18 d’abril de 2014

PICO ESPADÁN

El pico Espadán da nombre a la sierra que vamos a visitar hoy. Para ello nos acercamos desde Segorbe, por la CV200 hasta Almedíjar para, a continuación, seguir por el puerto de montaña hasta el collado de Íbola donde dejaremos el coche.


Almedíjar.


Desde la carretera de acceso ya vemos el recorrido que vamos a realizar para alcanzar el Pico Espadán.


Es hora de la siesta para poder afrontar la ruta con fuerzas.


Antes de comenzar, nos llenamos bien el buche.


Iván con papi.


Irene con mami al inicio de la ruta.


Las gafas imprescindibles en la montaña cuestan de poner al pequeño de casa.


Seguiremos marca tricolor durante un rato, pero pronto abandonaremos la marca verde.

El sendero es cómodo y agradable de transitar.


Atrás dejamos el Cerro Gordo.


Recientemente han cortado leña. Lástima que no podamos cargarla en el coche hoy.


Las vistas se amplían a medida que ascendemos: Benalí y Cerro Gordo.


El Gurugú más cerca.


Un vistazo atrás a los rezagados.

Por delante nos espera el primer collado que superaremos.


Llegamos al desvío del Gurugú y perdemos el verde.


En el mismo collado, una construcción.


Seguimos adelante pisando rodeno.


Mar de rodeno.


Una parada para avituallarse con dos huevos.


¿Nos vamos ya?


"A dalt"


¡Eh! Que se van...


Espera que ya vuelven.


Proseguimos la ruta bajo un calor que empieza a ser incómodo.


Gafas y gorros son importantes.


Bajo la atenta mirada de mamá.


Esperando.


Con ayuda de papá.


Tras un buen rato de sube y baja por el PR, nos encontramos otra edificación.


A lo lejos Cerro Gordo y la carretera de Almedíjar.


A nuestras espaldas el Gurugú. Es hora de volver a portear a los peques.


Irene se conforma mientras le explico unas 5 veces el cuento de las 7 cabritas y el lobo. Todo ello resoplando por el calor y el desnivel que sufriremos al final.


Llegando a las últimas pedreras.


A punto de iniciar el ascenso más duro del día.


Éste comienza bajo la sombra de los árboles.


Poco a poco se hace bien.


Hay que poner las reductoras para ir subiendo a buen ritmo.


El sendero se pone cada vez más interesante.


Zigzagueando por Espadán.


El último tramo está preparado para evitar la pérdida del sendero por caída de piedras.


Detalle de los tablones que actúan a modo de escalones.


Una vez arriba, hay que girar a mano izquierda. Hay un hito.


Cortos pasos de trepada sencilla antes de la cima.


Llegando arriba.


Cima a 1099 m.


Vértice de Espadán en primer término, la Rápita y más al fondo la montaña de Santa Bárbara de Pina.


Penyagolosa, gegant de pedra.


Detalle de la roca.


Foto familiar en la cumbre de Espadán.


Otra hacia el otro lado.


El regreso decidimos hacerlo desandando nuestros pasos para no alargar innecesariamente la ruta bajo el sol. Desde la cima se ve el coche.


Con Iván a la espalda...


... y tras el cambio de bebés.


Si en algún momento hubiera duda de por dónde va el camino, el innombrable que ha sembrado el monte de pañuelos llenos de mocos se encarga de dejar su rastro y señalizar el buen sendero. 
Gracias por nada.


El regreso, al ser bajada, se hace volando.


En un periquete nos plantamos en el desvío al Gurugú.


De nuevo en el punto de inicio con los datos de nuestra ruta.


Croquis sobre el mapa.


Sobre la ortofoto.




                                                      Desde la cumbre de Espadán
                                                       atisbo el alma de la sierra,
                                                       valles y collados destellan
entre cumbres sin frontera.

El rodeno enrojece su energía,
entre las faustas frondas de la sierra,
brillan los colores con hidalguía
entre coloquios de admiración sincera.
Por los firmes pilares de Espadán
ofrendo mi canto a la sierra,
prodigio natural, estirpe agarena,
primoroso paraíso, regazo a mi afán.

Por sus serpenteantes senderos
se acuñan las pisadas de los caminantes,
enfilan sus rumbos a Espadán,
a la cumbre soñadora, augusta y señera. 

(L.Gispert)