16 de març de 2015

Huskys, muñecos y trineos

Segunda jornada completa en Santa Claus Holiday Village.
El día comienza ajetreado, ya que me tengo que desplazar hasta la farmacia más cercana en busca de algo para remediar el incipiente estado febril de la pequeña de la casa. 
Para desplazarse, lo mejor es el bus número 8 que pasa periódicamente por la zona y que me deja cerca de la entrada de Rovaniemi. Unos 3 euros el trayecto.


Para no esperar al siguiente bus, que vete a saber lo que iba a tardar, me puse en marcha por el sendero que discurre paralelo a la carretera 75 que sale de la ciudad hacia el este.


Se trata de un sendero preparado para caminantes y ciclistas.


Que cruza ríos helados donde la gente se para a pescar bajo el hielo.


 Tras un rato de paseo, llego a la primera indicación de lo que me queda para llegar a destino.


 No todo es camino, también encuentro un atajo por el bosque nevado siguiendo marcas de motos de nieve.


El terreno que piso promete...


Finalmente llego a destino en el Círculo Polar.


Llego a tiempo para una buena ducha mientras la peque se toma su jarabe.
Un rato después, estamos listos para empezar la aventura del día: vamos en busca de los perros de Santa Claus.


Ojo a la pala de nieve que tenemos en el porche. Quizás más tarde nos pueda ser de utilidad...


Suelo helado a pesar de ser casi mediodía.


La máquina quitanieves acaba de pasar y ha convertido el hielo en sorbete de nieve que facilita mucho el paso.

 

Visitamos de nuevo a los renos al pasar por delante de su casa.


Mono-cuerno.


Pero seguimos adelante a buen ritmo.


A veces en brazos de mami.


Y a veces cargando en brazos bloques de nieve del tamaño de un balón reglamentario.

 

Nos estamos acercando al Husky-Park, donde conoceremos a los perros de Papa Nöel.


Entrada.
 

¿Me llevas a caballito?


El cartel de entrada al recinto.
Allí mismo te advierten de que tengas cuidado y vigiles de no meter la mano en las verjas.


 Ojos de lobo.


Curioso es saber qué distancia te separa de allí donde vienes.


¿Alguien viene del centro de la Tierra?


Mientras Irene se muestra respetuosa con los perros de Santa...


Iván se lanza a probar el quad del gordito de rojo.
Menos mal que no atinó con las llaves, porque estaban puestas...


 En una de las zonas valladas estaba una perra recién parida de quien Iván se enamoró.


Los cachorros, demasiado pequeños para tocarlos, estaban descansando todos juntos en una casita cerca de su mamá.

 

La siguiente zona vallada era donde estaban los ejemplares jóvenes, muy juguetones.


Menuda jauría.


Observando sus perrerías.


Cuidado con las manitas...


Irene no se acerca demasiado e incluso riñe a Iván cuando éste se acerca.


Haciendo amistades.


Chupando el hielo.


Los ejemplares adultos esperan en reposo a que alguien se anime a probar el ajetreado viaje en su trineo.


Iván no quiere montar y prefiere quedarse con mami a buen recaudo, así que Irene y yo nos montamos en el trineo y estamos listos para el paseo.


Despidiéndonos de la familia.


Nos vamos de viaje por un recorrido de unos 2 km aproximadamente que nos llevará entre 5 y 10 minutos.


Caras de velocidad.


Un video-degustación de lo que es ir en un trineo de perros.
                                                                                                                                                                      
                   
             
Disfruté más de esta actividad que la del trineo de renos, mucho más pausado; pero ambas tienen su encanto.


De vuelta al punto de partida.


Sentados en el trineo.


Reposo bien merecido tras la carrera.


Ancla de nieve.


De vuelta al punto de inicio de la visita.


Sentado en la nieve no hace frío.


Es hora de comer y regresamos al bungalow no sin antes ver cómo trabajan las quitanieves.
Como no te apartes, te atropellan, que allí el conductor no miraba.


Es hora de comer y nada mejor que una buenas albóndigas de reno.


Por la tarde, gentileza de la oficina de Europcar del aeropuerto de Rovaniemi, se desplazan para traerme el coche de alquiler a la puerta del hotel. Un detallazo que me ahorra otro paseo de varios kilómetros a pie.
¡¡¡Ya estamos motorizados!!!


Por la tarde, salida express para hacer un muñeco de nieve, tema pendiente todavía.
Al salir, los trabajadores del hotel nos prestan un par de trineos.


Con ellos es más fácil dirigir la expedición.



Llegando a la zona donde la nieve puede ser más sencilla de trabajar.


Posado de trineos con los bungalows al fondo..


¿De dónde vienes con esa bola?


Modelando el cuerpo del muñeco.


¿Ves como la pala nos iba a servir?


Avanzando trabajo.


Modelando.


Ultimando detalles.
Estábamos tan despistados que no vimos a Papa Nöel pasar muy cerca de nuestra posición, si no le podíamos haber llamado para que se fotografiase con nosotros.


Vistiendo y decorando.


Foto de grupo.


Todo muñeco DEBE  tener bebit@...


Allí les dejamos y se mantuvieron en pie hasta que nos marchamos unos días después.


Las últimas luces del día nos permiten disfrutar del parque de nieve.


Este balancín no se mueve...


En los columpios la cosa cambia.


Los dos columpiándose.


El tobogán acaba bruscamente en la nieve cada vez que nos lanzamos.


Los dos a la vez.


De vuelta al columpio.
¡Menudo trajín!.


Es hora de recoger, así que nos montamos de nuevo en los trineos.


El sol se va despidiendo...


y nosotros también.


Esa noche también me permití una escapada nocturna por el recinto, pero como no había tampoco actividad nocturna en el cielo y había que madrugar al día siguiente, me recogí pronto en casita.
... See you tomorrow!!!!