28 de setembre de 2006

Punta de las Escaleras 3027

Tras "dormir y descansar" en el coche en la villa de Torla, nos despertamos a las 5:30 a.m. del jueves 28 de septiembre. Aún de noche (6:43 a.m.) empezamos a caminar como autómatas por el camino que sube desde la pradera de Ordesa hacia Cola de Caballo. Apenas sacamos la cámara para retratar nada dado que esas fotos ya están echadas hace meses de cara a la consecución del libro.


Empezamos a subir por el camino de los Mulos hacia la parte superior del Circo de Soaso. Una vez allí, las vistas hacia los tresmiles del Parque Nacional eran impresionantes.


No llegamos a detenernos en el refugio de Góriz, ya que nuestro objetivo se encontraba todavía bastante lejano. Habíamos salido tan temprano para superar los 1700 metros de desnivel hasta llegar al Glaciar de la Soum de Ramond. Le llamaremos glaciar, aunque a día de hoy se ha convertido en el lago más alto de la cordillera pirenaica.


Fuimos subiendo hasta encontrar la empinada y pedregosa canal que da acceso a la vía de las Escaleras que sube a Monte Perdido por la cara sur.


Una vez en el collado de dicha canal estuvimos un rato tratando de adivinar hacia donde seguía el camino, ya que estábamos encajonados entre dos murallas cada cual más escarpada. Finalmente descubrimos un hito de piedras en lo alto de una canal, así que empezamos a trepar. Esta primera canal daba acceso a una incómoda pedrera que se podía atacar por una sinuoso camino que iba rápidamente salvando metros cuesta arriba.


Llegamos a la segunda trepada, mucho más larga y empinada que la primera y con mucho ambiente. Esta vez agradecimos que la ruta no sea tan concurrida como la normal de Monte Perdido, ya que la roca no estaba en absoluto pulida por el desgaste que sufren las zonas más pisadas por los montañeros; eso permitía un gran agarre a la roca. Menos mal. El camino seguía describiendo eses a medida que subía hasta alcanzar la tercera y última trepada. Esta vez la inclinación era menor y los pasos mucho más sencillos hasta llegar a la parte alta. una vez allí localizamos un hito, bastante lejano, que marcaba un desvío hacia el este. Lo seguimos hasta situarnos a los pies de la Soum de Ramond con unas vistas impresionantes del Cañón de Añisclo.
Desde aquí podíamos adivinar lo que antaño fuera uno de los majestuosos glaciares del Pirineo Aragonés.
Seguimos subiendo los últimos metros por unas terrazas colgadas sin nigún tipo de dificultad técnica hasta llegar al Lago de la Soum de Ramond. Un lago bastante grande si lo comparamos con el Lago Helado, entre el Perdido y el Cilindro.


Una vez hechos los deberes, nos permitimos el capricho de ascender al Pico de las Escaleras (3027 m). Para ello iniciamos nuestra andadura por una empinada canal pedregosa con algún testigo de nieve blanda. Pronto el manto blanco lo volverá a cubrir todo y los caminos se esconderán hasta bien entrada la primavera, algunos incluso hasta el verano.


Una vez en la cumbre, al foto de rigor con el gigante Perdido de telón de fondo y rápidamente de regreso al valle huyendo de las amenazadoras nubes grises que crecían sin cesar desde hacía unos minutos.


Al regresar al valle, una última mirada atrás para despedirnos de unas montañas que de tan conocidas y visitadas ya nos parecen miembros de la familia.


El otoño está llegando al valle, en pocos días los árboles teñirán de mil colores los bosques. Intentaremos estar allí.

27 de setembre de 2006

Torre de Lassus en Ordesa

Siguiendo con nuestra labor fotográfica en el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, aprovechamos la ventana de buen tiempo el miércoles 27 de septiembre para acercarnos hasta la pradera de Ordesa donde iniciamos nuestra andadura dirección al circo de Carriata.


Para superar los escarpados precipicios escogimos la opción de las clavijas de Carriata: un par de tramos verticales, o casi, equipados con eslabones de metal clavados en la pared.


Una vez en la parte superior del circo, encaminamos nuestros pasos hacia la zona conocida como Aguastuertas. Se trata de un pequeño valle donde el agua discurre por un tortuoso cauce de curioso recorrido dibujando eses a su paso.


Allí vimos a los primeros rebecos de la mañana.


Seguimos subiendo hasta alcanzar la llamada Torre de Lassus.


No es más que un enorme hito de piedras de más de dos metros de altura. Parece ser que el tal Lassus decidió que sus dominios alcanzaban hasta dicho enclave... en fin paciencia.


Allí descubrimos una manada de unos 20 rebecos (sarrios en Aragón) a los cuales estuve más de media hora fotografiando en diferentes posiciones y actitudes. Me dejaron acercar hasta unos 10 metros.
Tras las fotos de rigor, descendimos de nuevo hacia el punto de origen de nuestra excursión. Una simpática marmota nos salió a saludar mientras paseábamos de regreso al coche y los insectos se dejaban fotografiar distraídos.


Al bajar, escogimos el paso de la fajeta.


Es un sencillo flanqueo que discurre por las paredes escarpadas del Circo de Carriata. Más espectacular que difícil, aunque nunca exento de peligro.

23 de setembre de 2006

Nubes en Tresviso

A las 7:30 a.m. del sábado entramos en el coche de Josu. Nos ha recogido en el aeropuerto de Bilbao y nos dirigimos a los Picos de Europa tras recoger a Iratxe y Javi cerca de Santurzi. El tiempo es espléndido. Luce el sol mientras los kilómetros de costa corren bajo los neumáticos.
A medida que nos vamos acercando a tierras cántabras, las grises nubes que anunciaban los pronósticos empiezan a hacer acto de presencia. Nuestra intención inicial de escalar el mítico Naranjo de Bulnes la desechamos ayer. No hemos traído más que los pies de gato por si el sol nos permite trepar por alguna pared, aunque sin mucha intención de estrenarlos.
El desfiladero de la Hermida, tan impresionante como tantas otras veces nos confirma que estamos allí, en Picos. Es extraño llegar tan rápido a Picos, las otras veces habíamos conducido desde Barcelona. Esta vez, no.



De camino a Sotres nos detenemos al inicio del camino ancestral que conduce a la villa de Tresviso.


Nos esperan unos 900 metros de desnivel por un camino impresionante lleno de rincones donde impregarse de la magia de estas montañas.


Las nubes amenazan pero no descargan más que unas gotas en las 2 horas y media que empleamos en llegar desde el aparcamiento hasta nuestro destino: Tresviso.


Por el camino descubrimos un montón de rincones que fotografiar: curiosos agujeros en la roca, miradores vertiginosos, árboles que sobresalen peligrosamente del camino, fuentes...



Finalmente, tras el entretenido camino, llegamos al pueblo de Tresviso donde un ilustre lugareño nos recibe: un gallo de bella estampa.


Antes de que se ponga a llover decidimos desandar el camino recorrido y regresar al coche. La cena en Arenas de Cabrales y el alojamiento en Sotres.


Para el domingo, el día nos tenía reservada una intensa lluvia que nos hace desistir de nuestros planes de montaña. Volvemos a Derio, cerca de la capital vizcaína, donde un hotel con spa nos espera... Por la tarde, nos visitan Kepa y Joseba, que han querido acercarse a saludarnos sabiendo que estamos en su tierra.

20 de setembre de 2006

Dieciocho meses


Corría el año 2002...

El bosque gris, seco, sombrío y oscuro que poblaba mi alma entristecía mi corazón...pero una noche, de repente ocurrió: una chispa, un rayo de luz y de esperanza apareció en el horizonte. Mi corazón galopaba en mi pecho hasta el dolor. Te había encontrado, y tú a mí.


Corría el año 2005...


Dos corazones al galope marchando unidos recorren desde hace tiempo el mismo sendero. Hoy se unen un poco más enlazando sus vidas con un compromiso que les funde en un solo ser, un solo corazón, una misma alma.


Corría el año 2006...

Hoy, 18 meses después de sellar ese compromiso, esos dos corazones unidos para siempre por nuestro amor siguen galopando firmes hacia nuevos amaneceres que compartiremos juntos mientras las llamas de nuestro fuego arden en el pecho.

17 de setembre de 2006

Noche de domingo


El pasado domingo estaba yo echando unas fotos desde el balcón de casa cuando de repente un estruendo me hizo apartar la vista del visor de la cámara,levanté la cabeza y miré hacia otro lado. Dejé de fotografiar edificios para fotografiar fuegos artificiales.


16 de setembre de 2006

Celebrando que hoy es hoy

Las 14:30 h, sábado 16 de septiembre, llaman a la puerta. Hoy tenemos a parte de la familia a comer.
De entrada unos aperitivos.


Después, el plato fuerte: una merluza al horno rellena de gambas con all i oli.


De postre: una tarta de chocolate.


¿Os habeis preguntado qué celebramos?
Simplemente que hoy es hoy, sin más.

9 de setembre de 2006

Buitres y quebrantahuesos

Domingo 3:
A las 19 h, tras un par de horas de carretera desde Eriste hasta Torla, llego a mi destino. Aquí contacto con el que será mi compañero en el hide del Cebollar durante toda la semana. Su nombre es Jesús, fotógrafo de Zaragoza.
A las 20 h, un 4x4 del Gobierno de Aragón detiene sus ruedas frente a un conocido local del centro de la localidad oscense. Manuel, el guarda forestal que nos acompañará al comedero de quebrantahuesos nos saluda sonriente mientras nos indica que le sigamos hasta la mesa de un bar donde nos muestra un sinfín de fotografías de aves que han sido captadas durante este año 2006 en el comedero. Nos entrega la llave de la verja que da acceso a la pista del Cebollar y se despide de nosotros hasta mañana a las 6:30 frente al cuartel de la Guardia Civil de Torla.
Mientras cenamos, comentamos las ganas de estar ya metidos en materia. Los nervios no son obstáculo para conciliar el sueño, ya que el cansancio acumulado en el Posets hace rápidamente mella en mi cuerpo y pronto me duermo.

Lunes 4:

Son las 6:30 h cuando Manuel nos recoge en Torla para conducirnos por los parajes del Cebollar hasta la zona del hide de fotografía del comedero de quebrantahuesos situado bajo las antenas del repetidor a unos 1900 metros de altitud. Estamos enfrente de la entrada al valle de Ordesa.


Entramos en el hide (2x2 m) y nos “acomodamos” mientras Manuel se encarga de cebar con carne, vísceras y huesos el comedero. Se despide de nosotros y nos quedamos solos. Son las 7:45 h.


Las horas se hacen interminables mientras vemos como un colirrojo tizón hembra empieza a picotear algún resto de carne. No tardan en animarse los cuervos, un par de ellos; pero ninguno de los grandes se anima a bajar pese a que vemos algún buitre leonado en vuelo.
Sobre las 13:30 h, la actividad en el comedero se vuelve frenética. Unos 35 buitres leonados han bajado a comer y devoran toda la carne fresca del comedero. El griterío es intenso, golpes, empujones, picotazos...y muchas fotos.




La calma vuelve al comedero hasta aproximadamente las 15 h, cuando un adulto de quebrantahuesos hace varias pasadas a media altura sin llegar a posarse. Le vemos desaparecer en los farallones de la umbría de Ordesa.
Un joven quebrantahuesos es el siguiente en aparecer. Éste nos obsequia con varias pasadas a escasos metros del comedero, aunque tampoco llega a posarse por culpa del griterío que produce un solitario y hambriento cuervo.


Sobre las 16 h la suerte cambia: un solitario buitre leonado se posa y picotea por doquier los restos de carne de las patas de cordero. Una hora entera él solo en el comedero. Se trata de un pollo de buitre leonado, muy curioso que se va acercando lentamente a las posiciones del hide, hasta llegar a situarse justo debajo de nuestros objetivos. Sus gritos ensordecedores y la cercanía del ave nos hacen abandonar nuestro asiento e intentar ahuyentarle. En vez de hacer que se marche lo único que conseguimos es hacer que se ponga a la defensiva marcando su territorio, pero sin llegar a ser agresivo con nosotros hecho que nos permite fotografiarle de muy cerca.


Sobre las 19:30 h abandonamos el hide mientras el pollo sigue lanzando sus chillidos al aire.
Un corto paseo hasta el abrevadero de la pista del Cebollar nos conduce hasta el coche. Mañana será otro día.

Martes 5
Son las 6:00 h de la madrugada. El sol duerme todavía en su cama de estrellas mientras las ruedas del coche pisan las piedras de la pista del Cebollar. Tenemos la duda de si seguirá en su posición el pollo de buitre leonado que dejamos anoche.
Llegamos al hide sobre las 6:45 h y nos alegramos al ver que estamos solos en las inmediaciones del comedero.
La mañana se presenta soleada y muy calurosa además de tremendamente aburrida, ya que hoy no hay comida en el comedero, hecho que dificulta enormemente el acercamiento de las aves.
Sobre las 9:00 h se acercan un par de buitres leonados sin llegar a posarse en el suelo. Hay mucha actividad por parte de los pájaros más pequeños de la zona, aunque ni rastro de los grandes.
Sobre las 13:00h aparece en un extremo del comedero un pollo de buitre leonado. Está posando y lanzando gritos por doquier, hecho que nos pone en alerta, ya que puede ser nuestro visitante de ayer. Este hecho se confirma al ver cómo se acerca de nuevo hasta su posición debajo de los objetivos de las cámaras en la pared delantera del hide. Decidimos ponernos en contacto con Manuel, el guarda forestal que nos acompañó ayer por la mañana. Nos comenta que no hagamos nada, que está de camino y pronto se encargará de él. Pasa todavía media hora aproximadamente hasta que el guarda aparece en el comedero con un enorme bidón de comida. Todo este tiempo el pollo ha estado gritando.
Manuel saca del interior del bidón dos cabezas de cordero con sus vísceras (esófago, corazón y pulmones) colgando y se las acerca al pollo que se abalanza sobre la comida con hambre voraz. Se trata de un pollo que soltaron los guardas hace unos 15 días y que ha acudido a la posición del comedero a pedir comida. En esta situación, el guarda nos indica que podemos salir de nuestro encierro en el interior del hide y fotografiar de muy cerca las evoluciones del buitre leonado con la comida. Las fotos resultantes de este reportaje son de lo más salvajes.


Tras las fotos, nos permitimos el lujo de pasearnos por el comedero en toda su totalidad descubriendo el lugar donde tantos buitres han devorado comida delante de nosotros.


El guarda forestal abandona el recinto tras colocar estratégicamente varias cabezas de cordero con vísceras incluidas a lo largo de todo el comedero. Sólo falta esperar a que bajen las rapaces.
Tras media hora estudiando el terreno, varios buitres se lanzan sobre la carroña. Esta vez no es tanta la espectacularidad del momento, ya que se nota cierto recelo en el comportamiento de los animales. Al más mínimo atisbo de peligro saltan al abismo y desaparecen volando. El resultado de esta segunda sesión del día es bastante satisfactorio dado el carácter marcadamente sangriento del ágape.
La tarde se presenta muy aburrida, ya que los buitres han desaparecido hace un rato y no hay actividad en lo que queda de la calurosa tarde. El calor es insoportable y decidimos abandonar el hide pasadas las 19:30 h.

Miércoles 6
La cadena abierta da paso al coche por la pista de tierra. Son las 6:15 de la madrugada cuando un jabalí de mediano tamaño se cruza frente al coche y se queda mirándonos antes de desaparecer en la espesura del bosque. Recorremos los kilómetros hasta el abrevadero en menos tiempo cada vez, así que nos toca caminar de noche el tramo hasta el hide.
Una vez allí, tras dejar el material de fotografía en el interior del pequeño habitáculo, me pongo los guantes que compramos ayer por la tarde en Torla y me dispongo a realizar el primer aporte del día. Hasta hoy el guarda forestal había sido el encargado de dichos aportes, pero hoy corre de nuestra cuenta servir el banquete a las rapaces. Me impresiona ver la cantidad de avispas que rodean todos y cada uno de los pedazos de carne que voy sacando de la enorme lechera metálica donde guardamos la carne.


A eso de las 7:50 h tomamos posiciones en el interior del hide y empezamos una larga espera de más de 5 horas antes de ver a nadie posado en el comedero. A lo lejos distinguimos la silueta de varios buitres leonados y un joven quebrantahuesos se entretiene haciendo acrobáticas piruetas en el aire con el valle de Ordesa como telón de fondo. Todos ellos se mantienen lejos del objetivo de nuestras cámaras.
Sobre las 13:30 h decido salir del hide para recolocar un poco los pedazos de carne desperdigados por el comedero. Cual es mi sorpresa al descubrir a unos 30 buitres leonados que se mantenían posados a escasos 15 metros del comedero en uno de los farallones de Ordesa y que levantan el vuelo al advertir mi presencia. Me entretengo un rato con la carne mientras la treintena de buitres sobrevuela mi posición.
De regreso al hide soy testigo de la llegada al comedero del primer buitre; se trata del pollo que cada día nos visita. Su entrada es de lo más escandalosa y marca el pistoletazo de salida para que otros buitres empiecen a posarse sobre la comida.
El comportamiento de los buitres es bastante extraño, ya que entran pocos ejemplares y no se comen toda la comida. Un viejo buitre se encarga de marcar el territorio y da la sensación de que establece un orden jerárquico al alejar a todos y cada uno de los otros buitres. El pollo recibe un picotazo y pierde su enorme y suculento trozo de carne. Tras el festín, el viejo buitre mantiene la posición y cuando se ha cerciorado de que ningún otro buitre va a bajar, levanta el vuelo.
El rato pasa y allí no baja ya ningún carroñero, así que decido hacer el segundo aporte del día. Vacío el contenido de la lechera a lo largo y ancho de todo el comedero e incluso dispongo algunas piezas a modo de escenario: una cabeza de cordero, un costillar...


De nuevo en el hide, y tras descubrir un posadero de aves unos cientos de metros por debajo del comedero, vemos con frustración como las rapaces se alejan dejando la comida allí. Hoy no ha habido demasiada suerte con las fotografías, hecho que nos desanima un poco y hace que perdamos las esperanzas de poder fotografiar al quebrantahuesos posado en el comedero. Por suerte el primer día saqué buenas fotos del dragón alado en vuelo, tanto del adulto como del ejemplar joven que vinieron a visitarnos.
A las 17 h decidimos abandonar el hide por culpa de una impresionante tormenta con granizo que deja la parte superior del circo de Cotatuero de color blanco. Antes de que nos alcance la tormenta salimos del hide y recorremos el camino que hicimos esta mañana hasta el coche corriendo para evitar mojarnos. Durante dicho trayecto escuchamos unos chillidos que ya nos son familiares: nos acercamos a la verja superior del recinto del comedero y descubrimos al pollo de buitre. Está gritando para llamar la atención, parece asustado e indefenso. Me da pena, nunca lo hubiese pensado pero siento lástima por ese buitre.
Al regresar a Torla la tormenta descarga violentamente su furia con rayos, truenos y una intensa lluvia; pero al final del día, el cielo parece ir despejándose por encima de las cumbres de Mondarruego.

Jueves 7
Las tormentas de anoche provocaron un pequeño incendio frente a las posiciones del hide en el otro lado del barranco, hecho por el cual el guarda forestal no se ha podido acercar al comedero para hacer el aporte diario de carne; por suerte, algo de la carne que aportamos ayer se mantenía en su sitio tras las lluvias.
La madrugada se presenta con un cielo estrellado que no hace presagiar lo que se avecina.
Las primeras horas de la mañana son bastante entretenidas gracias al nervioso revoloteo de varias hembras de colirrojo tizón y a un carbonero garrapinos. Los grandes pájaros no se acercan de momento, pese a sobrevolar el comedero en diversas ocasiones.
Lo más curioso de todo el día sucede a las 12:15 h cuando un par de rebecos (sarrios para los aragoneses) cruzan tranquilamente el comedero siendo blanco fácil para el objetivo de mi cámara a pesar de la sorpresa que he tenido al verlos aparecer.
Los chillidos conocidos de Jorgito (nombre con el que hemos bautizado al pollo de buitre leonado que cada día nos visita) nos alertan de su presencia detrás de la caseta del hide. Está intentando entrar en el recinto caminando y continuamente se engancha con los cables de la valla electrificada. Con una pata de cordero le facilitamos la entrada al comedero por la parte más alta, la más vulnerable a pesar de ser la más aérea, sin problemas para alguien con alas.


Entra en el comedero en el mismo instante que un ejemplar adulto de quebrantahuesos empieza a sobrevolar la zona. La esperanza de que se pose y poder sacar unas fotos del animal nos anima, aunque al final no obtenemos buenos resultados, ya que el quebrantahuesos sólo se deja fotografiar en vuelo.


El pollo de buitre leonado aprovecha los restos de comida que hay esparcidos por todo el comedero para alimentarse mientras otros buitres de mayor edad sobrevuelan recelosos la zona. Sólo uno de ellos baja un momento, pero rápidamente escapa volando.


Son las 14 h y hace bastante rato que los rayos se dibujan en el cielo, así que decidimos abandonar nuestra posición en el hide y marchamos esperando tener más suerte mañana, pese a que la previsión meteorológica para mi último día en Torla es bastante desesperanzadora.

Viernes 8
Una tormenta de película deja paso a una mañana sin nubes. Son las 6:00 a.m. cuando recorro los primeros metros de la pista forestal antes de alcanzar la cadena que impide el paso a los vehículos no autorizados.


La luna llena es mi única compañía en la todavía oscura noche. Con las primeras luces del alba cojo posición en el interior del hide. Estoy solo.
La mañana se presenta de lo más tranquila hasta las 9:30 h. A esa hora aparece el guarda forestal para hacer el aporte de carne al comedero. Pese a la cantidad de alimento que deja delante del hide, las horas pasan sin que ningún ave se decida a bajar, así que decido actuar. Salgo del hide, me pongo unos guantes y me dedico a pasearme por todo el comedero moviendo de un lado a otro los enormes trozos de carne que hay por ahí desperdigados. En pocos minutos hay una treintena de buitres sobrevolando mi posición. Es hora de regresar al hide y esperar.
Tras media hora de paciente espera, por fin están ahí. Es todo muy rápido. Entre 30 y 40 buitres han bajado juntos al comedero. Todo es un caos. La cámara saca humo con la cantidad de fotos que hay por sacar. Peleas, golpes, gritos, empujones... igual que el primer día. El espectáculo es dantesco.


En unos minutos no hay ni rastro de la comida. Todo se calma y los buitres levantan el vuelo, pese a que no abandonan la zona.
Entre todo ese caos de buitres en vuelo, una elegante silueta se dibuja a lo lejos. Se trata de un ejemplar adulto de quebrantahuesos. Se mantiene bastante alejado del comedero. No tiene intención de acercarse demasiado.
Una figura conocida aterriza de mala manera sobre un costillar seco. Es el pollo de buitre que hoy tampoco falta a su cita. Se pasea tranquilo por el comedero con sus andares peculiares y su silbido sordo. Está buscando comida. A pesar de llegar tarde al festín, todavía encuentra con qué alimentarse. Se acerca al hide hasta situarse debajo de la ventana por donde saco la cámara. Insiste con sus chillidos, pero al no hacerle caso, poco a poco se va calmando creyéndose solo. Se acurruca a los pies del hide y calla.
A todo esto, un ejemplar joven de quebrantahuesos ha empezado a sobrevolar la zona del comedero. Hace varias pasadas a la altura del hide, pero no se detiene.


Al cabo de un rato, un semiadulto marcado con dos bandas alares (rojo-amarillo y verde-amarillo) sobrevuela mi posición, aunque tampoco se detiene. Ambos quebrantahuesos me proporcionan un buen reportaje fotográfico pese a no concederme el privilegio de su presencia en el festín abajo en el comedero.


El pollo de buitre abandona su puesto bajo el hide y se acerca al abismo. Ha dejado de chillar y se pasea por el precipicio. Abre sus alas. Se lanza y vuela. No puedo evitar pensar que esa va a ser la última vez que le vea. Vuela amigo, vuela alto y que te vaya bien en tu vida.


El resto de horas que permanezco en el hide son muy tranquilas. A las 17 h, cuando estoy a punto de rendirme, aparece de nuevo un ejemplar joven de quebrantahuesos. Hace un par de pasadas rasantes y se aleja. Quizás haya venido también a despedirse.


Las nubes amenazadoras se han quedado enfrente del comedero, en la zona del Parque Nacional, sin llegar a ser como ayer.
Son las 18:30 h cuando abandono el hide. He recogido las bolsas y he guardado la cámara. Tengo ganas de volver a casa. Antes de marchar, un último vistazo a lo que ha sido mi casa los últimos 5 días.
Sobre la colina, encima de la caseta del repetidor, mi amigo el buitre leonado me espera. Cuando me acerco a su posición me saluda, a su manera claro, a gritos. Se me dibuja una sonrisa en los labios. Siempre seremos amigos, a pesar de que quizás nunca nos reconozcamos...
A las 19:20 h emprendo mi camino de regreso a casa. Atrás quedan los tejados de las casas de Torla con sus chimeneas adornadas con espantabrujas. Seguro que no tardaremos en regresar. Por delante tengo 4 horas de coche antes de llegar a casa. Regreso a mi vida, regreso a mi hogar donde me espera mi esposa con una sorpresa... ¿qué será?