11 de gener de 2013

PUIG DEL FAR - ROCA DE MIGDIA

Tras el parón obligado de las fiestas navideñas, empezamos el nuevo año con ganas de estrenar: vestimenta los adultos, botas y mochilas los peques y, sobretodo: los mapas que ha dejado Papa Nöel; que nos permitirán conocer zonas desconocidas para nosotros hasta la fecha. 


El Pantano de Sau, uno de los más importantes de Catalunya ha sido el primero de los rincones que hemos querido visitar. Tras indagar un poco por internet hemos encontrado unas fotos sacadas desde la cinglera situada al sur del pantano, así que hemos puesto manos a la obra y hemos decidido visitar, a lo mejor, el mejor mirador que hay en esa zona: la Roca de Migdia y su vecino, el Puig del Far; que dominan las paredes de Vilanova de Sau.


Hay que dirigirse desde Vic por la C25 (l 'Eix Transversal) dirección Girona y salir en la salida 183 hacia Roda de Ter y de allí hacia Tavèrnoles y el Parador de Sau por la BV5213. Una vez en la citada carretera, pasado el desvío a Fussimanya, hay una pista de tierra hacia la Casanova de Reurell, donde aparcaremos el vehículo. Nosotros hemos entrado más o menos 1 km, ya que no íbamos con demasiadas ganas de pista y el tiempo con los nenes hay que calcularlo al máximo para no ir sufriendo. Una vez aparcado el coche, toca equiparse. Iván con un mono de 9 meses y cuenta 5 y medio...


Irene, más conjuntada imposible con sus bambas de monte nuevas.


Primeras risas y sorpresas al ver a mamá con gafas de sol.


Preparada para la acción: nos espera un recorrido circular que rodea el Puig del Far de 832 m, pero antes de ascenderlo, nos desviaremos hacia la Roca de Migdia, un magnífico mirador sobre el pantano de Sau.



La inocencia en los ojos de un bebé mirando a su madre.


La mayor parte del recorrido será por una pista apta para vehículos pero que nos permite un cómodo paseo, sobretodo para Irene que tiene prisa por ir a caminar.

Incluso se atreve con el boulder.



Primera de las charcas que encontraremos para el ganado.


En una curva de la pista ya echamos vistas al puig de Far, todavía nada del pantano.


Panorámica con el Puig del Far en el centro. Nuestro recorrido seguirá la pista hacia la punta situada más a la izquierda para regresar al collado, ascender el pico y regresar por la otra vertiente del monte.


Posando con mis pantalones nuevos que han traído los Reyes.


Irene a la carrera mientras yo empiezo a contemplar el paisaje que empieza a adivinarse por encima del bosque.


Los Cingles de Tavertet, conocidos en todo el mundo por su belleza y singularidad.


Llegamos al punto clave, una puerta para el ganado nos separa del acceso al mirador de la Roca del Migdia.


Mientras caminamos hacia el norte, a nuestra espalda se adivina la cima del Puig del Far.


Caminando por una pista algo menos apta para el vehículo rodado.


Bifurcación, nosotros seguiremos el camino de la izquierda, aunque es irrelevante.


Al poco rato, nos adentramos en un senderillo dentro del bosque. Está poco pisado y algo sucio.


Cuidado con quien se esconde detrás de los árboles.


A medida que nos acercamos al borde del precipicio hay que extremar precauciones, sobretodo con los más pequeños. La mochila de Irene tiene una pequeña cuerda con un mosquetón que permite asegurar un poco el caminar del más pequeño. De ningún modo resistiría un golpe fuerte, pero permite controlar un poco el asunto. Ella, encantada de que la cojamos, nos va dando las gracias durante un buen rato, ya que le hemos explicado claramente cual es el motivo de asegurarla.


El sendero empieza a descender, nos acercamos al mirador.


Una vez en él, decidimos que vaya yo hasta el borde para sacar las fotos del paisaje mientras me esperan los tres unos metros más arriba. Una vez preparado todo el tinglado, les voy a buscar. En este momento no hay que jugársela: un tropezón/resbalón es el último seguro, así que cuidado extremo y los niños a cuestas. 


Un pequeño rellano permite el posado familiar ante tan magníficas vistas que abracan desde el Prepirineu, con las Serra d'Ensija y Pedraforca hasta la Garrotxa, pasando por el Cadí y parte del poco innivado Pirineu. Más cerca, los cingles de Cabrera, los de Tavertet y el Puigsacalm. A nuestros pies, el pantano de Sau con parte del campanario de Sant Romà de Sau a al vista al no estar lleno el pantano.


Volviendo del balcón, todavía a cuestas para salvar los metros más peligrosos, que no difíciles.


En zona segura y al sol de enero, nos comemos las patatas con brócoli y albóndigas que  trajeron los Reyes (a petición de Irene) y que ha preparado mami para la excursión.


Familia de cuatro.


Tras reponer fuerzas, cambiamos de tercio. Me hace ilusión cargar a Iván a mis espaldas.


Irene se apunta rápido a eso de ir con Carmina. Se empiezan a notar los metros en sus piernecitas de 2 años y medio.


 Desandamos el camino hasta la puerta de acceso a la Roca de Migdia y nos disponemos a atacar el Puig del Far.


Últimos metros antes del desvío final hacia la cima.


Contenta de ir a la espalda de mami. Ya está bien por hoy.


Seguimos por pista y nos desviamos en una bifurcación hacia la derecha. Rápidamente llegamos al Plà de Santa Margarida, lleno de pisadas de vaca y con una curiosa balsa.


El sendero sube rápido por entre las rocas, nada que ver con las pistas que rodean el monte.


 Las chicas subiendo metros.


Las rocas nos recuerdan otras zonas que hemos visitado, sobretodo al llegar a les Baumes.


Echando un ojo a las zonas de escalada, con unos techos de gran dificultad.


Rodeamos las rocas y ascendemos por una canal equipada con una sirga de metal para evitar resbalones, sobretodo de bajada.



 Los últimos metros cuestan un poco más con el peso adicional a la espalda, pero ambos nos alegramos de tener a los peques controlados, ya que el abismo se abrirá de nuevo ante nosotros en breves momentos.


Puig del Far, 832 m, con unas vistas impresionantes.


Roca Falconera, Vilanova de Sau y al fondo el Montseny.


Pantano de Sau y Cingles de Tavertet y el Far.


Ensija y Pedraforca.


De bajada nos topamos con un gigante de piedra...


... que guarda una curiosa roca con un pasadizo natural hacia ningún sitio.


Desandamos de nuevo el camino de las baumes.


Y llegamos al amplio Plà de Santa Margarida, donde se oyen cencerros y no se ven vacas. Irene iba medio enfadada por ello.


Las campas de hierba ofrecen un terreno cómodo para andar, aunque ¡¡¡cuidado con el barro y las cacas de vaca!!!


Contraluz.


Hay que dirigirse de nuevo hacia la pista de inicio y para ello hay que cruzar el campo dirección al pantano. 


Vacas, por fin.


El sol va alargando cada vez más nuestras sombras, pronto nos quedaremos sin luz. Son cerca de las 5.

+

Una balsa con agua congelada, la última parada antes de regresar al coche. Al fondo ya se ve la pista donde hemos aparcado el coche.


Antes de irnos, un último vistazo al pantano con las luces del día despidiendo la jornada.


Ha sido una ruta llena de contrastes, hemos pisado pista, sendero, hierba, barro y demás. Hemos tenido emoción, adrenalina y también hemos disfrutado de la paz de una ruta sin gente, a nuestro ritmo (muy pausado entre los peques y las fotos); además hemos parado a comer; es decir, no es muy fiable para quien quiera hacerla a buen ritmo, ya que se puede cubrir en poco tiempo el desnivel de entre 250 y 300 metros; y el recorrido que a ojo será de unos 6 km aprox. 
Eso sí, muy recomendable.

2 comentaris:

MARC BOTA ha dit...

Hola Marc Ya me ha gustado ver la familia al completo disfrutando de la montaña. Muy buena ruta escogida por la variedad, vistas y tranquilidad.
Un saludo

AGRIPA ha dit...

Bonita salida familiar. Habeis escogido una buena ruta. Yo espero ir a Fussimanya la semana próxima, y ojalá tengamos un dia tan bueno.