31 d’agost de 2013

CERVERÍS Y RODONELL: UNA NOCHE EN TREGURÁ

El último cartucho de las vacaciones, esta vez más cerca de casa. 
Nos desplazamos hasta Tregurà de Dalt para transitar la pista de tierra (4x4 recomendable en más de un punto a pesar de que han arreglado algún tramo al salir del pueblo) que llega hasta la carretera entre Ribes de Freser y Pardines.


Las previsiones hablan de una tarde cargada de nubes en zonas altas pero sin riesgo de precipitaciones más allá de alguna gotilla suelta. A despejar entrada la tarde para una noche posterior estrellada. Son las cuarto de la tarde y no se ve nada a partir de los 2400 metros. Caen gotillas.


No hay prisa así que podemos deleitarnos con los paseos de las marmotas que circulan tranquilas cerca de sus madrigueras.


Pasamos el desvío hacia Coma de Vaca, desde donde se sube el Balandrau, y seguimos adelante hasta el refugio forestal libre de Tregurá a 2027 metros. Allí decidimos montar el campo base y en función de lo que acontezca, hacer una cosa u otra. De momento, el hambre aprieta.


Aparcamos el coche en el lateral de la casa e inspeccionamos las condiciones del refugio.


La parte principal es una estancia relativamente amplia dividida en dos ambientes, el dormitorio a mano izquierda separado del salón-cocina con chimenea (sin leña, que habría que ir a buscar a varios km en coche dirección a Pardines). Está relativamente limpio. Hay una escoba improvisada con unas ramas de pino a la medida perfecta que hacen bien su función. Sería apto para pernoctar en caso de que así lo decidiésemos.
La otra estancia es un corral con el suelo cubierto de estiércol, no apto para pernoctar, al menos en condiciones higiénicas.


Pero repito: el hambre aprieta y decidimos llenar el buche antes de decidir nada.


"Esto es un refugio. Podéis utilizar todo lo que veis, pero no os podéis llevar nada. Todo el mundo tiene derecho a su uso. No seáis chorizos"


Puesto que la tarde amenaza lluvia peor no la descarga, decidimos salir a pasear un poco por las cercanías de la casa. A lo lejos, el Puig Cerverís, único sin nubes a estas horas. 


Las marmotas se alojan a escasos 25 metros de la puerta del refugio. Con un poco de paciencia y silencio es fácil observarlas. 
¡Qué gordas están ya!.


Las vacas pastan a sus anchas por las laderas de estas cumbres amables.


Marmota vigía.


Un rayo de sol ilumina las faldas del Puig Cerverís, aunque siguen cayendo gotas de vez en cuando.


Nos recogemos dentro del refugio de nuevo ya que Irene se queja de frío.


Sigue goteando, no mucho, pero gotea.
La decisión está tomada. nos quedamos en la casa hasta mañana. Según cómo amanezca (la previsión es de sol) nos quedamos o nos vamos a casa.
Desechamos la opción de dormir en la tienda ascendiendo parte del camino hacia el Balandrau. Queda para otra ocasión.


Mami e Iván, felices con la decisión tomada.


Se va haciendo tarde y es hora de preparar cena.


Mis tesoros.


Kira también tiene su comida a punto, aunque comer con semejantes observadoras...


Salimos a saludar, como buenos vecinos, a quienes han venido a visitarnos. En total: siete vacas y un toro; además de unos cuantos terneritos.


Está lista la segunda parte de la cena y entramos para devorarla.


Tras el postre, vamos a despedirnos de las vacas.


Es hora de irse a dormir. Ha pasado muy rápida la tarde. Son cerca de las nueve de la noche y fuera parece que quiere despejar; aunque no se decide.


La temperatura baja bastante desde que se va la luz, así que gorrito de lana y al sobre.
¿A que estoy guapa?


Noche fría la que se nos ha presentado. A medianoche el cielo está totalmente despejado.


A las 7 de la mañana, la temperatura es de 6ºC.


Mientras todos duermen, me encargo de preparar la mochila para lo que decidamos además de recoger trastos y preparar los desayunos. El sol supera el Castell dels Moros (2123 m), la temperatura subirá rápidamente.


Y se cuela por la ventana.


Parece que el panorama es mucho mejor que ayer, ¿no?. 
Las previsiones se están cumpliendo.


Salgo a saludar a las marmotas, que tímidamente salen a tostarse al sol.


Pasadas las 8 de la mañana, todos se despiertan.
¡¡Bon dia!!


Salimos a saludar a las vecinas.


Una vez en marcha, hemos decidido dejar el Balandrau para otra ocasión en que podamos seguir el plan inicial desde el principio y desplazarnos a una zona que nos llamó la atención ayer: el Puig Cerverís. 
El coloso muestra su cara más amable, pero le dejamos para la próxima vez.


El Cerverís, en cambio, nos recibe con nubes juguetonas en sus laderas.


Además de vacas y marmotas, también los caballos pasean a sus anchas por la zona.


Agua en las torrenteras, lo normal este año.


Balandrau, Tres Pics y Fontlletera custodiados por el ganado.


Llegamos cómodamente hasta el Coll Alt de Meianell donde un amplio aparcamiento nos recibe. Muchos suben al Balandrau desde aquí por lo que vemos durante la mañana.


Cartel informativo.


Dejamos atrás las barreras y las rocas y empezamos la ascensión al Puig Cerverís.


La Serra Cavallera a nuestra izquierda.


¿Qué te dice el GPS?


Nubes juguetonas sobre el cercano Cerverís, una cima modesta ideal para ir con los peques en una sencilla mañanera.


A nuestra derecha según subimos, desde el Balandrau hasta el Costabona (futuro reto??)


Risas en el camino.


Las rodadas de un coche nos sirven de carriles para avanzar.


Kira posando con el Balandrau y el Fontlletera.


El camino no ofrece pérdida y como la meteo aguanta, nos permitimos un descanso para que Iván corretee por la montaña.


¡Una piedra, a comer!


Decidimos seguir el "camino de invierno" que marca el mapa y subir hasta el collado que se ve al fondo siguiendo a mitad de ladera del Cerverís.


- ¿Qué comes?
- Piedras, ¿quieres?


Saltamontes verde.


Seguimos adelante, tras llenar la panza.


Incluso nos permitimos un acelerón si el terreno nos lo permite.


La senda no tiene pérdida. Según Irene, la rodada izquierda es mas rápida que la de la derecha, sobretodo para adelantar a quien vaya delante.


Saltamontes rojo.


Más cerca del collado adivinamos una posible cima a mano derecha.


Según el mapa se trataría del Puig Rodonell.


No es más que la enésima antecima del Balandrau (400 metros más abajo), pero el mapa lo marca como cumbre.


Quizás por la cercanía de un vértice geodésico en el mismo collado


Estamos a 2157 metros, en el collado, y las vistas que tenemos sobre esta vertiente del Puigmal son preciosas. Se ve desde Queralbs hasta la cima.


Afrontamos los escasos metros que nos separan del Puig Rodonell (2164 m según mapa).


Subiendo en dirección contraria al Cerverís.


Foto del cima en el puig Rodonell, que redondo ya es.


Nuestro objetivo principal, el Cerverís, se yergue al otro lado del collado esperándonos.


Descendemos la ladera herbosa del Rodonell, de nuevo al collado.


Las cacas crían setas.


Sólo nos queda remontar la penosa ladera del Cerverís. Escasos 50 metros de fuerte desnivel.


Cuidado con las hierbas altas que te dificultan mucho el avance.


En pleno ascenso. 
Irene se toma un descanso y aprovecha para dormitar un rato.


Mientras que Iván gatea hasta la cima los últimos metros.


Puig Cerverís, 2208 metros.


Desde Queralbs, la pista que sube a Fontalba y la ruta normal al Puigmal. Se ve completo.


A lo lejos el imponente Pedraforca.


Una abeja se posa en la mochila de Irene.


Puesto que sigue dormida y sopla un poco de viento, decidimos descender por la directa vertiente contraria.


Cerverís, un modesto mirador entre gigantes: Puigmal y Balandrau.


Kira posando con el Taga.


Decidimos reposar un rato en una zona cómoda y sin viento de esta ladera. 
¿Alguien ve un animal "dibujado" por los árboles de la ladera de enfrente?.


Todos despiertos.
- Iván, no quiero comer piedras. Gracias.


Descenso ágil tras el "cambio de bebés".
Primero por laderas herbosas.


Más tarde por repisas de piedra suelta que obligan a más atención sobre el terreno que se pisa.



Y a "trote cotxinero" en las últimas estribaciones de la ruta.


Reagrupamiento familiar poco antes de dar por terminada la ruta circular en el Coll Alt de Meianell.


Croquis de la ruta sobre Google Earth.


Han sido unos 4.5 km y un desnivel acumulado que 240 metros ideal para ir con niños montañeros.