17 de març de 2015

Tajukangas: escalando el hielo lapón

Es martes y hoy vamos a dejar la navideña localización en la que nos encontramos para hacer un poco de ejercicio. Para ello nos desplazaremos desde Rovaniemi hasta la zona de Pyhätunturi, muy cercana al Parque de Pyhä-Luosto siguiendo la E75 hacia el noreste.



Cogemos el coche tras haber desayunado y ponemos rumbo a Pyhätunturi, donde nos espera el guía de Bliss Adventure con quien hemos quedado a las 11 h en el hall del hotel de la estación de ski.



La tropa preparada para la excursión.



Las carreteras son rectas, ¿Para qué curvarlas si la distancia más corta es la línea recta?


Cuando pasamos entre montañas, se ve que el hielo se forma en la misma carretera. Esto promete...



Tras muchos kilómetros, nos desviamos en dirección a Luosto y nos recibe una carretera totalmente helada que supone un nuevo desafío para la conducción. La verdad es que recorrer estas carreteras de hielo a 100 km/h sin un patinazo ni culetazo del coche es una gozada.



Unos minutos antes de la hora acordada llegamos a nuestro destino.



Mapa de la estación de ski que, situada bajo modestas cumbres, alberga hoy una competición internacional de descenso en ski.



En la recepción nos encontramos con Mike que nos hace descender a los sótanos del hotel para conducirnos hasta una habitación de material donde me equipa totalmente para la actividad de escalada en hielo que hemos venido a disfrutar.



Calzadas las botas y con el material necesario en la mochila, salimos del hotel en dirección hacia la zona de Tajukangas, muy cercana al hotel.

Charlando de escaladas en hielo, inviernos calurosos, Pirineos, Alpes e Himalayas; se nos pasa el rato rápidamente mientras vamos cruzando pistas con cuidado de no ser arrollados.



Nos quedan pocos metros para llegar al sitio de la escalada.



Tajukangas: se trata de una zona PRIVADA donde está prohibido escalar sin el permiso de sus dueños, que curiosamente es la empresa de guías que he contratado.  La cascada tendrá unos 30 metros de altura y está preparada con cuerdas estáticas que permiten la escalada en top-rope de un buen puñado de vías de diferente dificultad.


Mike se encarga de calzarme los crampones. Es tarea del guía asegurarse de que el cliente va a estar seguro del todo y le dejo hacer su trabajo pese a que es conocedor de mi experiencia en montaña, que la hemos estado comentando de camino a la cascada.



A pie de catarata, una zona segura con una hoguera en marcha proporcionará lumbre y calor a quienes no estén escalando.


Últimos preparativos antes de meternos en faena.


Hielo blando nos espera para ser pinchado.


Un vistazo al muro antes de darle caña.



Los ánimos de los míos dan fuerzas para comenzar.

En primer lugar, un pequeño test para ver cómo me desenvuelvo en el medio.


Comenzamos con unos piolets de escalada en hielo bastante ligeros de la Simond.


Con ellos afrontaré la primera parte del mini-curso en exclusiva con Mike.


Dándole a la vía poniendo en práctica los consejos recibidos.



Posando.


Escalando.


Cada vez más hielo a mis espaldas.


Llegando arriba.


Desde la parte alta de la catarata, un vistazo a la zona de descanso.



Una vez abajo, Mike me va proponiendo cosas para hacer y practicar.


Mientras tanto, Iván se sigue buscando un buen sitio para ver a papá escalar.



Aspecto de la cortina de hielo de Tajukangas.


Zona segura donde no caen cascotes de hielo desde arriba.



Jugando en la nieve.


Siguiendo los consejos del guía.

El primer reto que me propone es coger el piolet de aluminio que les ha dejado Mike a los peques para jugar un rato. Con ese único piolet, trataremos de ascender en top-rope una de las vías.


Le hago descender tras escuchar sus consejos.


Irene emulando a papá con su piolet de aluminio.



Iván haciendo lo propio.



Entre que el piolet de aluminio cuesta de clavar y que me fatigo de escalar con un solo piolet, el reto se pone difícil.


Atacando con un solo piolet la Tajukangas.



La técnica la voy pillando a medida que subo. Es mejor buscar apoyos digitales que golpear constantemente el hielo en busca de agarre.


Abajo van dando buena cuenta de las viandas y el zumo caliente del termo.


Además de disfrutar del calor de la leña ardiendo


Yo a lo mío, con un par consigo subir hasta arriba con un solo piolet como arma.


Saludando desde las alturas.


Descendiendo.


Tras el esfuerzo es obligada una parada para coger fuerzas.

Es turno ahora de la zona más estética de la catarata que afrontaré con el par de piolets más técnicos que ha traído Mike, unos Ergo de la Petzl; más pesados pero muy fáciles de dominar.


Gancheando a gusto.


Qué bien se sube con estos piolets, casi sin esfuerzo.


Posando de nuevo.


En la parte alta la cosa se pone seria.


Con buenas armas se supera todo.


Llegando a la parte alta.


Reto superado.


A todo esto, Irene se ha hecho dueña del piolet de aluminio.


Y se dedica a cavar zanjas en la nieve.


Papi sigue merendándose una a una las vías propuestas por Mike.


No soltaré los Ergo hasta el final.


Disfrutando del último hielo de este invierno, al menos del de escalar.


Escalando lo estoy pasando en grande.


Mientras los peques están disfrutando de la nieve un montón.


- Yo soy el papi
-¡No!, yo soy el papi
Les escucho decir mientras escalo.


Al final los dos se reparten los papeles y siguen jugando.


La última escalada la pienso disfrutar a tope.


Últimos metros.


Descendiendo muy a mi pesar de la cascada de Tajukangas.


Han sido unas tres horas seguidas de actividad , de 12 a 15 p.m. 
Es hora de descansar y volver a casa.


Con Carmina, que este año no podía escalar, pero que ya ha reservado su turno para el año que viene.


Foto finish de la jornada.


De regreso volvemos a atravesar las pistas de ski y el cansancio de apodera de más de uno...



Nos despedimos de Mike a la puerta del hotel tras devolverle el material y nos ponemos rumbo al hotel.


Irene contenta con el cordino que le acaba de regalar Mike.


Nos esperan las carreteras nevadas, que prefiero recorrer de día, al menos por ahora.


Un último vistazo a las montañas.


Para regresar a casa deberemos atravesar ríos helados.


También llanuras nevadas.


Y, por último, adentrarnos en terreno de renos salvajes.


Aunque todo ello lo superaremos sin problemas y llegaremos al hotel a tiempo para disfrutar de una sauna reconfortante.