16 d’agost de 2014

PORTO & PIANA

Ayer nos despedimos en la Plage de Bussaghia y hoy por la mañana, fresca y ventosa nos despertamos viendo lo que ayer sólo intuíamos.



El amplio aparcamiento ha servido a una docena de vehículos para pernoctar sin ningún problema.


 Puesto que la familia sigue plácidamente dormida, me encamino hacia la playa para investigar un poco en la más absoluta soledad.


Según llego a la playa, hay dos chiringuitos. Paso por en medio y me voy a la izquierda, donde las rocas ofrece un buen puñado de rincones interesantes. Hacia el otro lado, la playa es una extensión de rocas sin demasiado interés. Descubro una primera cueva, lástima que sea el WC de Mr. Pañuelito de Papel.


Espuma.


Atravieso un tramo rocoso que da paso a una zona con una cueva gemela que en su interior alberga detalles rocosos similares a la piedra de Montserrat, conglomerado marino.


Posando con las luces del alba.


De regreso al coche me encuentro con que las pilas ya están puestas.


Bien cargadas.


Y con ganas de desayunar.


Es hora de hacer la visita familiar a la Plage de Bussaghia.
Se trata de una playa de piedras que hace las delicias de los peques que ven cómo , por una vez, no se pringan de arena.


Tirando piedras al mar.


¡Cuidado con darle a algún barco!.


Corred, que vienen las olas.


Tirando piedras.



A modo de tobogán.


¡Cómo cansa esta playa!


¡A dormir!


Construcciones de piedras.



¿Dónde estará esa  piedrecita que tenía antes?



Antes de marchar firmamos en el libro de registro.



Nos costará lo suyo reunir tanta piedra blanca para destacar los nombres.


Detalle del suelo que pisamos.


Dejamos atrás el FP y nos encaminamos a Porto, donde queremos coger un barco para visitar la Reserva Natural de Scandola (al fondo de la imagen, las rocas de color rojizo).
Vista de la Plage de Bussaghia desde las alturas.



Scandola.



Porto desde lo alto del acantilado, justo después de "comerme" literalmente un zarzal y dejarme los brazos bien señalados...


Dejamos el coche en Porto y vamos a preguntar los horarios de los barcos. Nos informan que hoy no salen por el mal estado de la mar, que con el viento está bastante revuelta.
Reservamos para mañana (eso nos obliga a usar el día de comodín que ganábamos con el cambio de planes del primer día).


Cactus.



Decidimos turistear un rato por el pequeño y concurrido Porto.



Pagando el módico precio de la entrada, nos vamos a subir a la torre genovesa.



Los peques duermen plácidamente, cada uno con cada cual.


Panorámica del puerto y la playa de Porto.


Barcos anclados en el puerto, hoy no zarpa nadie.



Torre genovesa. 
Se puede visitar su interior e incluso ascender a la parte alta.


Escaleras.


Estar durmiendo es mejor...


... que estar dormido.


 Acabamos de visitar Porto y ya va siendo hora de comer, así que nos paramos en la carretera de Piana en una zona sombreada y damos buena cuenta de la comida de hoy que termina con melón corso de postre.


 Aprovechando el rato libre, nos ponemos a escribir las postales que enviaremos en breve.
Irene insiste en hacer un dibujo en cada una de ellas. 


Comidos y servidos avanzamos hasta el aparcamiento de las Calanche de Piana, en la zona de Tete du Chien (cabeza de perro), curiosamente solitario a estas horas.


Preparados para caminar un rato.


Nos decidimos por el recorrido de Chateau Fort que desciende hacia la costa.


Trepando a esta roca para luego deslizarse como si fuera un tobogán.


Cueva.


No te entretengas que estos dos se escapan.


Curiosas formaciones.


Espectaculares rocas que surgen del suelo como huesos rompiendo la piel.


Los peques están de lo más andarines y se atreven con toda la ruta.


Salto.


¡¡Salto!!.


Dejamos atrás la zona boscosa y empezamos a tener vistas hacia las Calanche de Piana.


Playa de Bussaghia desde el otro lado del Golfo de Porto.


Seguimos avanzando por terreno incómodo.


Los peques sorprenden a quienes se cruzan con ellos.


Vamos llegando al final y se impone la prudencia, así que los dos a la mochila, que hay demasiados acantilados por aquí.
Mañana visitaremos la Scandola que se ve desde aquí.


Visitaremos también el pueblo más difícil de acceder, la Girolata, que se esconde tras los acantilados.


Hito frente al abismo.


La mole del Chateau Fort se yergue frente a nosotros.


Otra foto familiar aprovechando mejor luz hacia este lado.


De vuelta, Irene me pide sacar una foto de este árbol.


Papi, ¿nos hacemos una foto?


A ver quien encuentra el elefante.


De nuevo en la carretera, seguimos hacia Piana.


El corazón que a Piana va, nunca volverá...


La animada carretera se llena de bullicio cuando se cruzan vehículos grandes.


Croquis de la ruta sobre la ortofoto de lo que visitamos hoy.


Llegamos a Piana con ganas de tomar algo.


¿Qué mejor que un helado?.


¿Mandarina?


Marshmallow??


¿O el tradicional pistacho de toda la vida?


Tras el refrigerio, un poco de turisteo por el tranquilo, acogedor y auténtico pueblo de Piana.


Por aquí, al menos esta tarde, poco turista.


Casas.


Invitación al descanso, la charla, el juego y/o la tertulia.


Escalera.


Zuecos.


Típico pueblo mediterráneo.


Nos haremos amigos de este gato por un rato, pero pronto nos tocará seguir camino.


La torre del campanario nos indica que se empieza a hacer tarde.


Dejamos Piana para seguir hacia la última parada de la etapa de hoy, que ha tenido poco recorrido en kilómetros y lo agradecemos todos.


Vamos a ir por la carretera de Marine de Ficajola hacia la cala del mismo nombre. 
Para ello hay que seguir durante unos kilómetros la serpenteante carretera que en algún tramo tiene un desnivel máximo de 14%.


No nos cruzamos con nadie, eso se agradece. 
Alcanzamos el amplio aparcamiento cuando todavía muchos siguen en la arena. 


Decidimos ir a visitar la cala, pero pernoctaremos en el aparcamiento.
En un principio se nos ocurrió la posibilidad de hacer noche en la tienda de campaña en la misma playa, pero la temperatura ha bajado y nos echa para atrás la posibilidad de que los sacos se llenen de arena.


Descenso primero por asfalto.


Luego por sendero adoquinado.


Sorteando piedras.


Una gárgola de piedra vigila la cala.


Cala de Ficajola desde las alturas.


En la misma playa hay algunas edificaciones y parece que vive gente en ellas.


Cala prácticamente solitaria a estas horas.


Contraluz.


La primera parte de la cala es de arena, pero la zona más alejada del sendero es de piedras.


La zona intermedia está bellamente decorada por unas formaciones rocosas.


Manos en la roca.


Irene, nuestra fotógrafa.


Buena imagen,¿no os parece?


Piedras.


Papi, he metido muchas piedras pequeñas en el bolsillo de la camisa, pero estas no me caben.
¿Las llevas tú?


En las rocas.


La playa esconde un par de hendiduras misteriosas.


Mejor no adentrarse mucho que la cueva es la parte final de un barranco vertical por el que han caído grandes rocas que se encuentran encajonadas en mitad de pared.


El bello atardecer en la Ficajola.


Subidos a la roca.
Como venga una ola más fuerte...


Nos vamos de allí con ganas de repetir visita.


Un último vistazo antes de recogernos.


El mejor modo de organizar el coche para dormir es ponerles la cena a este par.
¿Qué se estarán contado?


Mientras ellos terminan, dejamos el asunto listo.
Otros vehículos han elegido el mismo lugar para la pernocta; entre ellos una furgoneta blanca de unos chicos de Vitoria con un perro a los que conoceremos la siguiente noche.
Un saludo desde aquí a la pareja de la 3131.


Croquis de la ruta de hoy, poco coche pero muchas actividades.
Mañana nos espera el mar.