1 de febrer de 2013

ROC GROS DELS HOSTALETS DE BALENYÀ

Una ruta matinal ideal para ir con niños, aunque en esta ocasión sólo hemos caminado los papis; ya que los peques de casa han preferido ir porteados. Además cerquita de casa. Sólo hay que coger la C-17 dirección Vic y salir en la salida dels Hostalets de Balenyà. Nos adentramos por la carretera que cruza el pueblo y, pasada la Renfe, nos desviamos dirección a la ermita de la Mare de Déu de l'Ajuda.


Unos cientos de metros por pista y llegamos a la zona de la ermita, donde dejaremos el vehículo.


No podremos visitar la ermita al estar en restauración, pero si nos paseamos por sus cuidados alrededores donde nos saludan los dueños de la masía justo al lado de la iglesia.


Desde el mismo aparcamiento nos dirigimos, siguiendo en todo momento los carteles y las marcas verdes hacia el Roc Gros, situado 300 metros por encima de nuestras cabezas.


Hemos organizado una ruta mixta, es decir, un poco de pista al principio para corretear un poco y sendero en los metros finales. A lo lejos ya vislumbramos la imponente estampa del Roc de la Guàrdia o Roc Gros como se conoce en la zona.


Al poco de empezar a caminar, Irene ha reclamado su mochila y no ha habido forma de convencerla de caminar más. Es lo que tiene ir con niños, a veces caminan todo el día y otros días se duermen a tu espalda a los 5 minutos de comenzar y no quieren saber nada de pisar monte hasta que regresan al aparcamiento.
Una primera parada en la Casanova de Quimet, la primera de las 4 masías que veremos antes de llegar al sendero propiamente dicho y abandonar la pista.


La segunda, más moderna de aspecto, es la Casanova de la Font que nos sorprende con sus entradas.


Desde los campos cercanos a dicha masía, el Roc se aprecia en su máximo esplendor.


Disfrutando de la ruta a pesar del viento que soplaba con fuerza en la zona baja del bosque.


Irene, dormida desde antes de llegar a la tercera de las masías de la ruta.


Les Roquetes, donde una oca dicharachera se encarga de dar la alarma antes de que lo haga el can de la finca.


La ruta sigue por pista dejando atrás la masía para seguir ganándole metros a la montaña.


Hemos recorrido un desnivel de apenas unos 100 metros, pero hemos ganado unas vistas impresionantes, sobretodo mirando hacia el Montseny.


La pista gira de nuevo en dirección a la cuarta de las masías, la del Grau del Racó.


Últimas indicaciones en la pista antes de llegar al Grau del Racó, donde empezará la parte más entretenida de la excursión.


Rodeamos la masía por su parte sur y ascendemos por el camino más alejado de la casa; algo que se agradece para dejar atrás a los dos perros que la custodian y que ladran desde su cómodo lugar en la entrada de la casa.


Una zona embarrada tras las últimas lluvias.


Una curiosidad en forma de cueva nos espera en la zona del bosque en la parte izquierda del camino. En su interior, sólo agua y algunas porquerías.


La Moreneta custodia su entrada.


La cosa se pone ya seria, así que decidimos, visto el plan infantil, dejar la mochila escondida y ascender sin más peso que el de los retoños por el empinado sendero.


En ocasiones toca cruzar alguna pista para seguir adelante, pero la mayoría del trayecto que nos espera es camino, en ocasiones bastante cerrado por la vegetación, aunque siempre practicable.


Poco a poco vamos subiendo. Se hace extraño no tener a Irene correteando de un lado a otro.


Iván, por su parte, se ha despertado hace un rato y sigue atento las explicaciones de Carmina mientras ascendemos.


Lo dicho, muy bien señalizado desde la salida hasta la cumbre.


Un tramo de la antigua calzada romana que unía Osona con el Bages.


El sendero es totalmente recomendable por su comodidad y apacible tranquilidad.


Ya nos queda poco para llegar.


El sendero, aunque no estuviese señalizado, tampoco ofrece grandes posibilidades de pérdida.


Un último esfuerzo ya en la base de las rocas de cima.


Rodeamos la mole por su izquierda según subimos por una especie de escalones naturales.


Posando antes de llegar al collado.


Por fin llegamos al Collet de la Guàrdia, donde un cruce de pistas nos situará pronto en el sendero correcto para llegar arriba.


Contento de estar todos juntos.


Un centenar de metros nos separan de la cumbre. A lo lejos la masía de Garet.


Finalmente alcanzamos la parte alta, donde un poste nos indica la dirección de los dos miradores de la zona.


Desde el mirador del Roc Gros, podemos disfrutar de las vistas hacia el sur, con el Montseny reinando sobre el territorio.


El balcón hace seguro acercarse al borde, aunque no aconsejo dejar a los niños a su aire ya que más que vertical, es extraplomado y vertiginoso.


La zona de cima vista desde el mirador del Roc Gros, igualmente vertical


Allí, en la zona del poste indicador se encuentra un pedestal con el buzón de cima.


Sobre el pedestal una curiosa figura.


Y un nacimiento.


Foto de cima a 890 metros.


Nos dirigimos unos metros hacia el norte en dirección al mirador del Pirineu, que hoy se encuentra bastante cubierto por la niebla.


Sólo el Puigmal sobresale de las nubes.


Una bonita mesa de orientación con la forma original de los montes que señala, aunque no todos sean visibles desde ese punto.


Foto finish antes de descender de nuevo los 300 metros de la ruta.


La bajada se hace bastante corta, ya que no hay demasiada distancia ni desnivel; hecho que convierte la ruta en un buena caminata para cubrir por la mañana y regresar a casa para comer.


Una vez en la ermita de l'Ajuda, un parque infantil convence a Irene para caminar un poco y columpiarse en sus instalaciones.


Un croquis a mano alzada de la ruta sobre mapa.