13 d’agost de 2011

YELLOWSTONE 2.5: RODEO TONIGHT

No os preocupéis, hemos llegado a West Yellowstone a tiempo para poder cargar de nuevo el tanque de gasolina. Estamos de nuevo FULL. Una visita relámpago al hotel para coger el resguardo de las entradas y conduzco veloz por la Highway 20 unas 6 millas al oeste del pueblo. Llegamos al tiempo que la luna llena, que se alía con nosotros en esta noche de fiesta.

Wild West Yellowstone Rodeo, con quien me puse en contacto desde casa y que me informaron rápida y eficazmente para poder disfrutar del auténtico sabor del Far West americano. Llegamos y en la entrada un enorme cowboy me da las entradas.

Llegamos a tiempo de ver comenzar el espectáculo que, como siempre, empieza con el National Anthem. De pie y con el sombrero en el pecho, todos cantan su letra. Impresiona ver el orgullo patrio que se desprende de sus actos.

Nos situamos en las gradas superiores, desde donde mejor se ve el espectáculo.

Los primeros caballos y jinetes salen a la arena.

Presenciamos la doma de broncos.

La persecución y captura de reses con el lazo a la antigua usanza.

Irene se lo pasa genial. Entre la música yankie a tope, el jolgorio de la gente y el speech animado del speaker, ella ha decidido trasnochar un poco. Total, hemos entrado a las 8 p.m. y saldremos sobre las 10 p.m.

Tras una singular carrera de niños tras una res para conseguir una barbacoa gratis para toda la familia y una moneda de oro de un dollar, llega el momento más esperado con la monta de toros. Unos toros enormes distintos a los que solemos ver aquí sacrificados en honor de la "fiesta".

Finalizado el evento, unas fotos con los participantes del rodeo y un hallazgo increíble: el famoso dollar de oro, está a mis pies cuando sólo quedamos nosotros en la grada. Lo sentimos por su dueño, pero me llevo el souvenir, él tiene la barbacoa gratis para toda la familia que seguro vale mucho más que la moneda en sí.

Una foto con las gradas.

Y otra con el cartel de despedida del rodeo.

Tenemos ganas de llegar al hotel y descansar, pero nos espera una última sorpresa. Al abandonar el recinto, a oscuras en medio de un llano herboso, una rueda del coche me queda encajada en una acequia de la que no puedo salir con mis propios medios, así que cuando me decido a pedir algo de ayuda, ésta ya había llegado en forma de unos fornidos cowboys que, viendo el percance, habían salido rápidamente de sus pickups para echarnos una mano. Un empujón después, el coche estaba en la carretera dirección a West Yellowstone donde cenaremos y dormiremos esperando otra jornada de monte para mañana.