenas fotos del dragón alado en vuelo, tanto del adulto como del ejemplar joven que vinieron a visitarnos.
A las 17 h decidimos abandonar el hide por culpa de una impresionante tormenta con granizo que deja la parte superior del circo de Cotatuero de color blanco. Antes de que nos alcance la tormenta salimos del hide y recorremos el camino que hicimos esta mañana hasta el coche corriendo para evitar mojarnos. Durante dicho trayecto escuchamos unos chillidos que ya nos son familiares: nos acercamos a la verja superior del recinto del comedero y descubrimos al pollo de buitre. Está gritando para llamar la atención, parece asustado e indefenso. Me da pena, nunca lo hubiese pensado pero siento lástima por ese buitre.
Al regresar a Torla la tormenta descarga violentamente su furia con rayos, truenos y una intensa lluvia; pero al final del día, el cielo parece ir despejándose por encima de las cumbres de Mondarruego.

Jueves 7
Las tormentas de anoche provocaron un pequeño incendio frente a las posiciones del hide en el otro lado del barranco, hecho por el cual el guarda forestal no se ha podido acercar al comedero para hacer el aporte diario de carne; por suerte, algo de la carne que aportamos ayer se mantenía en su sitio tras las lluvias.
La madrugada se presenta con un cielo estrellado que no hace presagiar lo que se avecina.
Las primeras horas de la mañana son bastante entretenidas gracias al nervioso revoloteo de varias hembras de colirrojo tizón y a un carbonero garrapinos. Los grandes pájaros no se acercan de momento, pese a sobrevolar el comedero en diversas ocasiones.
Lo más curioso de todo el día sucede a las 12:15 h cuando un par de rebecos (sarrios para los aragoneses) cruzan tranquilamente el comedero siendo blanco fácil para el objetivo de mi cámara a pesar de la sorpresa que he tenido al verlos aparecer.
Los chillidos conocidos de Jorgito (nombre con el que hemos bautizado al pollo de buitre leonado que cada día nos visita) nos alertan de su presencia detrás de la caseta del hide. Está intentando entrar en el recinto caminando y continuamente se engancha con los cables de la valla electrificada. Con una pata de cordero le facilitamos la entrada al comedero por la parte más alta, la más vulnerable a pesar de ser la más aérea, sin problemas para alguien con alas.


Entra en el comedero en el mismo instante que un ejemplar adulto de quebrantahuesos empieza a sobrevolar la zona. La esperanza de que se pose y poder sacar unas fotos del animal nos anima, aunque al final no obtenemos buenos resultados, ya que el quebrantahuesos sólo se deja fotografiar en vuelo.


El pollo de buitre leonado aprovecha los restos de comida que hay esparcidos por todo el comedero para alimentarse mientras otros buitres de mayor edad sobrevuelan recelosos la zona. Sólo uno de ellos baja un momento, pero rápidamente escapa volando.


Son las 14 h y hace bastante rato que los rayos se dibujan en el cielo, así que decidimos abandonar nuestra posición en el hide y marchamos esperando tener más suerte mañana, pese a que la previsión meteorológica para mi último día en Torla es bastante desesperanzadora.

Viernes 8
Una tormenta de película deja paso a una mañana sin nubes. Son las 6:00 a.m. cuando recorro los primeros metros de la pista forestal antes de alcanzar la cadena que impide el paso a los vehículos no autorizados.


La luna llena es mi única compañía en la todavía oscura noche. Con las primeras luces del alba cojo posición en el interior del hide. Estoy solo.
La mañana se presenta de lo más tranquila hasta las 9:30 h. A esa hora aparece el guarda forestal para hacer el aporte de carne al comedero. Pese a la cantidad de alimento que deja delante del hide, las horas pasan sin que ningún ave se decida a bajar, así que decido actuar. Salgo del hide, me pongo unos guantes y me dedico a pasearme por todo el comedero moviendo de un lado a otro los enormes trozos de carne que hay por ahí desperdigados. En pocos minutos hay una treintena de buitres sobrevolando mi posición. Es hora de regresar al hide y esperar.
Tras media hora de paciente espera, por fin están ahí. Es todo muy rápido. Entre 30 y 40 buitres han bajado juntos al comedero. Todo es un caos. La cámara saca humo con la cantidad de fotos que hay por sacar. Peleas, golpes, gritos, empujones... igual que el primer día. El espectáculo es dantesco.


En unos minutos no hay ni rastro de la comida. Todo se calma y los buitres levantan el vuelo, pese a que no abandonan la zona.
Entre todo ese caos de buitres en vuelo, una elegante silueta se dibuja a lo lejos. Se trata de un ejemplar adulto de quebrantahuesos. Se mantiene bastante alejado del comedero. No tiene intención de acercarse demasiado.
Una figura conocida aterriza de mala manera sobre un costillar seco. Es el pollo de buitre que hoy tampoco falta a su cita. Se pasea tranquilo por el comedero con sus andares peculiares y su silbido sordo. Está buscando comida. A pesar de llegar tarde al festín, todavía encuentra con qué alimentarse. Se acerca al hide hasta situarse debajo de la ventana por donde saco la cámara. Insiste con sus chillidos, pero al no hacerle caso, poco a poco se va calmando creyéndose solo. Se acurruca a los pies del hide y calla.
A todo esto, un ejemplar joven de quebrantahuesos ha empezado a sobrevolar la zona del comedero. Hace varias pasadas a la altura del hide, pero no se detiene.


Al cabo de un rato, un semiadulto marcado con dos bandas alares (rojo-amarillo y verde-amarillo) sobrevuela mi posición, aunque tampoco se detiene. Ambos quebrantahuesos me proporcionan un buen reportaje fotográfico pese a no concederme el privilegio de su presencia en el festín abajo en el comedero.


El pollo de buitre abandona su puesto bajo el hide y se acerca al abismo. Ha dejado de chillar y se pasea por el precipicio. Abre sus alas. Se lanza y vuela. No puedo evitar pensar que esa va a ser la última vez que le vea. Vuela amigo, vuela alto y que te vaya bien en tu vida.


El resto de horas que permanezco en el hide son muy tranquilas. A las 17 h, cuando estoy a punto de rendirme, aparece de nuevo un ejemplar joven de quebrantahuesos. Hace un par de pasadas rasantes y se aleja. Quizás haya venido también a despedirse.


Las nubes amenazadoras se han quedado enfrente del comedero, en la zona del Parque Nacional, sin llegar a ser como ayer.
Son las 18:30 h cuando abandono el hide. He recogido las bolsas y he guardado la cámara. Tengo ganas de volver a casa. Antes de marchar, un último vistazo a lo que ha sido mi casa los últimos 5 días.
Sobre la colina, encima de la caseta del repetidor, mi amigo el buitre leonado me espera. Cuando me acerco a su posición me saluda, a su manera claro, a gritos. Se me dibuja una sonrisa en los labios. Siempre seremos amigos, a pesar de que quizás nunca nos reconozcamos...
A las 19:20 h emprendo mi camino de regreso a casa. Atrás quedan los tejados de las casas de Torla con sus chimeneas adornadas con espantabrujas. Seguro que no tardaremos en regresar. Por delante tengo 4 horas de coche antes de llegar a casa. Regreso a mi vida, regreso a mi hogar donde me espera mi esposa con una sorpresa... ¿qué será?

7 comentaris:

Anònim ha dit...

Hola muchachos, soy de estos valles y me llena de alegria ver como os ilusiona tanto la montaña y estos parajes tan maravillosos donde he nacido

Kepa ha dit...

Brutal el reportaje, una pena lo del quebrantahuesos, pero al menos lo tienes en vuelo. La sorpresa de carmina no sé que será, pero visto las ultimas sorpresas que te ha dado no me extrañaría que te haya regalado un viaje al Nepal jejejejej, un teleobjetivo de 800mm, o algo parecido. Si es que no te la mereces Ferretero!!!!

Rota ha dit...

Un gran reportaje Marc, la verdad es que has conseguido que me sintiera como si hubiera estado allí. Por cierto...¿que tal está la casa después de pintada?jeje.

morunys ha dit...

Sou genials.Només et felicitaré de tan en tan pro vosaltres seguiu,yo disfruto

ldiegoes ha dit...

Me ha costado volver a encontrar este post.... y he vuelto a alucinar con los buitres.

He usurpado un par de fotos para www.sistemacentral.net y además el link a este post.

besotes.

Ricky Papex ha dit...

Hola! I'm from italy and I've truly appreciate your story about Lammergeier(quebrantahuesos). May you help me to find someone or an organization that can bring me to an hide for better shooting of this species? I'm willing to pay. thanks for the story.

MARC ha dit...

Hola Ricky.
You can find information here: http://www.gypaetus.org/
Maybe they can explain you how to help them
Greetings from Spain.