15 de març de 2015

Mi primera aurora boreal: ¿Regalo de cumpleaños?

Es algo más de medianoche, es mi cumpleaños. No tengo sueño y decido salir a despejar un poco la cabeza después de la ajetreada jornada para llegar hasta aquí. Necesito salir a tomar el aire y pasear un rato(a -5ºC sienta genial y despeja la mente de todo estress).
Me encuentro el suelo helado, totalmente helado. Lo curioso es el hecho de que no me resbalo, ni tampoco veremos a nadie resbalar en las jornadas que estaremos por aquí. Supongo que es la actitud, con menos tendencia al payaseo con el tema del frío que en latitudes menos boreales.
Me acerco a la puerta principal de la recepción del hotel. todavía está en la puerta la furgoneta con la que hemos llegado hace un rato.


Decido darme un paseo calmado por el recinto de Santa Claus visitando en primer lugar la oficina principal de correo. Aquí llegan cada año miles de cartas de todo el mundo dirigidas a Papa Nöel. A estas horas está cerrada, pero mañana la visitaremos con calma.


Sigo adelante siguiendo la línea imaginaria que marca el límite del Círculo Polar Ártico. De día no es más que un cable, pero de noche se ilumina y llega hasta la Plaza Central del recinto. Esta plaza me traslada a la infancia, a la Navidad de dicha infancia; la de la ilusión. Los árboles están decorados con luces y bolas y suena de fondo en los altavoces un villancico (por cierto, los soporto cada vez menos), pero me emociono. Será que me hago mayor...
Es curiosa la atracción que ejercerá en mí este tranquilo lugar durante los próximos días, ya que lo he visitado cada noche, cuando ya no hay nadie, con el frío del invierno en la cara para recuperar por unos instantes esa ilusión. Echaré de menos este lugar cuando regrese a casa.


"Tinc un arbre de Nadal
plè de boles de colors.
Si li penjo caramels 
serà el més bonic de tots.
El meu arbre està content
perquè jo el cuido molt bé.
Cada dia el rego molt
i li canto una cançó.
Quan s'acabi Nadal
plantarem l'avet al bosc,
i allà serà feliç 
amb la pluja i amb el sol."


Dos enormes muñecos custodian la entrada a la Oficina de Santa Claus.


Un buen rato después, con la emoción liberada y sintiéndome a gusto, regreso al calor del hogar, pero...


... antes de llegar al interior de la habitación, echo un vistazo al cielo y me parece ver algo...


Efectivamente, una aurora boreal nos da la bienvenida a Laponia dejándose ver. 
El cielo nocturno se ilumina con unos destellos caprichosos que me cargan las pilas en un momento.


Me pongo a tirar fotos con los parámetros aprendidos antes de venir y voy viendo como cada vez las imágenes son más claras en mi cámara. Lo que veo en el cielo es bonito, pero lo que capto con el objetivo lo es aún más.


Consigo retratarme con mi aurora de cumpleaños.


Luces del norte tintineando a mis espaldas.



El asunto se va animando y corro por la nieve en busca de Carmina, que duerme plácidamente desde hace un rato. La despierto y nos desplazamos unos 100 metros lejos de la iluminación artificial de los bungalows. La aurora borealis es la magia hecha luz y consigo compartirla con ella.


Tal como ha llegado se va y pronto no será más que el recuerdo de un sueño, que espero poder volver a disfrutar. Ha durado unos 45 minutos desde la primera luz que me pareció podía ser algo hasta el desvanecimiento total. Un regalo en las primeras horas de la madrugada.


Una vez en el bungalow, consulto la página de referencia de auroras boreales en Europa  y compruebo la suerte que he tenido, ya que el nivel de posibilidad de avistamiento está al límite del lugar donde nos encontramos.


Me acuesto feliz y esperando con tranquilidad las siguientes noches sabedor de que lo más difícil ya lo hemos conseguido. 
Mañana conoceremos a Santa Claus.

2 comentaris:

igertu ha dit...

Buena captura, es un momento mágico!!!! menudo regalazo!

Pobre Carmina con lo agusto que estaba zzzzz jejeje

Petonets txikos

MARC ha dit...

La verdad es que no le costó demasiado, aunque es cierto que fue una faena.
Muxus a vosotros también.