17 de maig de 2013

PIC DEL VENT

Aprovechando el ventanuco de buen tiempo que se nos ofrece, hemos salido prontito de casa hacia la zona de Caldes de Montbuí. Una vez en la rotonda sur, salimos hacia Moià desde donde dominamos la montaña elegida: el Pic del Vent.


 Entramos en Caldes por la parte alta siguiendo siempre la  pista de la ermita de Sant Sebastià de Montmajor, cosa que facilita bastante el orientarse.


Seguimos unos 12 Km de carretera sinuosa en territorio indio.


Hasta que finalmente llegamos a la ermita donde también hay un restaurante.


Dejamos el coche en las cercanías de la ermita en una zona cercana a la primera de las marcas de PR que iremos siguiendo durante toda la ruta.


Encaramos por fin una ruta familiar. Cuidado que en este bosque hay niños sueltos.


Y perros también.


Los primeros metros por pista nos permiten hacer una toma de contacto con la primavera.


¡Vamos!


Red de senderos del Vallès nos ofrece una buena variedad de rutas.


La primera bifurcación nos indica una buena variedad de caminos. Nuestra ruta es hacia el Pic del Vent.


Pasamos cerca de una edificación con una campana en su parte alta. No hay que ir hacia allí, pero es curiosa para echarse la foto. Lo más bonito es el color rojizo de la tierra que pisamos.


Unos metros antes de la campana, nos espera un senderillo empinado y pedregoso que es el que vamos a seguir durante un rato poniendo a prueba los conocimientos andarines de los peques.


Aunque Iván todavía va tomando notas en la mochila.


En ocasiones hay que echar las manos a la roca o a las raíces que actúan como si de barandillas se tratara.


A medida que ganamos metros vamos contemplando las montañas cercanas: los Cingles de Gallifa a nuestra espalda.


De momento el sol nos respeta. No quiero imaginar lo que puede ser un día de lluvia en semejante torrentera de arena: un barrizal de órdago.


La inclinación no da tregua y hay que ir atento a cada una de las piedras que pisamos.


Me agarro de ahí y pongo el pie en la piedra. ¡Ale hop!.


Por un canalizo un tanto resbaladizo todavía húmedo por el rocío de la mañana.


Kira se para a descansar, pero no podemos perder tiempo: ¡Vamos, otra vez!


Árbol con marcas multicolores: todas llevan al mismo punto.


Clase de botánica con Iván aprendiendo lo que es el musgo.


El musgo en la cara norte de los árboles en zonas sombrías.


¿Quien se esconde "behind the musgo"?


El terreno nos da una tregua en su inclinación y nos permite un paseo tranquilo por el bosque disfrutando de los olores, ruidos y zumbidos de la primavera.


Salimos del bosque y conectamos, cerca de unas torres de alta tensión, con una nueva pista que nos acerca un poco más a nuestro objetivo.


Una gran encina nos sirve de referencia a la hora de confirmar que vamos por el buen camino.


Seguiremos un rato la pista.


Cuiidado al elegir el camino, hay muchas pistas en la zona; aunque bien señalizadas.


Seguidme, me sé el camino.


Vamos a caminar por pista un ratito más atentos a los cruces que encontramos a nuestro paso. El secreto está en no perder las marcas blancas y amarillas.


Tras el último cruce, un senderillo se eleva en el lado derecho de la pista.


Un "pasito" delicado.


De nuevo toca pisar terreno incómodo. Un palo es buena ayuda.


Nos empezamos a notar las piernas cansadas e Irene comienza a remolonear.


¡A coll!


Y volvemos a conectar con la red de pistas que surcan el monte. Parece que se nubla...


Una segunda encina nos marca el punto clave de la ascensión final.


Pero antes disfrutaremos de unos estéticos árboles tapizados de hiedra.


Nos queda un último repecho entre bosque antes de coronar.


El tupido bosque esconde un empinado y sinuoso sendero.


A caballito es una buena manera de acabar la ruta.


Autofoto en el bosque.


Papi, más musgo.


En la parte alta volvemos a ver la luz tras un ato de penumbra en el bosque.


Ya se ve el final...


Cachivaches varios en la cima que corona una senyera al vent.


Figura de metal.


Arte manual.


Rosa de vientos.


Vistas hacia Sant Llorenç del Munt.


Montseny y Bertí


Cingles de Gallifa, presentes durante toda la ruta.


Estamos un poco más arriba que al comenzar.


Foto familiar en el pic del Vent.


El descenso ha sido por el mismo camino y con la cámara en la mochila. Cuando hemos llegado a la primera encina según bajas, ha comenzado a chispear para enseguida tronar, diluviar y caer granizo del tamaño de guisantes al principio y garbanzos-judías al final. Si a eso le sumamos el viento, ya tenemos encima el famoso y conocido Monzón del Vallès. 
¡Cómo ha cambiado de unas horas antes!, ¿verdad?.


Así pues hemos podido saber lo que significa la torrentera del principio en un día lluvioso.


Un barrizal de aúpa.



Al llegar al coche la estampa que presentaba el día era bien distinta de cómo había amanecido.


El pic del Vent visto desde las afueras de Caldes de Montbui al descender.


Y las lluvias que se desplazan y mojarán durante todo el fin de semana las comarcas catalanas.


Para finalizar, el croquis sobre plano.


Y sobre ortofoto.



5 comentaris:

OSKAR ha dit...

Hay va tú!! si ya tienes dos, y yo sin enterarme enhorabuena!!!

La ruta preciosa , para mí los bosques de la familia de arboles "quercus" son los mas bonitos

Julio Mendiak ha dit...

Entrañable reportaje Atreyu . . . . .como van creciendo los "peques"

MARC ha dit...

Pues sí Julio, cada día más mayores. y ese Oskar sin enterarse. Ja ja ja.
un abrazo a los dos.

Desi Almarcha ha dit...

Deberias dedicarte al reportaje grafico...muy bien.Lo explicas todo que resuta muy ameno,que engancha.

MARC ha dit...

Muchas gracias Desi por el piropo.