24 d’agost de 2015

CUEVA DE LOS OSOS DE TELLA

De nuevo ha vuelto el sol al Pirineo. hemos pasado las últimas jornadas más o menos recluidos por la lluvia y evitando el monte, pero para hoy tenemos una actividad logísticamente "entretenida"... ya voy contando. Nos desplazaremos de nuevo a Tella, donde nos esperan para guiarnos hasta la Cueva del Oso Cavernario.


Vemos el sol superando las nubes a medida que nos acercamos al pueblo.


En Tella: la ruta de las ermitas, del otro día y la Cueva del Oso, para hoy.


Un vistazo al Tozal de las Cazcarras y a Peña Villa.


El otro día ya nos fotografiamos con los osos en el museo, así que hoy...


... nos deleitamos con el vídeo explicativo de la historia de la cueva.


Tenemos hora en el primer turno de la mañana para la visita, pero...


...Isaac no tiene permitida la entrada al ser menor de tres años.


Así que decidimos hacer turnos para entrar en el agujero.


Hoy ha tocado desayunar en el coche para no perder tiempo en el camping.


Nos encontramos con el guía, Javi, en el centro de interpretación y desde allí la caravana de coches salimos hacia la pista forestal cercana al dólmen de Tella y que nos acerca a un aparcamiento un poco más arriba en una zona restringida al tráfico.


Desde el aparcamiento un vistazo al Castillo...
- ¡¡De Arena!! - me responde Iván.


Castillo Mayor y Escuaín.


En el primer turno salimos Iván y yo.


Un sendero de montaña de apenas 15 minutos a ritmo suave nos adentra en el macizo.


¡Qué ilusión compartir ruta con mi ayudante!


Unos metros más arriba nos hacen dejar las mochilas, cámaras (???), y demás; para darnos un casco con luz.


Vistas al Puntón de las Brujas y a Peña Montañesa desde la caseta del material.


Todavía hay que subir unos últimos metros hasta la entrada de la cueva.


En la puerta de entrada nos dan las explicaciones pertinentes acerca de la cueva, su historia y sus normas.


Después de atravesar la puerta de metal con candado a prueba de gamberros que nos abre el guía, nos adentramos en el reino de la oscuridad que no es tanta dada la iluminación interior de la cueva.


Iván se acostumbra a la luz interior poco a poco.


Pero las explicaciones del guía acerca de las distintas formaciones de la cueva (estalactitas, estalagmitas, coladas, banderas y columnas)  le aburren soberanamente y se queja un poco. Eso sí, era el más atento cuando nos han mostrado unos huesos fosilizados de oso cavernario que incluso hemos podido tocar.


Columna a contraluz.


La excursión viene a durar una hora más o menos, con las explicaciones incluidas y la visita a la zona superior de la cueva donde se encuentra el yacimiento.


Pasado ese tiempo, regresamos por donde hemos venido y salimos al exterior.


Mientras el grupo se entretiene comentando la visita a la cueva, nos lanzamos a correr monte abajo para dar el testigo a las chicas y hacernos cargo de Isaac. 
Hemos constatado que no era lugar para él.


Las chicas suben por donde nosotros hemos bajado y de nuevo les reparten cascos.


En la puerta de entrada preparadas para entrar.


Explicaciones técnicas de nuestro guía.


Ellas han entrado y han podido sacar alguna foto más para complementar lo que nosotros hemos fotografiado. En esta imagen, escalones descendentes al inicio del primer túnel.


Bocas iluminadas.


Espeleólogos por un día.


Luces y sombras.


Irene junto a una colada en la pared.


Estalactitas.


Mis princesas en la cueva.


La más valiente que ha superado su miedo inicial de la mano de su mami.


Por esta resbaladiza escalera metálica se accede a la parte superior de la cueva.


Donde se encuentra el yacimiento.


¿Se esconde algo en la penumbra?


No nos quedaremos a averiguarlo, es hora de salir.


Felices de volver a la luz del día, algo que nos sucede a todos a pesar de haber disfrutado la incursión en las entrañas de la tierra.


Més feliç que un ginjol, com diem aquí.


Bajada a trote en busca de los chicos.


Que esperamos en el coche desde hace un buen rato la llegada de las niñas.


Detalle de los pantalones de Irene, algo llenos de barro; nada que ver con los de papá que han acabado más que sucios, tanto como los de mamá.


En definitiva, una actividad que, bien planificada, hemos podido disfrutar en familia aunque haya sido por turnos. Muy recomendable para dedicarle una mañana, sobretodo con los peques.

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Puesto que la iluminación no era la mejor en la cueva y tampoco teníamos tiempo para poder recrearnos en el arte fotográfico, las imágenes del interior de la cueva dejan un poco pobre el reportaje, así que me he atrevido a ilustrar un poco más esta entrada con las siguientes fotos encontradas en internet del fotógrafo JAUME MAS y que muestran una cueva bien iluminada y con los detalles que me hubiese gustado poder tener tiempo para retratar. Si comparáis las imágenes veréis que algunas son sacadas prácticamente desde el mismo punto que las nuestras, pero con tiempo y buena iluminación.