31 de juliol de 2011

TURÓ DE TAGAMANENT

El mes de julio, tras la inusual meteorología que nos ha traído, nos ofrece hoy una día bastante potable en lo que al tiempo se refiere. Como no tenemos muchas ganas de coche, nos decidimos por algo cercano: el Tagamanent desde Aiguafreda. Hace más de 10 años que subí, lo hice desde el Figaró por pistas de tierra, pero esta vez nos decidimos por el GR5.

Antes de salir de casa: el mapa, los bocatas y el postre.

Lo más complicado de la ruta es localizar su inicio. Hay que entrar en Aiguafreda por la C17 y seguir la pista hacia la derecha justo antes de entrar en el pueblo dirección a un camping. A la derecha parte una pista que indica que está cortada, la dejamos y subimos por la siguiente. A escasos 200 metros si llega, sale una pista de tierra en buen estado que sube una pendiente que con un turismo se puede afrontar. La seguimos hasta localizar dos postes amarillos. Allí dejamos el coche, ya que justo al lado de uno de ellos parte nuestra ruta: el GR5 que, a partir de este punto, está perfectamente indicado con postes verdes y marcas verdirojas.

Por segunda vez nos hemos dejado la mochila "oficial" de monte, pero ya aprendimos la lección hace unos meses y dejamos un recambio en el maletero por si volvía suceder el descuido. Menos mal, ya que nos ha sacado del apuro con nota.

El GR serpentea por una zona con mucha vegetación donde la sensación de sofoco es importante.

Una de las pocas dificultades técnicas del camino, un árbol que corta el paso y que se sortea por debajo.

Al poco de caminar, se impone la primera parada técnica del camino para el estudio exhaustivo de la calidad de piedras, ramas y palos. Amigas del alma posan ante la cámara.

A partir de aquí seguimos un rato el "Camino de San Fernando": un ratito a pie y otro andando, sin descuidar en ningún momento la tarea principal...

Es decir, comer piedras. O al menos intentarlo si los papis no se dan cuenta.

La vuelvo a cargar a la espalda hasta el siguiente punto clave del camino. Una torre de alta tensión nos marca el punto final del primer tramo de bosque y nos deja justo al lado de la masía de Puig Agut, ahora medio en ruinas. Echamos vistas al todavía lejano Turó de Tagamanent, coronado por la ermita de Santa María.


El camino sube sin tregua por el pinar. Pisamos un suelo curioso, cubierto de grandes lajas de piedra que no quisiera pillar mojadas. El calor se ha echo mucho más llevadero al salir de la humedad de los primeros metros.

Se impone un cambio de tercio tras la segunda parada de avituallamiento infantil. Ahora Irene quiere montar en Carmina el resto de la ruta.

Así que seguimos adelante pisando un terreno rojizo de gran belleza. Se echa en falta algún claro para disfrutar de las vistas; aunque hoy la niebla nos impediría ver las vecinas cumbres al ser más altas que nuestro objetivo.

Dos princesas de cuento en el bosque encantado.

Los pitufos se han ido, no hay nadie en casa.

Por fin alcanzamos un claro justo en la base del Tagamanent. Las nubes nos respetan y quedan bastante por encima de nuestras cabezas y sin intención de descargar como ayer.

Un pequeño descanso para recobrar el aliento. Observar el curioso terreno que pisamos.

Sólo hay que seguir adelante un centenar de metros por el camino para llegar a la carretera del Plà de la Calma de donde parte el sendero final a la cima.

Ya va quedando menos. El sendero recorre los últimos metros rodeando la montaña en busca de su punto más débil.

¿Veo doble o es que tengo ganas de llegar?

El musgo cubre las piedras dándole al escenario un aspecto mágico.

Contraluz con las teóricas vistas hacia el Montseny, hoy tapadas por las nubes que lo esconden desde primera hora de la mañana.

Ya se adivina la ermita que hay en la cima.

Últimos metros antes de llegar.

Precioso enclave donde situar un edificio...

Foto de cima a 1056 m.

Parte trasera de la edificación.

Foto finish antes de degustar las viandas cargadas desde casa. Qué bien sabían los bocadillos, uhmmmmmm.

Un mapa de la zona para ilustrar la ruta. El descenso, por el mismo camino, se hace más llevadero, aunque no hubiese ido mal un poco más de agua, ya que no hay ningún punto donde recargar la cantimplora.

En total unas 4 horas y media de ruta a paso tranquilo y con largas paradas incluidas para superar los 550 metros de desnivel y casi 11 km de ruta.

2 comentaris:

rosa ha dit...

Quina filla més maca que tens!!!!!!!!!!

Marc ha dit...

Moltes gràcies. Sí que ho
és.