A principios de enero, tras las primeras nevadas en condiciones, fuimos hasta Ribes de Freser para ascender una de las clásicas pendientes: el Taga.
Cargamos con las raquetas en la espalda toda la jornada y hasta los espantapájaros parecían reirse de nosotros y nuestra tradición de cargar material que al final resulta innecesario totalmente.
No nos dejaban ni elegir camino...
Al poco de caminar, las vistas hacia el cercano Puigmal se muestran así de grandiosas.
¿Por donde era?
Fuimos ascendiendo por suaves pendientes, siempre on nuestro objetivo al frente.
Y con medio Pirineo a nuestras espaldas.
Un inmenso mar de nubes cubre las zonas más cercanas a la costa.
Mientrastanto, una última pala de nieve nos acercará hacia la parte alta del cordal.
Cumbre conseguida y magníficas imágenes de nieve y nubes.














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