13 de maig de 2007

La furia del Moncayo

Situado en la frontera entre Soria y Zaragoza se alza majestuosos un monte, el Moncayo de 2316 m de altitud. Su modesta altura y su perfil redondeado engañan al visitante que se atreve a desafiar al gigante de piedra. Por su situación resulta ser un coloso difícil de batir, ya que su cumbre es a menudo azotada por fuertes vientos y densas nubes.


El recorrido que nos juntó el pasado domingo era el de ascender a la cumbre del coloso maño por su vertiente soriana partiendo del pueblo de Cueva de Ágreda.


Eran las 7 de la mañana. Aparcamos los coches en el pueblo y degustamos un suculento desayuno improvisado que nos preparó Itxaso.


Pronto empezamos a recorrer los primeros metros del GR86 que nos tenía que conducir hasta la cumbre del Moncayo: techo provincial de Zaragoza y Soria.


Las nubes cubrían con su denso manto las faldas del Moncayo mientras la agradable temperatura del ambiente refrescaba nuestro inicio de recorrido.


El desnivel inicial era más propio de un paseo matinal que de una ascensión propiamente dicha. Este hecho permitió calentar los músculos antes de lo que se avecinaba.


Vadeamos el río en varias ocasiones.


Las caudalosas aguas que bajaban de las canales nevadas de la cumbre seguían el curso descendente del río entre los árboles, en ocasiones a escasos centímetros del camino.


Poco a poco ábamos ascendiendo metros. Estábamos solos en el Moncayo.


Fuimos acercándonos metro a metro hacia la niebla que cubría la parte alta de la montaña.


El cielo se iba oscureciendo a cada instante. Incluso parecía que iba a hacerse de noche en cualquier momento.


Metidos de lleno en la niebla y con la inestimable ayuda del GPS, fuimos ascendiendo por el GR, que en la canal estaba nevado; hecho que nos obligó a extremar precauciones. El mayor peligro estaba en el escaso grosor de dicha nieve, que podía convertirse en una trampa si hacíamos un paso en falso y nos partíamos una pierna.


Un centenar de metros más arriba llegamos al límite superior de la canal y decidimos atacar de frente la cumbre del Moncayo.


Fuimos ascendiendo dirección Norte. Primero yo, que iba cargando el GPS. En segundo y tercer lugar Carmina e Itxaso luchaban por mantener el equilibrio mientras un fortísimo viento sur/sur-oeste nos empujaba monte arriba y mojaba nuestra cabeza con el agua de la niebla. El frío se hacía sentir en las manos a pesar de los guantes. En último lugar, cerrando la cominitiva estaba Íñigo. La temperatura era de 2ºC, pero la sensación térmica era mucho menor por culpa del viento.


De vez en cuando giraba mi cabeza y detenía mi marcha para esperarles, ya que la niebla los engullía por momentos. Allí esperaba yo, parado, haciendo frente al viento mientras veía aparecer las figuras tambaleantes de Carmina e Itxaso.


A escasos 70 metros del punto culminante encontramos un vivac enorme hecho con piedras y que nos sirvió de refugio improvisado frente al viento que azotaba nuestros cuerpos. Detuvimos nuestra marcha un par de minutos antes de atacar de frente la cumbre del coloso.


La llegada a la cumbre fue más un CHOQUE contra el vértice geodésico.


Magnífico posado en la cumbre. El fortísimo viento obligaba a que nos agarrásemos para no salir volando.


Decidimos descender rápidamente de cota. Los ojos se congelaban en las cuencas, una sensación de somnolencia nos invadía, el frío azotaba nuestras caras anestesiadas y el dolor en las manos era intensísimo. No quiero imaginar la sensación que tenía Íñigo en sus piernas desnudas...


Bastantes metros más abajo, ya calmado el temporal de viento y agua, el sol lucía en la Dehesa del Moncayo. Habíamos librado una batalla contra el gigante, se había dejado vencer, pero la pelea había sido durísima.


Al llegar a Cueva de Ágreda, la paz reinaba en el pueblo. El contraste con lo que acontecía mil metros más arriba era como comparar la noche y el día.


Nos tomamos unas cervezas en Soria y esperamos pacientemente a que llegase la hora de comer: un chuletón de buey para celebrar la ascensión.


Al salir encontramos una de las tabernas más conocidas del mundillo de la TV, la de Moe, el personaje de los Simpsons.



Un vistazo atrás por el retrovisor nos muestra al Moncayo, el gigante que duerme tras la batalla librada esperando a quien atreva a desafiar de nuevo su sueño.


Estos son los datos que registró en la subida el aparato de GPS. En la cumbre las pilas dejaron de funcionar debido a las malas condiciones meteorlógicas.


Hoy, en casa, las pilas han revivido; nosotros también.

6 comentaris:

rosa ha dit...

Bonita ascensión, pero lo del viento...es horrible, lo mal que se pasa cuando sopla fuerte en la cima...

Fer ha dit...

Fresquito, fresquito.
El Moncayo tiene fama de ventoso, como parece qu pudisteis experimentar.
Slds.

Kepa ha dit...

que crack el Iñigo, que crack!!!!! como ya apunta Fer, el Moncayo es muy ventoso y yo añadiría un poquito cabrón....

GeMe ha dit...

CHunguete chunguete la cosa...

A mi me alunica la torre humana en pantalones cortos con el frío que debía hacer

Joana ha dit...

Iñigo parece de Bilbao!!!!

Vaya brisa que os hizo.

Borja ha dit...

Joder, compañero!!
Eso sí que era frío y viento y no lo que pasamos nosotros...
Lo nuestro fue un paseo comparado con lo que sufristeis