29 de maig de 2011

TAGA CON NIÑOS

Tras la resaca futbolera de ayer con el Barça como flamante nuevo campeón de la Champions League.

Hoy por la mañana, nos hemos despertado en Sant Pau de Segúries y lo primero que hemos hecho es mirar por la ventana a ver qué tal el tiempo. Parece bueno...

Las botas están preparadas, así que desayunamos copiosamente en el hostal y preparamos las mochilas para ir al monte.

Nos toca esperar un poco a que todos estén preparados, y es que esta vez nos acompañan Erik y Laura con sus pekes de 4 años el mayor, Erik, y de 17 meses el más pequeño, Miguel.

Las deliberaciones nos conducen hasta Coll de Jou desde Sant Martí d'Ogassa. De allí parte la ruta que da acceso a la cima del Taga. Las nubes de la mañana han estado jugando con la cumbre durante toda la jornada, pero han respetado la ascensión totalmente.

Dejamos los coches en la carretera y nos preparamos para ascender los 400 metros de desnivel hasta la cima. Se trata de un desnivel modesto, pero Erik va a tratar de ascenderlos solito a su corta edad.

Con cuidado de no llevarnos un calambrazo iniciamos la subida con paso himalayístico.

Las caras sonrientes dejan entrever los nervios por la ruta y su dificultad.

El camino está tan marcado que es difícil perderse.

Aunque en ocasiones, éste se pierde en las campas de hierba muy animadas hoy por el ensordecedor canto de los grillos.

Al otro lado del cercado, un rebaño de vacas y terneros nos vigila.

Superada la mitad del desnivel, en el Plà de les Cabanes nos damos un respiro para recobrar el aliento. Miguel, a lomos de su padre va de lo más cómodo.

Lo propio le sucede a Irene, a la espalda de Carmina durante toda la ascensión. Y es que esto de ser los más pequeños tiene sus ventajas.

Momento de descanso. No hay prisa, el objetivo es conseguir que un niño de 4 años no se siente y se niegue a seguir adelante. Eso supone frecuentes paradas, largos descansos y mucho juego y paciencia por parte de todos.

Al final, una ayudita tampoco le va mal, al menos en este tramo más empinado antes de llegar al collado que da acceso a la cima.

La montura deseosa de llegar al collado antes de que los 19 kg de infancia sobrecarguen demasiado la espalda.

El viento azota nuestras caras al asomarnos a la otra vertiente de la montaña. Pero las nubes están alejadas de nuestro camino.

Caperucita roja protegiéndose del viento.

Finalmente alcanzamos la cima a 2040 metros.

Allí permanecemos durante más de una hora disfrutando del monte y de la compañía; aunque el principal objetivo es conseguir que Erik se recupere físicamente para el descenso y que tanto Irene como Miguel se muevan un rato antes de volver a ser porteados.

De nuevo en la mochila, comenzamos el descenso. No tardará en dejarse abrazar por Morfeo y no se despertará hasta regresara al inicio de la ruta.

Donde un picnic a base de quesos y embutidos del Valle de Camprodón nos espera.

Esperemos que nos aproveche, y mientras terminamos de comer, le podéis echar un vistazo al croquis de esta sencilla ruta apta para pequeños aunque un poco justita para según qué edades.


21 de maig de 2011

SERRA DE BUFADORS

Situada en la comarca del Ripollès, muy cerca de Santa María de Besora se encuentra un lugar mágico: la Serra dels Bufadors. Los Bufadors son unos agujeros o brechas por dónde sale aire que viene de lugares desconocidos y misteriosos. Su situación en la parte sombreada de la sierra hace que se genere un microclima especial, con grandes bloques de roca cubiertos de musgo y una flora muy particular.

Son las 9 de la mañana cuando nos adentramos en la pista que parte de Santa María de Besora en dirección a la Serra de Bufadors. Tenemos una amplia vista de la sierra desde la misma pista.

Aparcamos el coche en el Coll de Beví y desandamos unos 150 metros de la pista asfaltada para enlazar con la pista que bordea la montaña por el sur.

¿No observáis algo extraño?

Nos hemos olvidado el portabebés y hay que ir turnándose para llevar a Irene. Primero a caballito de Carmina.

Y luego a espaldas del papi que se dedica a hacerla saltar mientras ambos trotan por la pista.

Foto familiar con el Turó gros de Bufadors a la espalda.

El hecho de no llevar a Irene metida en la mochila le da un toque diferente a la salida, ya que ella ha estado prácticamente despierta toda la ruta. Aquí se la ve en pleno descubrimiento de flora autóctona.

La temperatura es, de momento, agradable mientras buscamos el sendero que, pasado el Coll de Beví Xic, nos meterá de lleno en la zona de los Bufadors.

En una de las múltiples paradas de descanso y descubrimiento seguimos con el estudio de flora. Esta vez le toca el turno al tomillo.

Más de cerca.

Abejas cargaditas de polen.

Superando obstáculos insalvables sin la ayuda de mamá.

¡ PRIMEROS PASOS EN LA MONTAÑA!

Pero luego me siento, que las hojas de este lugar no las he probado todavía.

Finalmente llegamos a la zona de Bufadors propiamente dicha. Es una zona no muy grande, de forma alargada y más o menos estrecha. Debemos fijarnos en los agujeros que hay en el suelo. Si nos acercamos notaremos que el aire que sale es frío. A veces se puede escuchar como silva en su interior, de aquí el nombre de bufadors (sopladores). A medida que avanzamos encontraremos más agujeros. Algunos de ellos han sido reseñados por expertos espeleólogos. Aquí el terreno es inestable y no se aconseja entrar dentro. Es un lugar de gran belleza que tiene un aire mágico.

Nos sentimos como en un museo. El paso no es lento, ni pausado. Directamente estamos parados contemplando el espectáculo. Parece que en cualquier momento nos van a salir a recibir los duendes y elfos del bosque.

Tardamos bastante rato en ir visitando todas y cada una de las estancias de la zona de Bufadors.

¡Qué guapa que es mi niña!.

He aquí el árbol rebautizado como Árbol Moqueta, dado su tapiz de musgo. El tacto era espectacular a la vez que agradable.

Como nos descuidemos empieza a caminar sola en cualquier momento.

Próximos reportajes en el mismo Batcanal . Los murciélagos campan a sus anchas en el interior de las cavidades más grandes.

Hay que tener cuidado porque de su interior puede surgir cualquier bicho.

Decidimos detenernos un rato allí para disfrutar del paisaje y del último bizcocho preparado por la repostera de casa.

Foto familiar durante el avituallamiento.

¿Quieres un poco de galleta?

Después del descanso, un poco más adelante el bosque se hace más abierto y una última zona digna de cuento se abre tras las brechas de la montaña.

Un curioso y enorme árbol habita las profundidades del estrecho cañón. La foto de grupo con Vanessa y Conchi, quienes han planificado la salida más sorprendente desde hace bastantes semanas.

El musgo cubre las piedras. Hay todo un mundo de sensaciones por explorar.

Las piedras más grandes tampoco se libran del tapiz verde.

Hemos llegado al final de la zona de Bufadors y accedemos a la parte alta de la sierra obteniendo unas magníficas vistas del cordal a nuestras espaldas.

Con cuidado vamos siguiendo el sendero que, por la parte alta, nos llevará de regreso al coche, en el Coll de Beví.

Pronto tendremos una nueva andarina en casa.

Estamos a los pies del Turó Gros, el sendero lo rodea por la izquierda y buscamos el paso más adecuado para poder coronar todos juntos.

Foto de cima a 1006 m.

Contentos por la hazaña.

El regreso se hace más largo de lo debido, ya que se nota le peso de Irene al no haber podido "convencerla" de usar las alternativas caseras que se nos ocurrieron para portearla sin su mochila.

Las vistas hacia el pueblo desde la parte alta son de las que cortan el hipo, aunque hay que extremar precauciones porque el cortado es impresionante a nuestros pies.

Finalmente, ya con la peque despierta, llegamos al Coll de Beví. Han sido unas 5 horas con larguísimas paradas de descanso y avituallamiento, sobretodo la del interior de los Bufadors. Vale la pena no perderse ni un detalle.

Dejamos atrás el pueblo de Santa María de Besora sabiendo que volveremos a visitar esta zona que tanto nos ha cautivado.

Para terminar un croquis hecho sobre la ortofoto de la zona.