13 d’agost de 2016

EL NORTE


 Es mediodía de nuestra primera jornada en la isla. Tenemos que decidir cómo meterle mano. El horario de llegada nos lleva a buscar un día con visitas que no nos obliguen ni a madrugar ni a depender de horarios de cierre. Por ello decidimos atacar en primer lugar la zona norte de la isla.
Are you ready?


Salimos del puerto en la zona de Porto Torres, una ciudad costera sin apenas interés más allá de ser puerto principal entre la isla y el continente. Nuestra primera parada, que será fugaz, la haremos en Castelsardo, una pintoresca localidad costera que aparece en todas las guías. El total descontrol circulatorio y la ausencia de aparcamiento nos obligan a casi salir del pueblo antes de poder siquiera detenernos unos minutos para admirar el conjunto. Es muy bonito de ver desde la lejanía, pero no deja de ser un pueblo más dentro del conjunto de la isla. En el interior veremos más adelante un sinfín de pueblos similares que no tienen tanta fama. Es lo que tiene su proximidad con la costa.


Desde allí salimos por una carretera interior hacia Muteddu. ¿Para qué?
Hemos organizado la primera jornada con los peques y hay que buscar alicientes para ellos. ¿Qué mejor que un elefante de piedra?
Llegar allí no es complicado, sólo hay que seguir las indicaciones de la carretera. No es una roca escondida, más bien se ve de lejos dónde está a pesar de que tampoco es muy grande. 


Es bonita de descubrir, ya que no hay que imaginar mucho. La mires por donde la mires, es un elefante, que en tiempos remotos tuvo su función religioso/funeraria.


Es hora de seguir rumbo al norte. Nos sorprendió de buenas a primeras la cantidad de basura que se acumula en la isla. Nada escondido, ¡¡en las calles principales!!. Unos días después comprobamos lo difícil que puede ser encontrar un contenedor, así que las montañas de bolsas se pueden encontrar casi en toda la isla. Una pena. Es la cara B de una isla maravillosamente bella.


En la cara A, llegamos al Capo Testa, uno de los mejores miradores de la cercana isla de Corsica, donde estuvimos hace un par de años en el mismo plan. ¡Qué recuerdos al ver desde este lado los acantilados de la ciudad de Bonifacio!


Después de llenar el buche, cogemos una mochila con agua y algo de picar y nos decidimos a estirar un rato las piernas.


Al final de la carretera, un sendero de tierra nos adentra en el mar de rocas curiosas del Capo.


El mar calmado y la ausencia de viento favorecen la visita a esta zona que en otras condiciones puede ser complicado de disfrutar.


Un buitre nos recibe desde su sueño pétreo.


Yo diría un 9A+ a vista...


Escalando.


Escalando (II)


Corsica desde el Capo Testa.


Curiosas formas en las rocas.


Faro.


Tobogán natural.


Subidos a una tortuga de piedra.


Camino al faro descubrimos un senderillo que desciende hasta el agua en lo que parece una cala tranquila...


...de cristalinas aguas...


...donde los peces nadan a placer.


No hay nadie más que nosotros.
¡Qué diferencia con la zona principal del paseo!


El calor y la cala invitan al baño.


Al que se apuntan los que más han trotado desde que salimos del coche.


¡A nadar se ha dicho!


Un buen rato dspués nos decidimos a regresar dejando la cala en total soledad.


Una última visita en éste nuestro primer día.
La zona elegida: el Capo d'Orso, conocido así por una gigantesca roca en forma de oso que corona el cabo.


Una pena no poder acercarse a la zona ideal para poderlo admirar ya que se encuentra vallada por seguridad. 


No es podible admirar más que la cabeza desde la zona donde se puede llegar tras pagar la entrada. Nos sentimos un poco estafados, dicho sea todo. La responsable de la seguridad nos comentó que las mejores vistas se tienen desde el mar.


Un vistazo al panorama que se observa desde la parte de miradores del Capo d'Orso.


El sol está cayendo y no hemos llegado todavía a ningún lugar concreto para echar el cierre al día.
Estamos metiéndonos en la exclusiva Costa Smeralda, allí donde los VIPS pasan sus vacaciones, allí donde muchas zonas están restringidas. Tras un buen rato dando vueltas nos metemos en el aparcamiento de la Cala Capriccioli, que queremos disfrutar mañana. El aparcamiento es de pago desde las 9 a.m., así que podemos descansar tranquilos, más aún cuando los carabinieri no nos dicen nada viéndonos preparar el coche para pernoctar.


La noche será un poco pesada dada la afluencia de gente al aparcamiento: la policía patrulla cada hora  más o menos, un grupo de gente de fiesta que se pasa por allí a rematar la faena, otro grupete que se sale del coche para autoretratarse, unos pescadores y, como no podía ser de otra manera en este curioso verano: un par de buscadores de Pokemon... en fin, mañana más.