14 d’agost de 2016

COSTA SMERALDA

Conocida mundialmente por ser destino turístico de la alta sociedad, la Costa Smeralda nos recibe con un bello amanecer que a las 6:30 a.m. acude puntual a la cita.


Nos encontramos en el aparcamiento de la Punta Capriccioli, un pequeño saliente de tierra con cuatro pequeñas calas, donde hemos pasado la noche en nuestro hotel con ruedas. A esas horas empieza el movimiento y, pese a haber dormido a pie de arena, no seremos los primeros en alcanzar la playa. ¡Ya hay gente que ha madrugado más que nosotros!


Tras echar un vistazo rápido a las cuatro calas mientras nos vamos preparando para salir, nos decidimos por la que he nombrado en la imagen como número 1. Por ser la más cercana y por no tener ninguna embarcación con el ancla echada, cosa que sí sucede con las números 3 y 4, que tienen a esas horas una cincuentena de embarcaciones vigilándolas.


A pesar del madrugón, cuesta encontrar el momento para hacer una foto sin gente.


El mar parece una piscina


Al agua patos, que está calentita.


Aguas de color turquesa...


... tan transparentes que nos permiten usar el último artilugio de nuestra lista de cachivaches playeros. 


Aunque también somos unos clásicos en cuanto a construir castillos de arena. 


Bajo la sombrilla o al sol siempre es bueno cuidar la piel, que tenemos al más blanco de toda la playa en nuestras filas.


La zona rocosa nos permite explorar en busca de lapas, conchas y cangrejos.


Estamos allí unas tres horas más o menos (todo un récord para mí), pero a eso de las 11 a.m. la playa parece un hormiguero y decidimos emprender la marcha. A destacar la locura por ocupar nuestro puesto en la arena. No habíamos quitado la toalla que ya teníamos otra casi encima de nosotros empujando.


Después de un buen rato aseándonos y desmontando el tinglado playero, nos vamos de la costa despidiéndonos de la  multitud de yates que surcan las aguas.


Nos metemos de lleno en la cultura nuraghe, una civilización prehistórica que nos ha cautivado por su singularidad, belleza y buen hacer.


Decidimos visitar las ruinas de Prisgiona (aunque hay nuraghes por toda la isla), que están preparados para la visita con paneles y pasarelas.


Una torre central con varios torreones rodeada por una multitud de viviendas todas de planta circular y con un elevado estado de conservación. Puesto que ninguna tiene techo se supone que la parte alta de las casa debía ser construida con material perecedero. Más adelante podremos ver alguna reconstrucción más o menos fiel de cómo debió ser en realidad una casa nuraghe.


Un poco de teoría también para los más pequeños.


Entrando en la torre,


Grandes losas que presuponen conocimientos técnicos de tecnología y física por parte de esta civilización sin escritura.


Barrio de casas rodeando la torre principal.


Guerrero nuraghe.


Con Isaac que está disfrutando de estas locas vacaciones en nuestro caracol naranja.


Tras la visita a la fortaleza y su ciudad, algo más apartada encontramos la necrópolis o tumba de gigante llamada así por albergar el reposo de todo ciudadano fallecido.


 Se trataba de fosas comunes de ahí lo de gigante no por estar allí enterrado alguien de gran envergadura.


Los peques encantados de entrar y salir de allí. A mí me dio mal rollo entrar por si me empezaban a saludar los espíritus, que uno no tiene ganas de sustos y menos con este calor.


A la salida un gato custodia el puesto de los helados.


La tarde la emplearemos en acercarnos hasta el destino de mañana: Cala Gonone. Allí reservamos para realizar una salida en barco a una de las grutas marinas más famosas de la isla, la Grotta de Bue Marino y un paseo por las playas del Golfo de Orosei.
Advertir que el libero campeggio está prohibido en toda la isla, pese a que según la zona donde vayas los criterios y las normas varían. Lo que sí está claro es que en Cala Gonone las reglas son MUY ESTRICTAS, con hasta 500 euros de multa, así que decidimos no arriesgar y nos metimos en el único camping de la zona donde pudimos plantar legalmente la tienda de campaña por un módico precio.