17 d’agost de 2014

DEL MAR DE LA SCANDOLA A LA MONTAÑA CORSA

Nos despertamos en la Ficajola rodeados de otros vehículos que han pasado allí la noche.
Desayuno rápido mientras recogemos los bártulos. Hoy tenemos prisa. hay que llegar a Porto antes de las 10 de la mañana, ya que nos espera el barco para ir a visitar la Girolata y la Scandola.


Transitamos de nuevo por la carretera de las Calanche de Piana, a estas horas desierta.


Corazón con la luz de la mañana.


Tete du Chien desde la carretera.


Llegamos a Porto con tiempo para estacionar bien el coche en el aparcamiento de pago que cubre todo el término municipal y bajar al puerto tras pagar el precio del barco. Todavía no entendemos las cuentas del señor de la taquilla que sumando los tickets de los 4 sólo nos cobraba el total de dos adultos. Se lo indiqué dos veces y me dio el mismo precio en ambas ocasiones. Mejor.


Tuvimos que esperar un buen rato en cubierta a que llegara un grupo de personas que se retrasó más de media hora. 
Si soy yo el que gobierna la nave, se quedan en tierra.


Esperando bajo el sol abrasador.


Nos empezamos a cansar, sobretodo los peques.


Por fin, con 45 minutos de retraso, zarpamos.


Un ratito en proa y luego en brazos de mami, que esto se mueve mucho.


Irene disfrutó de lo lindo de su privilegiada posición en proa, con el viento a favor y cantando canciones.


El primer tramo rodea varios acantilados rojizos similares a los que veremos más tarde en Scandola.


Nos dirigimos al pueblo de la Girolata, Sólo accesible por mar o a pie (7 km por el Sendero del Cartero, que con el calor que hace mejor ni planteárselo).


Torre de la Girolata.


Entrando en puerto.


Nos dejan allí una media hora para pasear por la zona antes de seguir rumbo a la Scandola.


Atracados en el muelle.


Antes de bajar, dejamos parte del equipaje en cubierta reservando los asientos que hemos tenido en la primera parte, que hay mucho listo que quiere asegurarse un buen puesto habiendo llegado el último.


Timón.


Bajamos a tierra y nos damos una vuelta corta por la Girolata.


Unos helados para refrescarse.


Tienda típica a pie de playa.


En esta tienda compramos los sellos para poder enviar las postales y la tendera, muy amable ella, nos indicó saliendo de la tienda dónde se encontraba el buzón de correos.


Objetivo cumplido: enviar las postales desde el punto más inaccesible de la isla que tenga servicio postal.


Irene envía unas cuantas.


E Iván hace lo propio con el resto.


Habiendo cumplido el reto, nos volvemos a bordo para zarpar.


El barco se dirige de nuevo hacia los acantilados rojizos, todavía sin llegar a la Scandola propiamente dicha.


Columna vertebral de la roca hundiéndose en el mar.


Aguja de roca.


Rodeando la Punta Muchillina.


Islotes de Garganellu.


Faro de Gargalo, funciona con energía solar.


Los peques sucumben al abrazo de Morfeo.


Vacaciones en el mar.


Por fin llegamos a la Scandola, una reserva natural accesible únicamente por mar y que forma parte del Patrimonio de la Humanidad desde 1983.


Rodeamos la línea de la costa en la Punta Palazzu.


Colores turquesas nos reciben en el agua de la Bahía de Elbo.


El barco hace un alto en la zona de Elbo para mostrarnos las aguas, su fauna y flora; además de acercarnos bastante a las entradas de la roca.


Cuevas.


Algas.


Adentrándonos en las cuevas.


La mar en calma en las entradas de la roca.


Colores imposibles del agua.


Aguas transparentes.


No te cansas de mirar el agua.


Azul.


Casi tocando las paredes de la Scandola.


Más acantilados en la Bahía d'Elbo.


El color de todo el conjunto es sencillamente atrayente.


Vamos de regreso esta vez bordeando la costa de un modo más detallado.


¿Escaleras?


Islote Palazzu.


Pasillo de mar entre Córcega y la Ile de Gargalu.


De vez en cuando alguna que otra salpicadura nos llevamos,que el mar está algo revuelto a estas horas.


Arco natural.


De repente, el guía, que ha ido explicando durante todo el trayecto las mil y una anécdotas que se le han ocurrido, ha dejado de hablar y nos han amenizado el paso por este angosto paso con la canción de la película " Piratas del Caribe" para llegar al lugar estrella de la ruta.


Se trata de un agujero en la roca formado por el espacio que deja una mole al apoyarse en la otra. Es quizás la imagen más conocida de la Scandola, pero la luz a estas horas nos juega una mala pasada y no tomamos las mejoras imágenes.


Con Carmina.


Conmigo.


El Petit Mount Saint Michelle se yergue en las aguas de Scandola.


Juntos en la Scandola.


Finalmente salimos de nuevo a mar abierto para recorrer las millas de regreso hasta Porto.


El mar ha aumentado un poco su bravura y quizás por ello, quizás por las últimas paradas (demasiado largas con el vaivén), he tenido que pasar las últimas millas fijando la vista en el horizonte evitando el mareo que se avecinaba. Finalmente no ha ido a más y hemos llegado a puerto sin contratiempos.


Recorrido a mano alzada de la zona visitada a bordo de Hybride.


Dejamos el barco en Porto a eso de las 14h y nos detenemos un rato a comer algo antes de abandonar la costa. Me he quedado un rato dormido mientras la familia ventilaba las viandas de la comida.
A eso de las 15h decidimos meternos de lleno en las montañas corsas donde nos reciben a pie de carretera una madre con sus cerditos mamando.


Unas amables cabras que nos saludan a nuestro paso:
Beeeeé!!!


Y unos miniburritos muy curiosos que nos observan desde el margen de la carretera.


Tenemos intención de acercarnos al pueblo de Soccia y subir hasta la parte alta. De allí parte una ruta para visitar el Lac Creno y el Mont Saint Eliseo.
Ortofoto de Soccia.


Llegamos al aparcamiento, con un local de restauración en lo alto y echamos vistas al monte.
Nos ponemos en marcha no sin antes preguntar acerca del servicio de burro-taxi para nenes.
Nos informan que un poco más adelante en el camino nos lo encontraremos.
Efectivamente, un amable corso nos comenta que nos cobraría 30 euros por burro. Iván es demasiado pequeño e Irene no acaba de decidirse acerca de si quiere o no subirse en uno.
Finalmente nos dice que no quiere, que le hace ilusión, pero a la vez le da respeto el asunto; nos comenta que prefiere venir el año que viene y subirse en burro y dejar la excursión aplazada.
Ante tal argumento, no nos queda más que recoger los bártulos y dejar la ruta para otra ocasión, ya que tampoco es que estemos con muchos ánimos de subir con el cansancio que llevamos tras la mañana en el barco.


Volvemos de nuevo por la misma carretera hasta la bifurcación donde nos indican la dirección del Col de Verghio, donde hemos decidido pasar la noche.
¡Qué pocas ganas de ser franceses tienen los corsos!


Antes de llegar a dicha bifurcación encontramos una piara de cerdos salvajes en la zona del Col de Sévi. Éste en concreto nos deja sus pezuñas marcadas en la puerta del conductor al intentar encaramarse en busca de algo de picar...


Posando con los cerdos.


Éste nos mira con cara de pocos amigos.


Nos despedimos de los cerdos hasta más ver y seguimos rumbo al Col de Verghio.


Allí nos reciben una estatua.


Un enorme ejemplar de cerdo corso.


Y unas vistas magníficas de las montañas que vamos a recorrer en los próximos días.


El sol está cayendo tan rápido como la temperatura del ambiente.
Nos espera una noche fresquita.


Antes de recogernos en el coche, nos paramos a saludar a la pareja de la 3131 que coinciden de nuevo con nosotros.
Charlamos un rato y cambiamos impresiones.
Nos indican un buen FP de cara a la última noche en Ile Rousse.
Cuando las cabras se recogen, nosotros hacemos lo mismo.


Hora de la cena.
Mañana nos espera la primera gran ruta de montaña: el lac Nino


Croquis del trayecto en coche (azul) y el del barco (naranja).