14 de març de 2015

Viajando hacia el norte: destino Rovaniemi

Hoy iniciamos nuestras mini-vacaciones de invierno (este año el trabajo ha permitido hacer un descanso de unos días que aprovecharemos para desplazarnos hacia el norte en busca del frío que ya nos ha abandonado en nuestras latitudes.



Nos espera un largo día que comienza con el coche cargado de maletas (lo justo para pasar 4 días en Laponia sin necesidad de facturar maletas que luego vayan a perder... lo decimos por DEMASIADA experiencia).
Nos desplazamos desde casa hasta el aeropuerto del Prat en BCN y aparcamos el coche en el parking de LLARGA ESTÀNCIA. Hemos aprovechado una oferta en internet que nos permite ahorrar un 70% del precio original reservando online. Desde el parking, un servicio de minibus nos acerca a la terminal donde, tras el "circo" del control de seguridad, nos ponemos a deambular por las tiendas del Duty-free. Irene ya viajó hace unos años en avión, pero para Iván será al primera vez y está alucinando de tanto avión junto.



Esperamos la salida del vuelo BCN-HELSINKI de cuatro horas de duración. Es el primero de los dos vuelos que cogeremos hoy para llegar a nuestro destino final en Rovaniemi, en la Laponia Finlandesa. Viaje agradable con Iván mirando por la ventana durante buena parte del vuelo.


De vez en cuando Irene también se asomaba al espectáculo que se ve desde el aire.


Sobrevolando los Alpes no tardamos en localizar el Montblanc y adivinamos la ruta de los Cuatromiles desde la Aiguille du Midi.


Nos queda un buen rato, así que me echo una siestecilla.




Los peques se entretienen con un libro de animales.


Disfrutando del zumo que nos sirve la tripulación.
¡Parece el vino del avi!


Un ratito de dibujos animados para amenizar la parte final del vuelo, que empieza a hacerse pesado.


Puntuales llegamos a Helsinki, con tiempo más que suficiente para conocer la terminal de cabo a rabo. Comeremos algo y nos buscaremos un lugar donde pasar las horas de espera.


Encontramos un rincón apartado donde jugar un rato y acabar un puzzle que hemos traído para la ocasión.


Harto de gente y bullicio, me doy un paseo por la terminal en busca de un baño que no esté encharcado para poder orinar a gusto y, mira por donde, localizo dos estancias (casi en el otro extremo del edificio y bastante escondidas): una biblioteca y una sala de juegos infantil.
Allí nos trasladamos sin dudar ni un momento.


Existe un número limitado de juguetes, pero será suficiente. Además dispone de baño infantil, microondas, mesas y un grifo, aparte de un banco de madera para sentarse.
Es bueno conocerlo porque puede ser un buen refugio para las familias con niños.


Pasan las horas y el hambre empieza a apretar, así que hacemos una merienda-cena a base de fideos. Hay que tener en cuenta que Finlandia es un país caro, así que como no tenemos intención de reparar en los gastos que tenemos pensados de ocio y turismo, vamos a ahorrar en comidas. ¿Cómo?. Es fácil: cargamos las maletas con mucha comida deshidratada (de la de monte y camping-gas) con la que, como mínimo, vamos a solucionar las cenas. Puesto que el buffet del desayuno puede ofrecernos la posibilidad de hacer un buen avituallamiento de cara a la comida del mediodía, el gasto en comida puede ser casi nulo.



La biblioteca: coge el libro que quieras y deja el que te sobre, que otro viajero lo leerá y quizás se lo lleve dejando otro libro tras de sí.



Los peques ya no saben qué más trepar-saltar-subir-bajar-escalar. 
Esta espera se está alargando demasiado.



El sol comienza a despedirse iluminando los aviones que se preparan en pista para recibir pasajeros.


Son las 20:30 cuando finalmente embarcamos en el avión tras más de 15 minutos dentro del bus que te acerca a pie de avión. Irene está del nervio e Iván se duerme por momentos en brazos de mami. Sólo necesitamos un pequeño empujón y estaremos dentro.
Destino: ROVANIEMI.



Una vez dentro del avión, los peques recuperan ánimos y parece que vamos a llegar despiertos.



Menudos ojillos de cansancio.


No son todavía las 22 horas (teniendo en cuenta la diferencia de una hora respecto a Barcelona) cuando llegamos a Rovaniemi. Estamos cansados, pero la visión del primer Papa Nöel a pie de pista y de la nieve nos pone las pilas a los cuatro. Hace fresquito (-2ºC), ¡qué bien!.


En la zona de salida del aeropuerto nos espera el personal del hotel que nos ha brindado la posibilidad de ser recogidos en la terminal sin coste adicional.



Sólo tenemos que esperar a otro grupo y ya nos llevan, por fin, al destino; pero...
¡Mira, Papa Nöel!


Efectivamente, Santa Claus está en todas partes y el ambiente huele a Navidad.
Una Navidad fuera de época que sienta muy bien (os lo dice alguien que no es precisamente fan de las fiestas navideñas).


En unos minutos estamos metidos dentro del furgón del hotel (Santa Claus Holiday Village) y nos llevan a nuestro bungalow en mitad de la noche lapona.


La habitación es amplia y dispone de baño con sauna, una pequeña cocina y camas para todos.



Detalle de las lámparas del techo.


Una buena ducha después de la sauna me repone del cansancio.



Los peques han claudicado a pesar del entusiasmo de ver la nieve.


Mañana nos espera Santa Claus y hay que ir a verle bien dormidos...


Hasta mañana pequeñines.