24 de febrer de 2012

CINGLES DE GALLIFA

Le ha tocado el turno a uno de esos montes que vemos desde la terraza de casa pero que nunca nos decidimos a visitar: los Cingles de Gallifa, que con sus casi mil metros desafían desde lo alto los valles que los rodean. También conocidos como Cingles de Sant Sadurní, nos esperan solitarios un viernes cualquiera por la mañana.
Por la mañana, sin madrugar demasiado, preparamos mochila y nos calzamos las botas antes de salir de casa. Nos separan unos 40 minutos de coche del punto de inicio al cual llegaremos tras dirigirnos a Sant Feliu de Codines y de allí, por la estrecha BP-1241, hasta el kilómetro 12,6 donde dejaremos el coche en un reducido espacio habilitado para ello justo a la entrada de la pista que lleva al Mas de la Roca.
Un cartel indica la prohibición de circular, además de que una cadena nos impide el paso por la pista de tierra. Dejamos a Kira y a Jara atadas en el árbol mientras despertamos a Irene de su sueño reparador de casi todos los trayectos en coche y organizamos las mochilas.
Una vez despierta, la princesa nos mira con cara de no tener muchas ganas de caminar, aunque la posibilidad de pasear a las perras es un aliciente que la convence rápidamente. Eso sí, unos palitos de pan y un poco de agua obran también sus milagros particulares.
Foto familiar antes de comenzar la ruta, que nos llevará primero por pista y más adelante por sendero hasta la ermita de Sant Sadurní en la parte alta de los Cingles de Gallifa.
Nos ponemos en marcha, saltando o pasando por debajo de la cadena según la altura de cada uno, por la pista de tierra. En los primeros compases del camino decidimos llevar atadas a las perras, ya que desconocemos lo cerca que vamos a pasar del Mas de la Roca y se escuchan perros cerca.
La pequeña de casa se comporta como una domadora de leonas.
Pero eso cansa mucho y al cabo de un rato pide su avituallamiento particular y transporte especial.
Un rato de pista para desentumecer las piernas. En las alturas vemos el Mas de la Roca, pero no nos dirigiremos a él, sino que abandonaremos la pista justo antes de un puente de metal que atraviesa la riera.
A comer!!!
El sendero a seguir sale de la parte derecha de la pista junto a un palo indicador y se adentra por un erosionado sendero en dirección norte.
Seguimos el citado sendero unos minutos y lo abandonamos por un senderillo a mano izquierda que nos acerca a la riera.
Allí, en la riera de la Pinassa, las perras se dan su festín acuático. No habrá más agua en todo el recorrido y la que hay aquí está estancada. Hay mucha sequía últimamente, aunque en época de lluvia supongo que la zona estará más animada. La atravesamos y seguimos adelante.
Seguimos la reseña encontrada en internet que, pese a ser bastante buena, está un poco desfasada, ya que las marcas verdes y amarillas originales han sido sustituidas por círculos blancos y amarillos. En algunas zonas escasean las marcas, sobretodo al principio del sendero tras la riera, pero luego no hay pérdida posible siempre que sigamos al pie de la letra la reseña.
Seguimos las marcas indicadas por un sendero que asciende por el flanco de la montaña en ocasiones bastante erosionada. Hay que tener cuidado con un sendero a mano derecha que baja a la riera, y que está marcado, que no es el correcto.
Vamos haciendo zigzags en la parte baja de la montaña siguiendo un sendero bastante cómodo tanto para humanos como para animales.
Un momento de descanso en medio de la erosión. Mucha rueda de moto marcada...
Irene, tras descansar un ratillo, insiste en seguir a pie otro ratillo. La marcha se enlentece bastante ya que hay que ir haciendo inventario de piedras y recogida de las de mayor tamaño posible. ¡Si nos descuidamos un poco, nos carga con ellas en algún bolsillo!.
Un poco más arriba, el sendero llanea en algunos tramos y permite acelerar un poco el paso. Es en esas zonas donde no hay quien la pille.
El bosque destila pureza por todos los costados. En todo momento esperas ver aparecer hadas y duendes.
El camino, cada vez más trillado se adentra en el bosque dirección norte. Se agradece la sombra teniendo en cuenta los calores que hace este mes de febrero.
Cada vez estamos más arriba y la claridad del sol nos ilumina algo más el sendero por el bosque.
En formación.
En algún punto los árboles caídos dificultan el paso, pero la mayoría de zonas están bastante bien acondicionadas. Alguien se ha dedicado, motosierra en mano, a ir talando las ramas que molestaban para pasar.
Estamos más o menos a mitad de recorrido cuando un cruce nos hace dudar. La reseña nos indica que hay que seguir las marcas del sendero de la izquierda. Un rato más arriba, el cartel de Camí de Feliuans, nos corrobora que vamos por el buen camino.
Nos acercamos a una zona rocosa en la que superamos uno de los cingles.
El Pas de la Roca, entre dos formaciones rocosas imponentes, nos sorprende con la presencia de un parapeto metálico verde sin ningún sentido. Se puede atravesar por medio o rodear por su derecha según se sube. Estamos a algo más de 800 metros de altitud.
Seguimos por zona más soleada durante unos minutos antes de abandonar la pista que sigue a mano derecha. Nosotros seguimos las marcas por un sendero que sube fuerte a nuestra izquierda. Nos acercamos a las pistas forestales de la parte alta.
Un poco más y llegaremos al Coll de Sant Sadurní.
Una vez en el collado, a 870 metros, hay que seguir de frente el sendero que asciende a Sant Sadurní. El palo indicador de las direcciones está separado de su base y no es muy de fiar.
El sendero carece ya de marcas y es más bien intuitivo, pero sin demasiadas posibilidades de error.
Atravesamos una última pista mientras seguimos de frente por fuerte pendiente. Irene se ha dormido hace un rato y eso permite ir un poco más rápidos dentro de nuestras posibilidades.
Finalmente alcanzamos la parte alta de la montaña, donde encontramos la ermita de Sant Sadurní.
Las perras estaban pidiendo un descanso a gritos, así que las hicimos echarse al suelo un rato mientras nos acercábamos al mirador que existe sobre el altiplano del Moianès y la depresión del Vallés.
Un vistazo vertiginoso desde las alturas.
Foto de cima a 951 metros.
El recorrido de descenso lo realizamos por donde habíamos subido, sin explorar la otra vertiente de la montaña que parece ser que tiene senderos que permiten realizar una ruta circular y que dejamos para otra ocasión. A mitad de camino la pequeña princesa se ha despertado y ha reclamado un poco de terreno para caminar.

Una foto con papá.
Y otra con mamá antes de dar por terminada la excursión.
El terreno que hemos pisado lo plasmo en este croquis a mano alzada sobre el mapa de la zona.
Pese a que se pueden acortar muchísimo los tiempos, nosotros hemos invertido unas 5 horas y media en realizar toda la ruta de ida y vuelta. Hay que tener en cuenta que nuestro ritmo es lento y además paramos varias veces para descansar y dar de comer a la cachorra.

4 comentaris:

Kepa ha dit...

El jersey de Marc es digno de "Cuentame"....

MARC ha dit...

Ja ja ja ja ja ja. Te acabas de ganar el pimiento del Padrón que pica. Es un polar del Decartón de hace un par de años. Me lo pondré cuando vengas con un chandal vintage que tengo.

Miriam ha dit...
L'autor ha eliminat aquest comentari.
Miriam ha dit...

Qué fotos más bonitas! Me ha encantado el post jeje esa mochila senderismo para la pequeña es genial.

Un saludo,
Carol