21 d’agost de 2016

ALGHERO

Noche de ensueño en Is Arutas que termina cuando el sol empieza a trepar por el cielo.


Todos despiertos para ver el amanecer.


Tenemos un rato de camino hasta la zona que visitaremos hoy para comenzar. 
Vamos directos a la basílica de Saccargia, que nos sorprende por lo familiar que nos parece. Es lo que tiene el románico.


Con la iglesia.


Otra perspectiva.


Campanile.


Pozo.


A destacar los motivos faunísticos de los capiteles.


Vacas


Parecidos razonables


Con las vacas.


Una última antes de seguir camino.


Relevo al volante.


Tra un  buen rato de coche nos plantamos en la que está considerada la ciudad más catalana de la isla. Nos vemos un poco en la obligación de detenernos para echar un vistazo. La verdad es que muchas ganas de ver ciudades no hemos traído a este viaje y, habiendo visto Cagliari, nos da pereza; pero una promesa es una promesa y el paladar espera el helado.


Carteles rotulados en catalán.


Vemos muchos símbolos que evocan al catalanismo, aunque nos da la sensación de que han sido puesto ahí más para el turismo que por otra cosa.


El paseo marítimo, grandes avenidas junto al puerto.


Entraremos a visitar el barrio antiguo.


Antiguas fortalezas.


Piratas de caramelo.


El Verro.


Promesas.


One, two, three, four


Armadura


La cara del mar con catapultas


Cañones.


Y garitas sobre la muralla.


Poesía a l'Algher.


En lo alto de la torre.


Mi cabeza ya no da para más, así que decidimos salir del adoquinado y abandonar la ciudad, que pese a lo bella que podría ser está tristemente sucia.


La tarde la tenemos planificada para visitar la Grotta di Nettuno, una de las más célebres cuevas de la isla, pero la encontramos cerrada por el estado de la mar.
¡Qué pena!


No lo pensamos y decidimos subir hacia la zona de Stintino para visitar una de las más concurridas playas de la isla, la de la Pelosa, con su torre enfrente. Mucho viento y oleaje nos reciben.


Isola de la Pelosa e isola Piana desde el capo Falcone.


Damos por terminada la jornada en el aparcamiento de caravanas de la Spiaggia Le Saline, donde se permite la pernocta. Un gustazo no tener que preocuparse del dormir.