30 de març de 2013

CUEVA CIRAT

Tras el buen sabor de boca que nos ha dejado la visita a la Cueva Cerdaña hace un par de días, hoy nos encaminamos hacia la localidad de Montán sobre la cual descansa la Cueva Cirat; una bellísima entrada a las profundidades de la cual degustaremos un pequeño aperitivo.
Dejaremos el coche en la pista que da acceso a dicha cueva, unos cientros de metros antes de la boca de entrada, sólo accesible con 4x4 y comenzamos a caminar con buenas vistas hacia el Pico de las Cascarejas, que es de esos que te invita a visitarlo al primer vistazo.


Todos entusiasmados con la idea de volver a adentrarnos en las oscuras profundidades de la zona.


A nuestra espalda, la siempre presente Penyagolosa. Un gigante cercano pero a la vez tan lejano e inaccesible.


Zona de peligro: PROCESIONARIA, ¡cuidado los alérgicos!.



Estamos llegando a la boca de entrada de la cueva que está justo en un rellano ancho al final de la pista.



La boca de entrada es enorme y permite un cómodo paseo por sus primeros metros.


Preparándonos para entrar.


Preparados.


Listos.


¡YA!


A medida que vamos entrando nos damos cuenta de que la oscuridad es dueña del lugar y hay que ir echando mano de las linternas.



La entrada es pobre en formaciones, da la sensación de haber sido violada por una tuneladora, ya que años antes sirvió de mina de mármol.


Encendemos la luz, que hay que asegurar el paso.


Alguna formación se ha salvado de la brutal agresión.


Los pantalones al más puro estilo espeleóloga: bien llenos de barro.



¡Eh, mirad!


Una primera formación en forma de columna se alza ante nuestros ojos. Hay que superar un pasito inclinado de un par de metros que con un poco de ayuda se supera sin más.


La parte baja de la columna desde la otra vertiente.


Un paso vertical de unos 8 metros nos bloquea definitivamente el paso. La cueva propiamente dicha comienza su bello recorrido en ese punto, pero ni vamos preparados, ni equipados, ni es prudente adentrarse más allá de este punto con los peques; así que nos dedicamos a disfrutar de los detalles de tan bello rincón con el pensamiento puesto en una posible futura visita con el material adecuado.


Detalle de las formaciones de la cueva.


Delfín, El Intrépido.


Detalle de la parte superior de la columna conocida, según otro de los visitantes del momento, como el Caracol.


Las Coliflores de Delfín.



Estalactitas profanadas. ¿Por qué?


Con el Caracol.


Nos despedimos de la zona con la mirada puesta en la parte alta. En otra ocasión, quizás.


Salimos dela cueva y rápidamente los peques aprovecharon para descalzarse y sacar los pies a pasear mientras organizábamos algo para comer.


Entre plato y plato, me escapo a por la cabeza de la montaña, que no se ha dejado meter mano bajo las faldas.


Un sinfín de trepadas sin descanso me acercarán en unos 20 minutos hasta la cima


Los últimos metros, aparecen quemados por antiguos incendios y me dejan el pantalón hecho un tizón.


Pero finalmente consigo el objetivo de coronar la cima de las Cascarejas a 963 m.



A lo lejos se intuye la Peña Ladín, muy cercana a nuestro campo base en Fuente la Reina.


Penyagolosa y, más cercana, la Rosada sobre la población de Montán.


El regreso hasta la boca de la cueva se hace en más o menos el mismo tiempo que la subida, ya que hay que ir buscando el mejor paso en un mar de rocas incómodas.
Un último vistazo a la montaña antes de marchar.


Y, ¿quien conduce?.


Un croquis a mano alzada de la ruta combinada.



1 comentari:

Desiderio el Dromedario ha dit...

Muy bien,otra vez! y por aqui pasa lo mismo,las cuevas que voy visitando,tienen la cruel huella humana,formaciones arrancadas....¿para que ?...seguramnente para que esten sobre una mesa o dentro de un cajon....que triste.