21 d’abril de 2011

PEÑA LADÍN: HACHA Y TIJERA

En el término municipal de Fuente la Reina en la provincia de Castellón se encuentra un modesto monte de 1033 m que estaba en la agenda de pendientes desde hace unos años. De hecho desde la primera vez que fuimos de veraneo al pueblo, me encantó su silueta y sobretodo me llamaba el hecho de que los lugareños no tenían conocimiento de que nadie hubiese trepado a la cumbre desde hacía muchos años. Justo debajo de ella hay una pequeña cueva donde se guardaba el ganado en caso de necesidad y tras un incendio que devastó la zona hace unos años, las aliagas habían hecho de este monte su feudo.
Un cartel descolorido indica el inicio del sendero justo en el collado a unos escasos 50 metros de la cumbre.

Tras varias visitas a la zona, en 2010 nos decidimos a explorar la zona y nos acercamos desde el pueblo por el paraje de la fuente de la Pinosa. A lo lejos se recortaba el pico.

Carmina, embarazada de 8 meses, se atrevió a intentarlo; pero pronto desistimos ya que las aliagas eran lo suficientemente frondosas como para impedirnos totalmente el paso. Decidimos dejarlo para futuras ocasiones y traer material adecuado.

Ha sido esta Semana Santa cuando por fin hemos podido coronar la cima, pero para ello ha sido necesario un intenso trabajo de jardinería extrema. El día 21 por la mañana, tras las copiosas lluvias de la noche, me acerqué al collado en coche cargando un hacha y una tijera cortasetos. Las aliagas al estar mojadas eran a priori menos temibles...

Preparados antes de la batalla. Sólo 50 metros nos separan del objetivo, pero me llevará cerca de una hora acondicionar más o menos el terreno.

La tijera cortasetos me sirve para ir abriendo el sendero que, a pesar de estar más o menos marcado a ras de suelo, se esconde bajo las punzantes agujas de las aliagas.

El pico se adivina tras la maraña de pinchos. Me voy acercando a paso lento.

Kira me mira curiosa y espera paciente que le vaya abriendo camino.

Cuando la tijera no sirve, un hacha me sirve para ir cortando los troncos de las aliagas secas que impiden el paso.

A mitad de camino me sorprendo al localizar un claro bastante despejado que me permite progresar con facilidad. El monte se ha dejado vencer ya que las aliagas sólo conforman la primera barrera.

Me espera una trepada sencilla en roca pésima. Kira se espera paciente en la parte baja de la roca mientras yo trepo hacia la gloria...

Foto de cima. Hacía muchos años que nadie subía allí, y me alegré de ser el primero en hacerlo.

Al bajar, me decido a hacer una corta visita a la cueva de la que tanto he oído hablar. Es una espacio bastante amplio y sorprendentemente limpio. ¡Lo que hace un sendero lleno de aliagas!.

Una panorámica tras descender del pico.

Unos días más tarde, cuando la meteorología lo ha permitido, me hizo ilusión compartir la sencilla ruta con Carmina antes de regresar de nuevo a casa tras las vacaciones. Nos acercamos en coche al collado y dejamos a Irene al cuidado de su tía mientras nosotros nos permitimos un ratito parejil.

Nos acercamos a la cueva para explorarla un poquillo antes de acceder a la cima.

Y... ¡SORPRESA!. Carmina encuentra un guante que dejé olvidado hace tres días.

Nos hacemos la foto de rigor en el interior de la cueva.

Y un contraluz antes de salir.

Nos esperan las dos sencillas trepadas, pero hay que tener en cuenta la mala calidad de la roca antes de aventurarse.

Carmina accediendo a la parte alta.

Es este un terreno propicio para las baquetas, una variedad de caracol muy apreciado por su sabor.

En la cima de Peña Ladín por segunda vez en tres días.

El regreso fue bastante rápido, pero no exento de cierto riesgo, ya que las aliagas ya empezaban de nuevo a cerrar el sendero.

Así nos despedimos de la Peña Ladín sabiendo que la próxima vez que vayamos al pueblo las aliagas habrán vuelto a ganar terreno y quien quiera subir deberá armarse de paciencia y ganas para reabrir el sendero.

Por suerte para todos, tenemos perdida la guerra a pesar de haber ganado una batalla. La naturaleza siempre acabará ganando.