19 de gener de 2012

BAUMES CORCADES

Tras un tiempo en el armario, he vuelto a sacar los cacharros de ferrata para ir a la más cercana que tenemos de casa: les Baumes Corcades. Y ya van unas cuantas veces con ésta. Nos encontramos con David, que hace poco se ha iniciado en este mundillo un jueves por la mañana de enero. Llegamos al parking y hay cinco coches más...¡Cómo está el tema del trabajo!.

Nos ponemos en marcha por el camino y a los diez minutos estamos a pie de vía donde nos equipamos y dejamos pasar a una pareja para poder ir tranquilos sin tener a nadie en nuestra estela. David dándole en los primeros compases de la primera parte, la más sencilla.

Contraluz de rigor antes de terminar la primera parte, una de las zonas más fotogénicas de la ferrata.

Fin de la primera parte. A lo lejos el Montseny con poquita nieve en las cimas.

El segundo tramo nos espera con el famoso puente tibetano de 68 metros. Por delante vemos a la pareja que dejamos pasar al principio. Se están retirando del puente. Nos comentan que está bastante destensado y que el grupo de cinco personas que les precedía han hecho lo mismo.

Atendiendo a su experiencia, tomamos nota de su advertencia pero decidimos subir a comprobar nosotros mismos la situación de primera mano, así que nos echamos a la pared de nuevo. Total, siempre podemos regresar como han hecho ellos.

Sol y sombra antes de llegar al puente.

La sola visión del mismo ya impresiona. A simple vista se ve correcto y no parece presentar ningún problema.

Le paso la cámara a David para que me saque a la salida del puente. Camino unos metros y regreso a recuperar la cámara para poder retratarle desde el otro lado cuando él llegue.

Me aventuro unos metros más y saco una instantánea del precipicio a mis pies.

Unos metros más adelante, otra foto artística de la sombra colgada sobre el abismo.

Pero ahí termina todo. Unos ocho metros después de la salida, el puente se mueve muchísimo más de lo que debería, al menos para nuestra opinión. No sé si influyó también el hecho de ver que las siete personas que nos iban por delante lo habían dejado para otra ocasión, pero el caso es que decidimos no pasar y descender.

Montamos un accidentado rápel desde el punto destinado a ello en la parte baja del puente (rojo), de muy mal acceso. Tuvimos que echar mano del ingenio para poder descolgarme sin percances los escasos cuatro metros que me separan de la vía de escape. Allí llegué bastante tenso y David prefirió deshacer la vía por la que habíamos subido para evitar ningún susto. Una vez abajo, descansamos un buen rato mientras recuperábamos el aliento tras el tsunami de emociones fuertes que habíamos vivido para bajar de la pared. A mi modo de ver, una instalación de rápel en la zona marcada en verde estaría mucho mejor y evitaría posibles accidentes en el futuro.

Razón por el que recibe su nombre la ferrata.

David echando un ojo al puente. ¡Otra vez será!.

Seguimos, ahora por terreno más sencillo, por el segundo tramo de la ferrata. No es más que una sucesión de travesías más o menos sencillas con alguna escalera de bajada que le da vidilla a la vía.

Montseny como telón de fondo.

Llegamos al final del segundo tramo y en vez de terminarlo y subir directamente al cuarto, como habíamos hecho siempre, decidimos ir a investigar la zona Esperó/ Tosquera, que nos era totalmente desconocida.

Una bajada por una canal equipada nos deja en los entrantes de la roca, donde nos esperan una sucesión de cables que permiten la progresión hasta la zona de ferrata.

Un cartel advierte de la extrema dificultad de l' Esperó. A pesar de ello, subimos unos metros para investigar.

Visto desde abajo parece bastante fiero, sobretodo el momento del primer desplome hasta el que subo para investigar un poco. No veo claro cómo seguir una vez superado el desplome y como no vamos muy sobrados de fuerzas tras el episodio del rápel, decidimos descender y retirarnos por la zona catalogada como Fácil de la Tosquera.

L' Esperó visto desde las alturas. Se confirma que es lo suficientemente complicado como para venir con algo más de material y de fuerzas, sobretodo mentales. Hemos hecho bien.

En la Tosquera, una escalera tumbada nos espera, más de cara a la foto que nada más.

Subiendo.

En la parte alta, allí donde se juntan el final del segundo y de éste tercer tramo, un rebaño de vacas pasta tranquilamente.

Un tramo de camino y nos plantamos bajo el cuarto y último tramo de ferrata, la zona de la escalera.

El primer desplome lo salvamos echando mano de las últimas fuerzas que nos quedan en esta calurosa mañana de invierno.

Sobre la escalera.

Sobre la escalera (II).

Superadas las dificultades de la escalera, un último desplome nos separa de la gloria. Hemos terminado.

Sólo nos queda alcanzar la cima de Puigsagordi desde la que descenderemos por la pista tranquilamente degustando el bocata de rigor y comentando las mil anécdotas de la jornada.


4 comentaris:

Zieft ha dit...

Aupa Marc! Como montaste el rapel?¿ si estas en el puente la instalacion de rapel te queda muuuuuuuy abajo...
Y en el puente, llevas los disipadores de la ferrata y luego, un cabo de anclaje al cable superior?¿?

A mi si me llevas, que sea a la version facil...;)

MARC ha dit...

El rapel lo monté con sumo cuidado pasando un poco de tensión... Está muy bajo a mi entender.
Lo del tercer anclaje es un truquillo que sirve para descansar en algún punto delicado de la vía. Para el puente, te obliga a estar más cerca de los cables y por tanto no baila tanto, aunque esta vez, ni con el tercer cabo.

Anònim ha dit...

Os habeis amariconao, hoy he hecho la ferrata por primera vez y no he tenido ningun problema en los pasos dificiles que comentais, inlcuyendo el puente que efectivamente no estaba muy tenso (pero es que mide un huevo!).
Hay que echarle más huevos a la vida!

MARC ha dit...

Me alegro de tu hazaña amigo ANÓNIMO, la próxima vez, firma y sabré a quien dirigirme. Un saludo y gracias por seguir el blog.