29 de juliol de 2007

Canon por el Picu

El año pasado, en junio de 2006, afrontamos la primera escalada al Naranjo de Bulnes de nuestra historia montañera. Fue gracias a Josu que tuvimos la ocasión de saborear las mieles de tan ansiada cumbre.
El sueño sólo se truncó porque a última hora no pudimos estar Carmina y yo juntos en la cumbre. Se tuvo que quedar en Sotres indispuesta. El reto seguía pendiente: pisar los dos juntos la cumbre del que podría ser el pico más exportable de nuestras fronteras: el Picu Urriellu, una piedra de 2519 m que se alza majestuosa 550 m en vertical sobre el refugio de la Vega de Urriellu.


A las 5 de la mañana del sábado 28 de julio hemos salido de casa aún ojerosos, pero con gran ilusión de llegar a Asturias al mediodía. Nos esperan cerca de 8 horas de coche. A las 10 de la mañana pillamos caravana en las cercanías de Bilbao y sobre las 12 nos está lloviendo en San Vicente de la Barquera, pero a eso de las 13 h dejamos el coche en Pandébano y comenzamos nuestra calurosa andadura hacia la base del Picu. La temperatura es sofocante y las pocas sombras que encontramos en el camino están plagadas de gente buscando huir del infernal rayo de sol.


Lentamente nos vamos acercando desde Pandébano, por las majadas de la Tenerosa, hacia Collado Vallejo, desde donde se tiene una impresionante vista de la cara norte del coloso asturiano.


Una paradita en el refugio para coger agua antes de entrar en la canal de la Celada: un camino de zetas interminables que nos acerca finalmente a los vivacs que hay en la base de la cara sur. Desde abajo reconocemos la voz de Josu en las alturas, que nos saluda desde la R2. Él, Txutxi y Joserra están bajando de la pared en estos momentos.


Nos juntamos a pie de vivac, quedamos para empezar a escalar al día siguiente a primerísima hora de la mañana y cada uno se recoge al interior de su saco.


La noche es tranquila, sin nada de humedad. Sólo la curiosidad de unos rebecos hambrientos nos despierta un par de veces. El manto de estrellas está presente en la mejor habitación de hotel que hay en el monte.


La mañana nos sorprende con un interminable mar de nubes sobre las costas asturianas, el calor enseguida aprieta cuando nos disponemos a ponernos los arneses bajo la vía directa por la cara sur de los hermanos Martínez.



LA ESCALADA:


El primer largo hasta R1 es el que presenta el paso más coplicado de toda la vía, un V+, que se salva a escasos metros del suelo.
El segundo largo es un flanqueo horizontal hasta alcanzar unos canalizos que se dejan subir sin demasiada dificultad hasta alcanzar la reunión más cómoda de la vía, la R2.
El tercer largo es una chimenea que se sube teniendo buenos agarres en todo momento. Nos saltamos la R3 para juntarnos con el cuarto largo. Algo más técnico que el tercero pero con buenas sensaciones a 100 metros del suelo.


El quinto largo se hace rápidamente hasta alcanzar la última reunión, donde dejaremos las cuerdas antes de atacar la última media hora de pateada.
El anfiteatro se sube haciendo pequeñas trepadas a más de 200 metros del suelo. Es para mí la parte más peligrosa de toda la ascensión, ya que un traspiés puede ser fatal. Alcanzamos la parte central de la arista y sólo nos queda caminar medio centenar de metros hasta alcanzar la morada de la virgen de Covadonga.

El sueño está cumplido, por fin estamos los dos en la cima del Picu.


El descenso lo hacemos con cuidado hasta alcanzar la seguridad de las cuerdas. Sólo nos quedan 3 rápeles y estaremos de nuevo en el punto de partida. Ya no importan ni el calor, ni las horas de coche que tenemos por delante, ni que mañana hay que ir a trabajar: hemos cumplido un sueño.

22 de juliol de 2007

Pombie

Ya han pasado varias semanas desde nuestra última incursión en el monte, allá por mediados de junio. Muy poco ha llovido desde entonces, pero hoy, esta tarde desapacible de sábado, las nubes nos rodean por completo. Estamos en el paso fronterizo del Portalet, en el valle de Tena.
Vamos cargados de trastos para pasar la noche en los aledaños del refugio de Pombie, a los pies del mítico Midi d'Ossau. A pesar de lo húmedo y frío del ambiente, nosotros estamos de lo más positivos tras varias semanas de no pisar prados ni montes.


Tenemos por delante un camino de aproximadamente una hora y media a pie. Nos acompañan Joana y Luís y por detrás llevamos a Ibán y Txutxi con quienes nos juntaremos un par de horas más tarde en el refugio.


Los primeros pasos los hacemos rodeados de una intensa niebla que cubre todo el valle de Ossau. No tenemos apenas prisa, ya que no vamos a cenar ni a dormir en el refugio. El peso de la tienda se hace notar pero no importa demasiado ya que el trayecto hasta nuestro punto de destino es relativamente corto. Lo único malo es que nos estamos perdiendo las vistas del paisaje del valle por culpa de la densa niebla que nos cala hasta los huesos. Un buen rato más tarde y tras un par de paradas en el camino para reponer fuerzas alcanzamos los 2032 m, donde se situa el refugio francés de Pombie.


Sin demorarnos demasiado preparamos el lugar donde vamos a plantar la tienda. El tiempo lluvioso que nos rodea nos obliga a abrigarnos al máximo para no ser víctimas de la humedad. Una vez montadas las tiendas aprovechamos la de Joana y Luís para meternos los 6 en el interior y cenar alguna cosilla antes de recogernos hasta el día siguiente.


La noche es muy agradable, más cuando todos pensábamos que nos iba a caer una tormenta encima de las que hacen temblar los cimientos de las montañas. Contra pronóstico no llovió durante la noche, pero la mañana se despertó con un cielo encendido y cargado de nubes oscuras que daban un aspecto fiero al horizonte.


El Midi d'Ossau, nuestro objetivo inicial para el domingo amanecía totalmente cubierto con un intrigante manto de nubes grises. Son las 7 de la mañana.


Un buen rato de deliveración nos hizo poner de acuerdo en qué ruta íbamos a emprender para aprovechar la mañana. Sobre las 8:30 a.m. nos pusimos en marcha por las pedreras cercanas a Pombie, dirección al Col de Suzon.


Poco a poco encaminamos nuestros pasos hacia la cumbre tricéfala de Saoubiste, 2251 m, donde desayunamos.


Antes de llegar, unas trepaditas interesantes para dar un poquito, sólo un poquito de ambiente.


Sólo mientras estábamos en la cima de Saoubiste, el vecino Midi mostró su cumbre entre las nubes y el viento que azotaba nuestros rostros.


A medida que pasan las horas, el viento va barriendo las nubes de las cimas y podemos ver el Pico del Mediodía, Midi d'Ossau, antes de abandonar el valle.


Ya cerca del coche nos encontramos con una manada de caballos que se dejaron acariciar y posaron mansos ante las múltiples cámaras que les disparaban con sus flashes.


No es la primera vez que vemos el Midi. Siempre ha sido difícil de observar por culpa de las nubes que suelen acumularse en la vertiente francesa del Valle de Tena. Ahora sólo nos falta poderlo subir, pero esa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión.