6 de maig de 2008

Marrakech


La palabra con la que definiría la ciudad de Marrakech sería: CAOS. Un caos organizado diría yo, en el que se mezclan caballos, bicicletas, Mercedes Benz y gente a pie en una misma calzada. No se escuchan los clásicos bocinazos de las grandes urbes europeas, más bien algún improperio en lengua árabe cuando no respetas tu turno de paso en medio de la jungla asfáltica.


Llegamos allí el viernes día 2 de mayo aprovechando nuestras primeras vacaciones juntos en dos años. Primera parada: la mezquita de Marrakech, que impone por su simple belleza lejos de florituras y ornamentos exagerados.



Tras cambiar algunos euros en dirhams (moneda de Marruecos que viene a ser aproximadamente equivalente a 1€=11Dh) nos encontramos con unos amiguetes que habían estado una semana por esas tierras degustando la gastronomía marroquí y de trekking por el Toubkal (Alto Atlas). Nos contaban su experiencia allí y nosotros ansiábamos coger las mochilas y empezar nuestro trekking, pero esa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión...
Con ellos nos adentramos en el zoco con sus colores, olores y sensaciones. Me sentí transportado a la Edad Media, a esos mercados antiguos donde se vende prácticamente de todo: desde naranjas a sombreros, pasando por telas y pescado. Carne en descomposición colgaba de algún mostrador, a su lado lámparas maravillosas, cachimbas y algún que otro surtido de olivas y frutos secos. En definitiva, de todo.




La gente es, por lo general, menos agobiante de lo esperado. Están allí tranquilamente degustando su té a la menta sin meterse con nadie. El secreto, si quieres pasar más o menos desapercibido, es mantener la mirada perdida sin centrarte en un punto, ya que la persona que ocupe ese punto que tú decidas mirar, sentirá una necesidad irrefrenable de llamar tu atención y te intentará vender algo, lo que sea, lo que tenga: desde una dentadura postiza que seguramente intentará encajar en tu boca con alguna técnica odontológica de ultimísima generación hasta un fabuloso barrillo pringoso que primero te obliga a mantener la mano, o la parte que sea tatuada con dicha henna, lejos de roces y contactos innesarios para no estropear la obra de arte; en segundo lugar se seca y va cambiando de textura mientras se oscurece. En un ratillo lo podrás retirar y admirar que del color marrón inicial se ha transformado en un bello color naranja que durará unos días en función del castigo al que se le someta. Antes de acabar el viaje, el 75% del dibujo que se hizo Carmina en la mano había desaparecido; todo por el módico precio de 400Dh que me pedían en un principio (acabamos regateando hasta los 20Dh por 15 segundos de trabajo). Allí a los catalanes nos conocen bien, así me lo dio a entender la artista al ver que no subía mi oferta inicial por su trabajo.


Un descanso, 6 CocaColas menos de 5€.


El primer choque cultural fue muy favorable, ya que no esperábamos tanta tranquilidad a nuestro alrededor, aunque todo hay que decirlo, tras una semana de trekking con la única compañía de un guía y un cocinero marroquíes atravesando las montañas del Alto Atlas en dirección al Jebel Toubkal (techo marroquí con sus 4167 m)... el segundo choque cultural con Marrakech, no fue lo mismo, a pesar de intentar huir de las zonas más concurridas.


El viernes 9 de mayo tras una reparadora tarde en el hotel de Marrakech nos dispusimos a quemar los últimos cartuchos que nos quedaban. Nuestro vuelo a Barcelona salía por la tarde, así que aprovechamos la mañana para acabar de visitar algunas de las zonas que no tuvimos ocasión de ver la semana anterior. De camino a la Menara nos encontramos una simpática familia de dromedarios en medio de la calle.

Por fin alcanzamos los jardines y el estanque de la Menara, situados bastante cerca de la terminal de aeropuerto internacional de Marrakech. El día amaneció con nubes, lo agradecimos tras unos días de mucho calor.

Antes de marchar hicimos una de las fotos que muestran con más impacto el choque cultural que se produce cuando te alejas un poco de las zonas más antiguas de la ciudad. La imagen habla por sí sola.


En resumen: un viaje de lo mejorcito que hemos vivido. Vale la pena dejar atrás el miedo o la incertidumbre y dejarse embriagar por la magia de este mundo que tantas cosas nuevas, desconocidas y sorprendentes tiene que ofrecer, aunque tampoco lo negaré, como en casa de uno no se está en ningún sitio, a pesar de lo que nos costó regresar primero por el CAOS en el aeropuerto marroquí en el control de pasaportes y luego por el caos de bocinazos europeos en el aeropuerto de Barcelona... Ja som aquí!!!!

6 comentaris:

Joana ha dit...

Bonito viaje en una ciudad tan encantadoramente diferente.
Felicidades por esa cima!!!!!!!

Anònim ha dit...

Con la "única" compañia de un guia y de un cocinero!!!!!!!!!!!!!!.

¿Pero tu con quien querías ir, con el septimo de caballería?

Marc ha dit...

Me refiero, y ya lo vereis cuando haga el reportaje completo del trekking, que durante 3 días sólo les vimos a ellos aparte de los 4 lugareños con sus cabras que nos cruzamos. La paz era indescriptible.

rosa ha dit...

Que viaje tan exotico...enhorabuena por otra cima más!!!!!!!!!!!

Joan González ha dit...

eso,eso...queremos ver afotos de montañasssssss...tanto guirii...jeje.

salut
joan

ldiegoes ha dit...

Que bonita descripción de Marrakesh... me ha encantado.