25 de gener de 2013

ENCUENTROS EN EL TURÓ DE COLLFORMIC

Tras las copiosas nevadas de los últimos días hemos decidido subir a la nieve de nuevo al Montseny. Esta vez hemos querido regresar a uno de los picos olvidados de la zona, el Turó de Collformic que ofrece una sencilla ruta ideal para los más pequeños, como ya vimos hace unos meses. Esta vez, apostábamos a caballo ganador, ya que sabíamos que la cara norte que ofrece este pequeño y discreto monte prácticamente nos aseguraba nieve desde la parte baja en el mismo collado de Collformic a 1145 metros.
Hemos recorrido casi la totalidad del trayecto en coche sin problemas en la carretera, excepto un pequeño "susto" en forma de china en la carretera que hemos pisado y que más tarde veremos las consecuencias.
Llegamos al aparcamiento a mediodía. Está lleno, pero no atestado de coches como en otras ocasiones en que la nieve asoma tan cerca de Barcelona.


Antes de comenzar a caminar hay que equiparse y pisar un poco la nieve con las botas nuevas.


Uno y otro justo antes de emprender la marcha.


El itinerario será el que usamos de bajada hace unos meses y que sale del mismo parking de Collformic. Hay que sortear una cadena y hacer caso a las indicaciones de la explotación ganadera de la zona. Ojo con las vacas, en definitiva.


 Nos ponemos en marcha por la nevada pista dejando la carretera para los osados ciclistas que suben al puerto desde Seva o Santa María de Palautordera.


Pronto nos quedamos solos. Se trata del monte ideal en ese aspecto, ya que la atracción del Matagalls lleva a la mayoría hacia la otra ladera del collado en busca de mayor altitud.


Nosotros vamos de paseo pista arriba disfrutando de la nieve que aún se mantiene en ciertas zonas de los árboles y que estará presente en el suelo durante toda la ruta.


Fotos por aquí y por allá disfrutando de la nieve.


La tímida luz del sol apenas se abre paso por entre las copas de los árboles.


El frío es importante en esta ladera norte.


Primera de las imágenes que nos ha sacado Irene en su afán por disparar ella también la cámara de fotos.


Seguimos en ruta por la pista pisando nieve en todo momento.


Irene sigue con su reportaje particular, esta vez el papi posando en el bosque.


Un par de posados de la nena de casa: uno seria...


Y otro sonriendo.


Cuando más frío parecía que hacía, no se nos ha ocurrido otra cosa que decir que tenemos hambre y queremos un poco de cocido calentito mientras los demás tenemos el rictus en la cara. Ja ja ja.


Llenado el buche, al menos por ahora, seguimos hacia arriba.


Poco a poco el bosque se hace menos frondoso y permite contemplar la cantidad de nieve que ha caído estos días en las montañas del Pirineu. Habrá que tenerlo en cuenta.


Estamos llegando al coll de Bigues, a 1210 metros, desde donde tendremos un amplio panorama de las tierras vecinas y también de las lejanas. Allí aprovecharemos para un avituallamiento rápido al sol.


Cuidado con las vacas. Esta vez no las hemos visto por ningún lado.


Desde el collado hay que ascender por el cordal siguiendo un sendero un tanto escondido que la nieve prácticamente tapa por completo. No tiene dificultad, pero es siempre mejor que circular por la pista.


Nos ponemos a subir poco a poco.


Pronto las nuevas generaciones piden subir en solitario.


¡¡¡Y parece que se defienden bastante bien!!!


 Aunque pronto piden compañía de nuevo, tanto de mami. 


Como de papi.


Posando al solete.


Con el Pirineu de telón de fondo.


Panorámica amplísima y con gran visibilidad.


El sendero se adentrará en breve en el bosque para salvar los metros que nos quedan hasta la cima.


Un nuevo y entretenido juego, el del Paseo de la Fama.


Allí hemos dejado la huella papá, mamá e Irene. Iván estaba dormido y no era cuestión de despertarle metiendo su mano de golpe en la fría nieve.


 El fino hielo se mantiene por las bajas temperaturas.


Pero por poco tiempo...


Abriendo huella en la nieve virgen, un privilegio al alcance de pocos.


Ya podemos ver a lo lejos el objetivo final de la ruta.


Tercer disparo de Irene, tercera imagen brutal de nieve y más nieve en el horizonte.


A 1285 metros nos esperan las vistas que ofrece el Turó de Collformic hacia el Matagalls y a sus espaldas el Turó de l'Home.


Tras deliberar un rato, decidimos descender por donde hemos venido en vez de hacer la circular de la otra vez, ya que unos metros más atrás hay un claro en el bosque ideal para comer y para la otra actividad básica del día de hoy: la construcción de un muñeco de nieve.


Nos ponemos manos a la obra mientras el sol calienta nuestros rostros.


Poco a poco la base se va haciendo más grande.


Y va adquiriendo forma.


¡¡Ya estamos todos despiertos!!


Y con ganas de participar.


Puliendo la base.


Ayudando un poco entre todos.


Terminada la base, hemos preparado una cabeza para poner encima.


¡Cómo pesa!


Un poco de ayuda no va mal. ¿Verdad?.


Una vez preparado todo, nos ponemos a buscar unas piedras para simular los ojos.


¿Soy yo, o se parece un poco a E.T.?


Foto familiar con nuestro muñeco.


Que se despide de todos mirando al blanco horizonte.


Una vez terminadas las despedidas, hemos regresado por la fría pista hasta Collformic donde nos esperaba el coche y donde damos por terminada una ruta corta, solitaria y sencilla, pero muy entretenida para hacer con los peques de la casa.
Al poco de salir de Collformic, noto que circulamos pisando huevos. Pronto caemos en la cuenta de la roca que hemos pisado de subida y del destrozo que nos ha producido...


Manos a la obra, a cambiar la rueda tocan... mientras nos observan ojos curiosos.


Lo peor ha sido cuando no podía sacar la rueda, ya que el frío había bloqueado la rueda en el eje por congelación. Por suerte, un amable caballero (a quien aprovecho para saludar y dar las gracias) nos ha echado una mano dando el golpe de gracia para que la rueda se soltase. Antes de irse me ha comentado que trabajaba en un taller y que sabía dónde golpear. Gracias de nuevo por la ayuda.


Iván al volante antes de arrancar de nuevo y despedirnos del Montseny.


La luna llena hacía su aparición sobre Les Agudes mientras nosotros descendíamos del monte.


Y finalmente se adueñaba de la noche cuando casi salíamos de él.