19 d’abril de 2014

SIMA DE LA PINOSA (Fuente la Reina)


Descubierta en septiembre de 1964, la Sima de la Pinosa es una cavidad que ha sido protegida durante muchos años por una casi infranqueable barrera de maleza en forma de punzantes aliagas. Hace unos años (en agosto de 2011) el antiguo sendero que subía a la cueva fue reabierto gracias al esfuerzo de Rafael, Gonzalo, Pepe y Delfín, que decidieron despejar el camino con sangre, sudor y mucho esfuerzo. En esa ocasión tuve el honor de poderles indicar la localización exacta de la sima, ya que la había localizado hacía unos días buscando desde la parte alta de la Colasa; de mejor acceso dado la menor espesura de la maleza. En 2013, gracias al esfuerzo de una brigada de limpiadores de caminos, que acondicionaron muchos senderos alrededor de la población de Fuente la Reina, podemos disfrutar ahora de un acceso cómodo al enclave exacto de la entrada de la cueva.



Partiendo de Fuente la Reina, hay que coger la carretera que sube a Barracas. Pasados un par de km desde la salida del pueblo, una pista a mano izquierda tras atravesar un puente, nos permite acceder a la Fuente de la Pinosa, que suele llevar muy poco caudal. Unos metros más adelante, dos pinos situados a pie de pista a mano derecha son el punto clave para iniciar la caminata.


Observamos con sorpresa que han limpiado la parte baja de la montaña, hecho que permite avanzar rápidamente lejos de los pinchos.


Comenzamos a caminar con rapidez a pesar de que el sendero asciende sin tregua.


En unos 10-15 minutos aproximadamente localizamos un árbol seco con una especie de saco blanco enredado en sus ramas. Estamos muy cerca.


La zona de la entrada a la sima ha sido despejada de maleza.


Es por ahí.


La casualidad ha hecho que nos hayamos acercado al pueblo con el material necesario así que sólo hemos tenido que dejar a los peques con los abuelos y en menos de media hora estamos preparándolo todo para meternos en las entrañas de la tierra.


Esta pino nos permite que lo usemos como anclaje para rapelar.


Son necesarias dos cuerdas. Una de 60 metros que es la que usaremos para descender hasta lo más profundo de la cavidad, pero que primero prepararemos para descender los primeros metros con un sencillo rápel.


Y otra de 30 metros que hemos acortado considerablemente al anudarla en varios puntos para facilitarnos la ascensión al regresar. Ésta se quedará fija en el lugar mientras la de 60 metros la retiraremos una vez hayamos descendido los primeros metros.
Con el tema del material, cada uno hace lo que le parece, pero nosotros creemos conveniente el uso de las citadas dos cuerdas además de arnés, casco, descensores y cintas de distintos tamaños. Se conoce que además de llevarlos, hay que saber usarlos correctamente.
No olvidar las linternas.


Una vez lo tenemos todo listo me dispongo a rapelar los apenas 6-7 metros hasta la base donde encontramos un cono de derrubios producido por el colapso del techo en algún momento del pasado y que ha permitido el acceso al interior.



Sobre el cono: Una hilera de procesionaria de los pinos me recibe.
PELIGRO LOS ALÉRGICOS
como yo.


Le toca el turno a Carmina que desciende sin problemas.


Sobre el resbaladizo cono cubierto de una verde y resbaladiza vegetación.


Es hora de descender a las profundidades, así que recogemos la cuerda de 60 metros.



Utilizamos una columna para montar un anclaje doble que nos permitirá rapelar en simple.



Detalle de los dos puntos de anclaje.


Comenzaremos por la cavidad situada en dirección noreste (Vía SIRE en la nomenclatura de 1969). 
Hay que descender unos metros hacia la oscuridad.



Una pequeña sala nos espera.


Las primeras formaciones no tardan en aparecer.



En una gatera situada a mano izquierda según bajamos. Es un fondo de saco.


El camino correcto para descender está un poco más a la derecha según se baja y nos obliga a entrar con los pies para descender por un laminador en rampa con un inclinación de unos 45 grados.



Llegamos a una bonita sala decorada con banderas que cuelgan del techo.


Hay alguna de ellas bastante grande.


Es el turno de Carmina de enfrentarse al laminador. 
A pesar de la inclinación, hay buenos apoyos para los pies.



Vista de la sala desde la posición de Carmina en la rampa descendente.



Terminando de descender a la sala de las banderas.



Coladas.


Bellas formaciones que cuelgan del techo.


Detalles de las caprichosas formas modeladas por el tiempo.


Panorámica de la sala de las banderas.


Se ha liado la cuerda, pero el lugar es bueno para poder trabajar sin problemas.



Una vez desliada, seguimos descendiendo por rampas más limpias.


Rápel en una colada de unos 25 metros hasta su base.


Sombras en la oscuridad.


Es mi turno de rapelar hasta la base de esta imponente columna de la Sala de Fuente la Reina (Martín-Cullell-1969).



Imponente columna paralela a la colada que acabamos de rapelar.


Como ésta, hay infinidad de mutilaciones de la roca. Es triste que la conciencia de protección de estos enclaves haya llegado tarde. A pesar de ello, hay que decir que el estado de la cueva es bastante bueno en general,  a pesar de los actos vandálicos e insensateces acontecidos en el pasado (pintadas y rotura de formaciones). El dificultoso acceso al lugar y la necesidad de usar cuerdas ha mantenido la cueva libre de vandalismos continuados. El mayor ejemplo es la placa de plástico de la entrada que se ha mantenido intacta desde su colocación hace casi 50 años.


Formaciones únicas.



Detalle de las formaciones.


Coladas llenas de marcas en su base.
Una pena.


Colada blanca.


Gran columna en la misma sala de Fuente la Reina (1969).
En este punto la bóveda de la sima presenta su mayor altura.


Ambas columnas e itinerario que hemos hecho para descender a esta repisa.


Mostrando formaciones nuevas.


Gotas de agua que caen de las estalactitas.


Cristales y bellas formaciones.


Detalle de la colada de descenso.


Caprichosas formas cuelgan de la bóveda.


Una vez explorada esta zona, nos disponemos a rapelar el último pozo de unos 12 metros.
Es la parte más vertical y la que puede ofrecer más dificultades para regresar a la superficie.


Rapelando hacia las profundidades.


En la parte inferior, en la cota de máxima profundidad a 45 metros respecto a la boca de entrada, encontramos la Sala de la Moreneta (Martín-Cullell-1969) decorada con una preciosa columna y que alberga un gour que en épocas más propicias está lleno de agua.



Detalles de las formaciones de esta última sala.


Pináculos coraloides subacuáticos, esta vez sin agua.


Con los pináculos y la columna.



No es difícil localizar huesos fosilizados. En este caso una vértebra.


Detalle de los pináculos.


Para hacerse una idea del tamaño.


Es maravilloso pararse a imaginar en este enclave de ensueño.


Aragonito.


Columnas decorando la Sala de la Moreneta (1969).


Formaciones.


Rosas de aragonito.


Esta estalactita cayó hace mucho tiempo y se ha fusionado con el resto.


Ciudad de pináculos.


Formaciones multicolor.


Pintada del SIRE a finales de los años 60s.


Banderas que cuelgan del techo.


Foto finish en la cota -45m.



Antes de abandonar las profundidades nos hacemos la última foto.


Banderas y detalles de las coladas.



¿Un dragón?


Huyamos antes de que se despierte.


Fantasmas.



Es hora de emprender el camino de regreso a la superficie.
Lo más complicado viene ahora, remontar el pozo de 12 metros por terreno resbaladizo y vertical.


Una vez en la sala superior monto una reunión para poder ir recogiendo cuerda y tener a Carmina asegurada.


Regresando de las profundidades.
Abajo queda todo sumido en la oscuridad. No es difícil imaginar que la vida en la oscuridad vuelve a ponerse en marcha al vernos partir. De esa ciudad de pináculos empezarán a salir pequeñas figuras que se esconderán cuando vuelvan a escuchar voces y a ver luces que se les acercan desde el exterior. Por hoy pueden descansar.
Nosotros seguiremos ascendiendo. Primero la colada de 25 metros que se sube bien apoyando los pies enla roca mientras nos ayudamos de la cuerda. Después nos espera la rampa del laminador cuyo acceso es el punto clave, ya que hay que impulsarse en una roca que hay en la repisa. una vez en la rampa, es más sencillo.


Saliendo del Paso del Diablo, según nomenclatura de 1969 (Martín-Cullell).


Ya llegamos al punto de inicio.


Saliendo de la Vía SIRE o cavidad NE.


Hemos empleado más de una hora en descender desde este punto hasta la cota máxima. Se nos echa el tiempo encima, pero decidimos visitar la cavidad suroeste, que ya conocíamos de nuestra anterior visita en 2006.


Junto a la boca de entrada, la placa conmemorativa del descubrimiento de la sima en los años 60s.



¿Venís?


Una primera rampa de descenso nos acerca a una sala bastante amplia.


Panorámica de la entrada de la cavidad SW o Vía dels Catalans (Martín-Cullell-1969).



Sobre un puente de roca.



Rapelando para sortear las dificultades que nos ofrece la entrada a la Sala de los Grandes Bloques (Martín-Cullell-1969).



Dejamos la cuerda fijada en este punto ya que a partir de aquí disminuyen las dificultades. A la derecha de la imagen se aprecia un ojo en la roca que también permite el acceso a esta sala.


Nos recibe una sala caótica llena de grandes bloques caídos y algo diferente a lo que vimos hace 8 años. Parece ser que un derrumbe a destrozado gran parte de las formaciones de esta parte de la cavidad SW. Muchas formaciones han desaparecido bajo toneladas de roca. Nos es difícil reconocer algún punto conocido.



Seguimos avanzando por el caos de bloques siguiendo la pared de la izquierda y comenzamos a localizar algunas formaciones de pequeño tamaño.


Observando detenidamente.



Como el tiempo y los depósitos de cal van haciendo su trabajo.


Gotas de agua que se precipitan desde la bóveda.



Seguimos descendiendo por un pasillo inclinado pero sin dificultad.


Bonita columna en mitad del pasillo.


Seguimos bajando.



Formaciones únicas.


Llegamos a la Sala de los Compañeros (Martín-Cullell-1969).



Esta zona suele ocuparla un gour lleno de agua que en esta ocasión está seco.
La sequía causa estragos este año.



A mi espalda se abre un último pasillo que avanza unos metros por el llamado Pasillo del Dolor (Martín-Cullell-1969), pero que se hace impracticable a los pocos metros.


Flores de aragonito también en esta parte de la sima.


Otra ciudad de pináculos coraloides, en principio subacuáticos.


Grandes formaciones cuelgan sobre el gour.


Visitada la parte final de la cueva, decidimos regresar a la Sala de los Grandes Bloques (1969).


Superarla por encima del puente de roca.


Y saludar a nuestros lectores desde este caprichosa ventana natural.


Carmina regresando del caos de bloques.



Recuperando la cuerda junto a las formaciones de la entrada de la cavidad SW.


Es hora de salir a la luz regresando al punto inicial.


De regreso a la Sala Verde (Martín-Cullell-1969).


Recogiendo la cuerda y desmontando la instalación.


Es hora de hacer uso de la cuerda anudada para salir del pozo.



Los primeros metros son los complicados dada la falta de apoyo para los pies y el balanceo de la cuerda.


Una vez tocamos roca, disminuye la dificultad.


Saludando desde la superficie.


Decidimos izar la mochila con la cuerda antes de subir yo.


Es mi turno para salir de la cueva.



¡¡Objetivo conseguido!!


Hemos tardado unas 3 horas en salir del coche, subir a la entrada de la cueva y visitar tranquilamente ambas galerías.
Es hora de regresar a casa con los peques que nos esperan para comer.


Croquis de la cavidad tal y como la encontramos en esta visita. La zona de derrumbe ha destruido gran parte de las formaciones que originalmente adornaban la zona señalada. Es por ello que consideramos ahora mismo de gran valor las imágenes conseguidas en 2006 durante nuestra primera visita a la Sima de la Pinosa y que hemos decidido mostrar ampliando nuestro reportaje de entonces con más de una treintena de imágenes que habían permanecido inéditas.
Para ver esas imágenes clik AQUÍ.


Croquis de 1969 con la nomenclatura anteriormente especificada.


En Fuente la Reina nos espera Delfín con la comida casi a punto para degustar. 



Mientras prepara la barbacoa me explica un poco la historia del descubrimiento de la sima en 1964:

- Delfín, cuéntame un poco la historia de la cueva y su descubrimiento.

- Por aquel entonces, salíamos con los rebaños de ovejas y de cabras por los alrededores del pueblo. Ya hacía tiempo que conocíamos la sima, más que nada porque algún animal se nos había despeñado dentro. Ese año, el de 1964, decidimos organizar una expedición a su interior.
Nos llevamos una cuerda, una escalera de gato y unas linternas y nos metimos dentro. Fuimos cinco chavales.
El ambiente de aventura hacia lo desconocido era muy interesante. Ahora ya está todo descubierto, pero por aquel entonces nadie había bajado y nadie conocía nada de los que íbamos a encontrar allí abajo.
Nos armamos de valor y nos pusimos a explorar las profundidades oscuras de la cueva. De veras fue una experiencia increíble, una verdadera aventura. Descubrimos las dos galerías. Descendimos hasta lo más profundo y una vez explorado todo, regresamos al pueblo a contarlo.
Al día siguiente bajamos unas 30 personas a la cueva. Al segundo día, más de 50 personas peregrinaron hasta la cueva. Incluso llevaron una escalera de madera para facilitar el descenso por la boca de entrada. A muchos les prohibimos descender el último pozo, el de más de 10 metros, temiendo que no pudieran regresar. Ja ja ja.
Fue entonces cuando mucha gente se llevó "recuerdos" de la cueva en forma de estalactitas arrancadas y demás. Fue una pena. Eran otros tiempos.

- ¿Y la placa conmemorativa? Tu nombre es el más grande.

- Ja, ja, ja, ja. Por algo me encargué yo del tema. Le pedí a un conocido que trabajaba en plásticos que me la hiciese y la colocamos en la entrada. Sigue ahí, ¿verdad?. 

- Sí, sí. Ahí está. Cuéntame más cosas de la sima.

-Años más tarde la cueva se convirtió en un lugar de peregrinaje para la gente de los alrededores. Incluso mi hermano Rafael, tu suegro,  estuvo haciendo de guía de la cueva llegando a acompañar a las profundidades incluso a una pareja de recién casados de los Calpes, pueblo vecino.
Hace 20 años, con el incendio que hubo en la zona en 1994, se quemó todo el pinar. La repoblación natural permitió que las aliagas cerrasen los accesos y la cueva fue medio olvidada y prácticamente nadie bajó en muchos años.  
Bueno, basta de batallitas.
¿Vamos a comer o qué?

- Me parece perfecto

Este reportaje está dedicado a Delfín Peiró como celebración del 50 aniversario del descubrimiento de la Sima de la Pinosa que se cumplirá el próximo mes de septiembre del presente año 2014.

5 comentaris:

Carmina ha dit...

Es increíble el tesoro que tenemos escondido a 3 min de casa en el pueblo. Preciosa cueva.

Manuel Soriano ha dit...

Qué recuerdos. Extraordinario reportaje, felicidades

Maria Luisa Tamborero ha dit...

Que maravilla me habeis echo muy feliz!!!!Recuerdo cuando todo él mundo en el pueblo se preparaba para ir a la sima y yo pase la noche sin poder dormir llorando en silencio ,ya que x mi corta edad mis padres con buen criterio no me dejaron ir ......Pero ha sido mi asignatura pendiente ya no se si alguna vez lo podré hacer,muchas gracias por esta grabación tan buena sois extraordinarios!!!!!!!un saludo

Fuetne la reina, Comunidad Valenciana ha dit...

Impresionante aportación, a las puertas del 50 aniversario del descubrimiento de la Sima de la Pinosa. Gracias Marc

Anònim ha dit...

Esta muy bien, pero os ruego que no piséis el musgo y los líquenes al bajar.

Saludos