26 d’agost de 2015

GRAN BACHIMALA: AVENTURA NOCTURNA EN VIADÓS

En un arranque de aventura  me voy a lanzar a por el siguiente reto de los Reyes del Pirineo. Esta vez el elegido será el Gran Bachimala o Pico Schrader, que con sus 3177 metros da  su máxima altura a este sector del Pirineo
La tarde está cayendo cuando salgo del camping hacia el P.N. Posets-Maladeta. Mi objetivo es alcanzar el parking del refugio de Biadós antes de que anochezca. Son casi las 21 h cuando me meto en la tortuosa pista que alcanza el citado punto.
La pista la transitan muchos vehículos y no en todas partes está bien. Hay que ir con cuidado según el coche que llevemos.


Llegó al parking, semivacío, cuando las últimas luces del día dejan aparecer las primeras estrellas.
Me acostaré temprano tras preparar la mochila, ya que voy a poner el despertador MUY temprano para atacar la montaña aprovechando la soledad de la noche.


Me duermo rápidamente en el coche y me despierto justo antes de que suene el despertador. Son las 2 de la madrugada y me espera una larga ruta a la luz del frontal. Sobre las 2:30 h me pongo en marcha. No hace frío como para abrigarme más: una térmica y un forro polar bastarán


Señal al inicio de la ruta. Debo llegar al refugio para poder encarar el buen sendero.


No tardo más que uno minutos en localizar el refugio en la oscuridad de la noche.
Me cuesta un poco localizar el punto por donde empezar; éste se encuentra tras el refugio.


Un amplio cartel me saca de la duda.
Si no sucede nada raro, debería alcanzar la cima sobre las 7 a.m. según las indicaciones. Seguro que será algo más tarde, ya que suelen ser tiempos un tanto ajustados.


El sendero se empina en el interior del bosque.


Voy siguiendo estas marcas que coinciden con el itinerario hacia el Refugio de Tabernés.
Más adelante las abandonaremos.


En los primeros minutos, una gran luna (no llena pero casi) ilumina el cielo nocturno, pero pronto veré como desaparece por detrás de los Culfredas y me deja totalmente a merced de las pilas del frontal. En la oscuridad alcanzo a ver por primera vez mi objetivo, todavía lejano.


Dejo atrás el bosque y me adentro en el Mar de Hierba, como yo le denominé en mi mente.


Éste  me acerca a la Cabaña de Sarrau, decorada con pañuelos sucios por doquier.
Una pena.


Seguiré adelante tras picar un poco de lo que llevo.
El sendero es claro la mayoría de las veces.


Me entretengo bastante jugando con la fotografía nocturna mientras Sabre y Schrader me vigilan desde las alturas.


Rastros.


Adivino el collado de la Señal de Biadós.


La punta Sabre.


Y el Bachimala.


Me detengo en numerosas ocasiones para consultar el mapa, pero la más importante hasta el momento es antes de llegar al citado collado, ya que me lío un poco trepando unas rocas que no me llevan a ninguna parte.


Localizo, por fin, este hito que marca el inicio de un sendero descendente que luego ascenderá hasta el cuello.


Sendero hacia la oscuridad.


Paso a paso la hierba deja paso a la piedra.


Antes de llegar al cuello de la Señal de Biadós, deberemos localizar un sendero en medio del pedregal que nos mete de lleno en el Circo de Bachimala ara no perder altura y poder entrarle a montaña por su punto más vulnerable.


En algún punto indeterminado de este largo flanqueo he perdido los hitos que iba siguiendo. El frontal no me permite ver ningún mojón, así que me guío por mi intuición y me lanzo a por una torrentera que escucho unos metros más abajo. Para ello pierdo una cincuentena de metros. El terreno se pone cada vez más salvaje. Me vuelvo a detener y consultando el mapa intuyo en qué parte del circo me encuentro...


... pero pierdo un montón de rato en la zona. Decido esperar un rato a que empiece a clarear el día. Me detengo a desayunar lo que he traído y pronto localizo un hito, que tampoco me conducirá al buen sendero a pesar de que inicialmente me anima encontrarlo.


Tonos malva iluminan el cielo de la Suelza.


La tropa de Monte Perdido.


Cresta del Espadas al Posets.


Sigo la línea lógica que me marca el hito sin encontrar nada. No voy por el buen camino a pesar de que la dirección no es del todo incorrecta. Me decido por atacar esta loma directamente y ver qué hay al otro lado. En estos momentos sí que he perdido un poco mi posición.


A ver quien encuentra una piedra...


Para calmar la rabia de haber perdido el sendero, lo mejor es pararse a contemplar lo que se ve desde donde estoy. Ya sólo por las vistas merece la pena el madrugón.


De repente, sin esperarlo y de camino a la loma antes señalada, me topo con un sendero bien marcado que me da un chute de optimismo.


El pedregal tiene manual de instrucciones en el momento que encuentro este sendero.


Cabras recortando silueta.


Una vez en el buen sendero; no hay pérdida de por dónde seguir.


Punta Suelza y Punta Fulsa.


Olas, Añisclo, Perdido, Cilindro, Marboré, Robiñera, Almunia Gran, Petit Munia y Sierra Morena... un buen puñado de tresmiles


En este rellano antes de la última subida, encuentro numerosas obras de arte de piedra.


La sombra de Bachimala se proyecta sobre las montañas y valles.


Zona de zigzags de camino a la arista.


En unos minutos alcanzo la arista cimera, que si bien es sencilla requiere de toda mi atención.
El reloj marca las 8 a.m. y estoy a punto de coronar a pesar de las dificultades.


Un montón de esquistos apretados... para que quepan más.


En la cresta.


La cima al alcance de la mano.


Cumbre a las 8:30 horas.
Tengo otro Rey bajo las botas.


Cresta hasta Punta Sabre y Posets en segundo plano.


Cotiella.


Cresta de Bachimala.


Dedico unos pocos minutos a saborear la cumbre.
El reto es llegar con tiempo para comer con la tropa y no conviene demorarse mucho.


La cresta tiene sentido descendente de bajada.
Al fondo se adivina el Ibón de Bachimala.


Un vistazo a la caída que hay a la izquierda.


Un vistazo a la caída que hay a la derecha.



De nuevo en terreno cómodo: de día y en bajada imposible perderse.


Si hubiese localizado este sendero al subir...


Antes de subida, me equivoqué por apenas 50 metros, En amarillo marco mi recorrido y en verde el de bajada.


En este punto, de noche, fue donde perdí el sendero. Ahora se ve todo claro.


Seguiré la traza de camino hasta llegar a la Señal de Biadós.


Veo que incluso de día este montañero está siguiendo un camino más bajo que el correcto.


Llegando a la Señal de Biadós, localizo el punto por donde cambiaré de cordal para descender al coche.


Remontando el barranco hasta la marca que señalé esta madrugada.


Ya en terreno herboso, con el Bachimala detrás.


Croquis en amarillo de por dónde he subido (y bajado) esta madrugada. En verde, el camino menos complicado.


Sólo me queda volver a transitar por el sendero herboso y descender todo el valle, con una vistas excelentes hacia el Valle de Chistau.


Apenas me cruzo a gente que hace un rato que ha empezado a subir.


Bachimala y Sabre.


En la cabaña de Sarrau, penúltimo punto desde donde podré ver el Bachimala, que me ha resultado una montaña interesante por la ausencia de gente (también ayuda el horario). Se nota que es una zona menos frecuentada por la ausencia casi absoluta de pañuelos de papel, colillas y demás basuras que adornan nuestros montes.


Croquis de la ruta. En rojo señalo la zona del conflicto.
La ida en azul, unos 50 metros más abajo de donde discurre el sendero más o menos marcado, que en el croquis pinto en verde.


Al final todo ha salido bien y he podido llegar a tiempo al camping para disfrutar de una sesión en el jacuzzi para recuperar.

2 comentaris:

Zieft ha dit...

Ya tiene merito empezar a caminar a esas horas, pero las obligsciones familiares mandan...;)

MARC ha dit...

Efectivamente. Además es un monte bastante monótono al principio y, tal como me dijo Kepa, no era mala idea subir de noche